A días de definirse si ingresa al máximo tribunal mendocino, el ex ministro de Jaque rechaza las críticas y asegura estar capacitado para el cargo. Además, dice estar en contra de la industria del juicio y lanza: “No creo en el Derecho aséptico”.
Habla de su paso por la política y el peronismo como parte del pasado y, mientras tanto, asegura que su postulación ha recibido más de cien adhesiones (la mayoría de ellas de sindicatos y cámaras empresariales, pero también de centros de jubilados y hasta de la subcomisión de hockey del club Palmira) y sólo tres impugnaciones (la más relevante, la del secretario general de la CGT disidente, Jorge Córdova).
A pesar de su actitud serena, lejos de los chistes y las chicanas que solía verter en la red social Twitter o en la tribuna predilecta del kirchnerismo, el ciclo 6,7,8 del nacional Canal 7, Adaro aún mastica su salida de la vida política, y en particular, del gobierno de Jaque, que se vio no exenta de las tensiones de la propia interna del PJ. “Yo, en esta gestión, fui subsecretario de Trabajo y luego ministro de Gobierno y cumplí un ciclo...”, dice como justificando su partida.
-¿Su postulación para la Corte fue una especie de salida elegante del Gobierno?
-No fue una salida. Todo lo contrario. Lo vi como un privilegio, una oportunidad, un desafío.
-Usted fue un ministro de Gobierno atípico, porque muchas de las funciones que debería haber cumplido las ejerce el secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán.
-En realidad, compartíamos espacios. Cazabán hacía más las relaciones políticas con la Legislatura y con los intendentes y yo hacía la articulación con los sectores sociales. A mí me tocaron los conflictos: el productivo, cuando estaba (Guillermo) Migliozzi; el de Salud con (Sergio) Saracco; la negociación con los gremios... Yo venía del espacio gremial y mi experiencia era en comprender los conflictos.
-Sin embargo, en febrero, Cazabán se reunió con Del Pópolo y con Blas para garantizar un año sin conflictos gremiales, y usted no estuvo en la foto...
-A mí me tocó tres años esa foto y esa negociación... y eso genera un desgaste. Era importante cambiar los roles. No me sentí desplazado, son etapas.
-¿Y respecto de su vínculo con la oposición?
-Hubo etapas. Cuando tenía que discutir, era un ministro político que discutía desde las convicciones, y cuando había que acordar, lo hicimos. De hecho, uno de los artículos más importantes y que mayor necesidad de consenso tenía (y hoy es ley) es la reforma del 221 de la Constitución. Lo mismo que con el protocolo para las torturas y el procurador penitenciario.
-Le pregunto todo esto porque la construcción pública de su perfil es la contracara de lo que surge en el imaginario como un ministro de la Corte.
-Si mi pasado inmediato tiene que ver con mi vocación de servicio, con mi compromiso por los derechos humanos, con los derechos sociales de los trabajadores, por reformar la Justicia, por la lucha dura y frontal contra la Justicia Federal, no creo que me jueguen en contra. Además, no hay estereotipos. Yo me siento comprometido, entusiasmado y capacitado.
-¿Qué le puede aportar usted a la Justicia desde la Corte?
-Que un poder sea independiente no significa que esté aislado, ni que no tenga que articular con los otros dos poderes para sacar leyes, para conseguir presupuesto. En eso yo tengo experiencia. Además, la Justicia es el último resorte institucional donde se resuelven los conflictos, y yo entiendo de ellos y sé cómo se resuelven. La Corte debe entender que sus decisiones trascienden el conflicto individual, que resuelven y tienen que ver con la vida de una provincia.
-¿Por qué cree que su postulación generó, tanto en la opinión pública como en la clase política, una sensación de tanta sorpresa?
-Ha sido sorpresa, pero no una sensación negativa...
-Eso lo está diciendo usted...
-Sí, porque la sorpresa no es un disvalor. Probablemente, porque yo tenía un perfil más de seguir una carrera política. Yo me inicié en la política hace 18 años por una cuestión de vocación de servicio y compromiso democrático. Ahora me siento con ganas de aportarle a un poder que necesita transparencia, eficacia. La Justicia de Mendoza inició un proceso de transformación, primero con (Jorge) Nanclares y luego con (Alejandro) Pérez Hualde. Hay que profundizarla y yo creo que puedo aportar, porque otra de las tareas es un proceso de inclusión: hay excluidos también en la Justicia. Hay sectores sociales que hoy no tienen justicia.
-Suena casi a discurso de campaña...
-Justamente, a pesar de venir de la política, creo que la Justicia no tiene que ser popular; en el sentido de términos políticos electorales, si se quiere. Hay muchos jueces que se mediatizan y buscan lo que en esa coyuntura inmediata, determinados sectores de la sociedad quieren. Eso está mal. La Justicia no tiene que ser popular, pero sí confiable y creíble.
-¿En su interior, está resuelto el conflicto de abandonar la política partidaria y hasta renunciar a ella de por vida si llega a la Corte?
-Sí, absolutamente. Mi compromiso es de transformación y cuando abracé la política no lo hice para tener un cargo. Creo que donde he estado, algún proceso de transformación he generado. Cuando yo sienta que en la Justicia no pueda aportar, no seguiré, por más que el cargo pueda ser vitalicio.
-¿No tiene miedo que estos 18 años de militancia le jueguen en contra a la hora de que su pliego sea considerado por sus rivales políticos?
-Espero que no... De todas formas, respeto la decisión de los senadores. Ha habido una discusión sobre mi perfil, que es público, pero después no ha habido muchas críticas... En este tiempo no sólo he hablado con las fuerzas de la oposición, sino con las organizaciones sociales, productivas, religiosas, sindicales para ver qué expectativas tienen. Eso será mi mandato.
-Justamente, también se le ha criticado no tener un perfil académico o de jurista, como así también no haber ejercido la profesión de abogado con continuidad.
-Eso ha sido una sola persona, un dirigente gremial...
-Habla de Jorge Córdova.
-He tenido más de cien adhesiones... Él es una de las personas que ha presentado una de las impugnaciones. Está claro que está parado en una parte de la política, una parte del peronismo; lo respeto pero tengo 41 años y si alguien quiere poner exigencias que están por encima de las que fija la Constitución, es porque quiere estar más allá de la ley. Algo que yo no haría ni como juez.
-¿Y lo académico?
-A pesar de poner mucho tiempo en la política, siempre tuve tiempo para formarme. Tengo una especialización, he dado clases en la facultad. Tengo la trayectoria que se puede tener en 10 u 11 años de profesión, pero vengo con otro bagaje. No estoy en el final de mi carrera, sino en el inicio.
-¿Y qué pasa con su fuerte impronta sindical y sus vínculos con Hugo Moyano y Julio Piumato?
-Siempre voy a estar en la defensa de los derechos de los trabajadores, pero siempre con una visión ecuánime. El derecho laboral entiende que hay una desigualdad y la equilibra, para proteger: esa es mi concepción y mi formación. Como representante del Estado, también entiendo lo que significa proteger la inversión y el capital: estoy en contra de la industria del juicio, que desalienta las inversiones. Mi llegada a la Corte no puede entenderse como amenazante para el capital.
-¿Está de acuerdo con el reparto de ganancias para los trabajadores?
-Mendoza es pionera en este tema, con la figura del contratista de viña, que luego deriva en una ley nacional que implica participación en las ganancias. Además, el artículo 14 bis habla de ello. En la medida en que no se amenace el capital o la inversión, creo que es resolver un derecho constitucional.
-Iglesias, Cobos y Jaque han padecido, por similares o diferentes razones, sucesivos
encontronazos con la Justicia. ¿Cuál es su visión de esa relación siempre conflictiva?
-El sistema republicano tiene tres poderes y la independencia no es aislamiento. Hay que articular y cada uno cumplir su rol. Las tensiones no son buenas porque no aportan al pueblo. La Justicia, en la comprensión global de la ciudadanía, no da respuestas o no es creíble, entonces, para la política era muy fácil confrontar con ella. Eso ha ido cambiando, afortunadamente.
-Tanto Cazabán como Jaque acusaron al presidente de la Corte de ser “un militante radical”.
¿No cree que a usted en el futuro lo pueden acusar de anteponer su militancia a su criterio como juez?
-Mi militancia tuvo que ver con un compromiso. Si en algún algún momento me tachan de militante... se verá. Yo creo que voy a tener la altura y la ecuanimidad suficiente para resolver conforme a derecho, pero fundamentalmente, conforme a las necesidades de la comunidad. No creo en el derecho aséptico.


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