“Martínez Poch tiene rasgos de una personalidad psicopática”

Según los expertos, es imputable. Su relación con las mujeres. Y la “sobrevalorada imagen de sí mismo”
El 19 y el 20 de diciembre, Jorge Cristian Martínez Poch (50) dejó por unas horas su calabozo de la Unidad 9 para someterse a las entrevistas con tres psiquiatras forenses, en la Asesoría Pericial. Cuentan que llegó tranquilo. Tanto, que adoptó una actitud “asimilable a la de quien ofrece una disertación”. Que se mostró como “un interlocutor entretenido y agradable”, al menos hasta que lo confrontaron “con ciertas cosas” que le generaron malestar. Esas entrevistas fueron requeridas por el fiscal de la causa por la que Martínez Poch cumple prisión preventiva por “abuso sexual, corrupción de menores agravada y privación ilegal de la libertad agravada”. Marcelo Romero pidió “una amplia evaluación psiquiátrica del imputado”. Y tres peritos forenses (dos de la Asesoría y el de parte, Daniel Navarro) elevaron su informe. Es lapidario. Concluyeron que el imputado tiene rasgos de personalidad psicopática, resaltando que esto “no conlleva alteración alguna para comprender la realidad”, “manteniéndose la indemnidad de las capacidades psicojurídicas”. imputable Dicho en términos más sencillos, este hombre acusado de retener, golpear y someter sexualmente a su ex pareja -la abogada Vanessa R.- y corromper a sus dos hijas cuando eran menores, comprende la criminalidad de sus actos y es imputable, por lo que debería estar preso. En este informe al que EL DIA tuvo acceso, los peritos consideran que “la imagen de sí mismo que ofrece (Martínez Poch) resulta claramente sobrevalorada si se la contrasta con sus logros obtenidos, sean estos académicos, laborales, personales o afectivos” y es claro su “malestar e irritación cuando se lo confronta con esta contradicción”. En sus conclusiones, los expertos subrayan de manera conjunta que el imputado refiere “una historia vital desprovista de elementos que orienten a pensar en la existencia de enfermedad psiquiátrica previa” y corroboran “la indemnidad de sus funciones psíquicas”. A la hora de describir la personalidad de Martínez Poch, los peritos van al hueso, destacando estos rasgos: “Seducción superficial, autovaloración grandiosa, necesidad de estímulos, tendencia a mentir y engañar, ausencia de remordimiento o culpa, superficialidad afectiva, desconsideración e indiferencia, promiscuidad sexual irresponsabilidad, transferencia de culpa/ responsabilidad y numerosas relaciones de parejas breves, entre otras”. Después de sostener que estos rasgos son prototípicos de las “personalidades psicopáticas”, aclaran que ese diagnóstico no alude a una enfermedad como la psicosis, demencia u otras de “trastorno de ánimo”, sino a “un modo de ser y estar en el mundo”. Para los especialistas, frente a estos cuadros el acceso a psicofármacos “no conllevan a una mejoría conductual” (más bien todo lo contrario), ni “resultan efectivas las intervenciones posicoterapéuticas”, ya que estos rasgos “no generan malestar, cuestionamiento ni inquietud de modificarlos por parte del individuo, sino que son los demás quienes sufren por los mismos”. “Por lo expuesto -cierran los expertos- no existen criterios médicos para indicar la implementación de algún tipo de tratamiento o sugerir una medida de seguridad en institución neuropsiquiátrica intra o extramuros”. En definitiva, debe cumplir su condena en la cárcel. “Emociones intensas” De las entrevistas se desprende que Martínez Poch se describe como “alguien que busca emociones intensas”, como “la conducción de motos a alta velocidad, el consumo social de cocaína o las aventuras amorosas”. Y resalta “la ausencia de dificultad en su relación con las mujeres, pero queda en evidencia que con ello alude a la conquista, no al mantenimiento de una relación estable y satisfactoria”, señala el informe. Hablando de mujeres, “la descripción de los atractivos que (el imputado) encuentra en las mismas se centra en un aspecto cosificado, desvalido, maleable, sobre el cual ejercería un papel ordenador y de autoridad que de algún modo reafirma la imagen de sí mismo que ofrece”. En esas entrevistas Martínez Poch habló de sus estudios -abandonó las carreras de abogacía y veterinaria-; la relación con su familia- mencionó un distanciamiento con su hermano-; las relaciones -hizo hincapié en la que tuvo con la que fue su mujer, quien murió-; y en sus hijos. Con su esposa tuvo las dos chicas que lo denunciaron, pero también otros tres “de relaciones ocasionales y conflictivas”, según sus propias palabras. De la existencia del último -remató- supo hace poco

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