"Mauro abrió los ojos, le pregunté cosas y me respondió moviendo la cabeza"

Berta siente que el milagro está cerca y reveló: “Mi hijo siempre le rezaba al Divino Niño y yo creo que es Él quien lo está ayudando ahora”.

La espera se hace interminable. Los días pasan, el tiempo no se detiene, pero para Berta, corre más lento de lo habitual. En los pasillos del Cepsi, la mamá de Mauro espera ansiosa el día en que pueda llevarse al pequeño a su casa. Él sigue grave, pero el panorama es más que alentador. Aferrada a la fe y la esperanza, Berta jamás bajó los brazos a pesar de que el primer día de internación de Mauro, luego de haber inhalado purpurina, las expectativas de vida eran prácticamente nulas. 

Sin embargo puso la vida de su hijo en manos de su Dios, y hoy Mauro, que no se da por vencido, está demostrándole ser ese niño fuerte que ella siempre soñó que fuera.

“No estoy tranquila porque mi hijo sigue en terapia intensiva, pero tengo la esperanza plena de que Mauro se recuperará. El primer día me dijeron que no iba a salvarse porque su estado era prácticamente irreversible, pero Dios quiso que mi hijo se quedara conmigo, y hoy lo está ayudando a salir adelante”, dice Berta, mientras espera alguna novedad, sentada sobre un colchón que instaló en la sala de espera de terapia intensiva, para no tener que despegarse del niño.

Mauro lleva internado quince días en el Centro Provincial de Salud Infantil Eva Perón. Sumergida en la desesperación, el dolor y la impotencia, Berta optó por pedir por la recuperación de su hijo al Divino Niño Jesús, a San Pantaleón, y a cuantos santos le recomendaban que rezara.

“Estoy segura que la lenta recuperación de Mauro se debe a todas las oraciones, rezos y pedidos que les hice a todos los santos. Y no solamente yo. Se acercó mucha gente para decirme que todos los días rezan para que mi hijo se recupere pronto. Estoy segura que mi fe en Dios es lo que hizo que Mauro hoy siga con vida”, explicó. 

Mientras los días pasan, la mamá del niño recuerda aquellos momentos en los que reinaba la tranquilidad en su casa, y las mascotas de Mauro disfrutaban de su presencia.

“Mauro es un niño encantador. Un poco burlón pero simpático y adorado por todos. Su máxima diversión son sus cuatro perros; le encanta jugar con ellos. Es un niño feliz. Hoy la vida lo golpeó un poco, pero él saldrá de esta situación, y volverá a ser quien era”, lo recuerda.

Y de pronto se le viene a la mente: “A él también le gusta rezar y tal vez eso está ayudando a su recuperación. Cuando iba al Jardín le enseñaron a rezar al Divino Niño Jesús antes del desayuno y el almuerzo, y él siempre lo hace. Quizás hoy el Divino Niño lo está protegiendo por la fuerza de su rezo. Tal vez lo hace como un juego, o porque lo siente... no lo sé... pero jamás dejó de hacerlo”. 

Berta se queda pensativa y luego comenta: “Los días de Mauro son muy tranquilos. Juega con sus mascotas o sino agarra sus cuadernos. Le encanta escribir, realiza oraciones, escribe cuentos, es muy atento conmigo”.

Berta está segura de que el mal sueño terminará, aunque sabe que no será pronto: “Los médicos me dicen que hay que ser pacientes, pero que todo marcha bien”, dice con voz esperanzadora.

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