Esta tarde, en el Obispado de Río Gallegos, las cámaras buscaron invariablemente la figura del empresario insignia del Kirchnerismo: Lázaro Baéz; pero el dueño de Austral Construcciones nunca llegó. Quien si estaba allí, pasando casi desapercibido en un rincón de la sala, fue su hijo Martín, que más tarde se esfumó del lugar.
Quien sí estuvo presente en la sala, fue su hijo Martín Báez, titular de Epsur SA y apuntado por la justicia como uno de los actores intervinientes en la creación de empresas off shore, para el posible lavado de dinero.
El joven había adoptado un lugar muy discreto en el interior de la sala, recluyéndose en uno de los pasillos de acceso, sin ocupar algunas de las butacas destinada a los invitados. Silencioso, sin hablar con nadie y sin que nadie se le acercara para saludarlo o conversar, estuvo gran parte del tiempo contestando y enviando mensajes de textos desde su teléfono móvil y se incomodó cuando los flashes de la prensa se disparaban en su dirección.
Al término del discurso de la presidenta, cuando se produjo la desconcentración de los asistentes al evento, Martín se perdió entre las personas que buscaban la salida, mientras otros conversaban en grupos en los accesos a la sala y ya nadie más lo pudo ver. Lógicamente, ningún medio pudo, claro está, obtener ni una palabra de su parte.

Comentá la nota