Según la autopsia, murió por un infarto. Su mujer, de 86, resultó ilesa. Los ladrones se habrían llevado plata
Los delincuentes que ayer a la madrugada se metieron en una casa de 4 entre 68 y 69, sacaron provecho de varias cosas: una puerta mal cerrada; una escalera alta y una pareja de avanzada edad como víctimas que no pudieron ofrecer ninguna resistencia. Todo terminó con los intrusos llevándose dinero y el dueño de la propiedad, de 82 años, muerto. La autopsia determinó que falleció por un pariocardiorespiratorio. Dicho de otro modo, de un infarto, por miedo. Su esposa de 86 años estuvo tirada a su lado durante varias horas, no se sabe con exactitud cuántas, hasta que los encontró la mujer que los cuida. La jubilada no pudo contar demasiado acerca de lo que pasó, “por el shock y su estado de salud previo al hecho”, pero comentó que a su marido “le apretaron el cuello” y que a los asaltantes “les vio guantes”, dijeron distintas fuentes. Ni siquiera se sabe con certeza cuántos fueron, ni qué se llevaron o hacia dónde escaparon. Lo concreto es lo que causaron. TERROR EN LA MADRUGADA A la casa en la que sucedió todo -enclavada en el centro de la manzana- se accede por un pasillo que da a la calle y conduce a un patio interno, que conecta con la edificación. Es como casi todas las de esa zona: de una sola planta y con ambientes amplios y confortables. Cuentan los vecinos que esa cuadra y las que la rodean han sido escenario de varios robos, en su mayoría cometidos por motochorros, y hasta calculan que ningún negocio de las inmediaciones “zafó de los asaltos”. Sin embargo todos coinciden en aclarar que nunca pasó algo como lo que pasó ayer en el chalet ubicado al 1768 y ½ de la calle 4. Ahí descansaban Mercedes Molina (86) y Horacio Quinteros (82), cuando irrumpieron los intrusos. La hora exacta en que ocurrió es casi imposible de determinar puesto que ningún residente de la cuadra dijo haber escuchado el más mínimo ruido. Ni siquiera el perro del vecino ladró. Los forenses calculan que Quinteros llevaba unas seis horas de muerto cuando lo encontraron, cerca de las 8. Esto permite suponer que lo abordaron por lo menos a las 2. Se presume también que actuaron al menos dos sujetos, que habrían ingresado por los fondos. Es que hay ahí una vieja puerta de madera que, por los años y la humedad, no cierra con llave. Las otras dos puertas de ingreso al domicilio, una que da a la calle y la otra de entrada a la edificación, no estaban violentadas. Por eso se cree que los delincuentes saltaron alguna de las paredes linderas de la casa y, una vez dentro del patio interno, entraron a la casa por la desvencijada puerta de madera. Ahí fue cuando encontraron a los jubilados descansando en uno de los cuartos. La secuencia que se desarrolló sólo se puede reconstruir por algunos fragmentos del relato de Mercedes y analizando la escena. Ella contó que los intrusos tomaron del cuello a su marido y que quisieron “ahorcarlo” mientras pedían dinero. Los forenses no encontraron rastros de un ataque semejante, dijeron a este diario, aunque sí algunas marcas en los brazos. Y los ambientes dados vuelta, como si no hubieran dejado rincón sin revolver en busca de plata y objetos de valor. Fuentes oficiales revelaron que se habrían llevado “alrededor de 15 mil pesos y algunas joyas”, aunque esperaban a que la única hija de la pareja (de 48 años y radicada en capital federal) pudiera confirmar qué faltaba y qué dejaron. TIRADOS EN EL PISO A eso de las 8 de la mañana, la mujer que cuida a la pareja llegó al domicilio. Marisol (48) abrió la puerta metálica de la entrada y se topó con algo totalmente inusual: una escalera que cruzaba el pasillo. “Me asusté, no sabía bien qué hacer”, admitió horas después a este diario, mientras apuntaba con su dedo índice al sitio exacto en el que vio la escalera. Sospechando un robo, y temerosa de que los ladrones la descubrieran entrando al domicilio, Marisol llamó a su marido. Después de tranquilizarla, el hombre le aconsejó que buscara la ayuda de algún vecino. Y eso fue lo que hizo Marisol. “Fui a la casa de al lado. El hombre es médico. Llamamos a la policía y después nos metimos en la casa con el hijo (del vecino)”, narró la empleada. Con una patrulla en camino, Marisol y el hijo del vecino se adentraron en la vivienda de los jubilados. El profundo silencio que los envolvió les hizo suponer que no había peligro. No lo había, pero los acechaba una imagen terrible: las dos víctimas estaban tiradas a un costado de la cama, inmóviles. En la casa no había nadie más. “Los vi y fue terrible. Los dos estaban muy golpeados, el hombre ya no respiraba”, agregó Marisol hablando despacio, con la impotencia que le causó esa escena. Al lugar llegaron primero dos patrulleros que revisaron a fondo la propiedad. Certificada la muerte de Quinteros, la cuadra fue cerrada y se llenó de policías y peritos. Los médicos que llegaron en una ambulancia constataron que Mercedes no requería atención especial, le dieron un calmante por el shock y se retiraron. Ayer a la tarde la mujer estaba en su casa, junto a Marisol. “Quedó muy shockeada, pobre. Me contó que los ladrones ahorcaban al marido frente a ella, mientras le pedían plata. Debe haber sido terrible”, contó Marisol. Según sus palabras, todo el episodio profundizó la fragilidad del estado de Mercedes, que se moviliza con un andador. “Se meten estos tipos en la casa y les pegan para robarle ¿Cuanta plata puede llegar a tener un jubilado?, no se puede creer”, cerró, indignada, Marisol.
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