El arzobispo de Buenos Aires presidió una ceremonia en solidaridad con los excluidos, las víctimas de la trata de personas y las drogas, en la que reiteró la preocupación que manifestó la Iglesia sobre ese flagelo
En la ceremonia, el prelado hizo una reseña del reciente documento en el que la Conferencia Episcopal Argentina expresó su preocupación por el "flagelo" de las drogas y advirtió que si no se toman "medidas urgentes, costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar las mafias" del narcotráfico.
"El avance es una realidad cada vez más grave que hay que parar", subrayó Poli al convocar a una jornada de ayuno y oración para el 7 de diciembre por el "drama" de las drogas.
"Vamos pedir a Dios que mueva y sostenga los corazones y las voluntades de quienes tienen en sus manos la responsabilidad de los recursos de la ley, para frenar la perversa y devastadora fuerza de las drogas", dijo. "El narcotráfico todo lo destruye, por eso quisimos dar la cara y decir que ante este drama no hay que mirar para otro costado", destacó.
"Por donde pasa, la droga deja una estela de muerte. Estará contento el adulto que la consume libremente, allá él, pero es terrible en nuestros niños y nuestros jóvenes. Bien sabemos lo que le cuesta levantarse a una familia cuando un miembro está herido", reflexionó.
Durante la celebración, una joven dio testimonio de su lucha contra las drogas y lo que para ella significaba llevar "una vida sana", tras años de estar "atrapada" por la adicción a los estupefacientes.
Poli estuvo acompañado por los costureros de la asociación La Alameda, los miembros del Movimiento de Trabajadores Excluidos, también conocidos como los "Cartoneros del Papa", y familias que buscan a mujeres víctimas de la trata de personas.
En tanto, la eucaristía fue concelebrada por el obispo auxiliar Vicente Bokalic Iglic, además de una decena de sacerdotes de las parroquias del Decanato La Boca-Barracas, y del Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencias.


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