Un marco platense para una virgen junto al Papa

Un marco platense para una virgen junto al Papa
Dos artesanos de la Ciudad recubrieron con láminas de oro la imagen de la Virgen Desatanudos que solicitó el Papa

Un trabajo artesanal de suma delicadeza. Más de 300 láminas de oro que un suspiro harían volar por la ventana. Dos noches de arduas labores. ¿Y el resultado? El marco laminado en dorado a la hoja que acompañó a una imagen de la Virgen Desatanudos hasta Roma por pedido del Papa Francisco. Un obra con sello platense que se suma al patrimonio de la Santa Sede. Sandra Altinier, “La Dorada” como le dicen entre sus colegas, lleva ya 20 años de trabajos artesanales. Vecina de City Bell, su especialidad, que le ha permitido trabajar para renombradas figuras, es la del dorado a la hoja. “Es un trabajo que te hace mejor persona, más bueno, porque necesitas muchísima paciencia” dice la artista. Junto a su amigo Alejandro Angeli, con quien mantiene una amistad de 20 años, tuvo el privilegio de trabajar el marco destinado a encuadrar a “Nuestra Señora de Knotenlöserin”, conocida por muchos argentinos como “La Vírgen Desatanudos”. Hace años, la pintura llegó a la Argentina a manos del Papa, cuando todavía era un joven sacerdote jesuita. Y ahora fue el propio Francisco quien solicitó, el año pasado, que la envíen al Vaticano. El carpintero encargado del trabajo artesanal del marco, confió la tarea del laminado al dúo de Sandra y Alejandro. “Cuando nos dijo que era para el Papa no lo podíamos creer” comentó Sandra, que dice hizo plegarias por cada una de las más de 300 láminas de oro que compusieron el platinado del marco.

El dorado a la hoja, técnica artesanal para patinar con oro, es un trabajo en extremo delicado. “La Dorada” trabaja siempre de noche, buscando el ambiente perfecto para estar tranquila y realizar la tarea sin interrupciones. “Preparás tu espíritu y tu equilibrio para que nadie te moleste, ni te interrumpa”, cuenta. Inicialmente, se coloca una base roja, de arcilla, simbolizando la sangre. Sobre esa capa luego se pone un pegamento al cual se adherirán finalmente las delicadas láminas de oro, pequeños “ladrillitos” de apenas 4 centímetros de ancho y por 4 de largo, de un grosor milimétrico. Una por una, los artistas colocaron pacientemente las láminas de oro italiano que superaron las 3 centenas, siempre corriendo el riesgo de que un segmento mal colocado, pudiese forzarlos a empezar todo de cero. Fervorosa creyente, Sandra comentó que acompaño cada lámina con un pedido. Por sus hijas, por su familia, por el Papa, por la Presidenta, por los pobres, por la paz, y así hasta completar su trabajo. Lejos de quedarse corta, dice que siempre queda algo por lo que pedir, para que esta vida pueda ser mas hermosa. “Uno se dedica a esto para traer la belleza, y después la belleza te sorprende” comenta cuando discute su trabajo, y la dura vida de un artesano en la era moderna. Dos arduas pero pacientes noches de labores dieron fruto. El marco terminado junto a la pintura llegaron finalmente a destino. “Un día de repente mis hijas vinieron corriendo como locas gritando ‘¡mamá, mamá!’ y me muestran la foto del Papa con la Presidenta en su último viaje. Me morí de la emoción”. Es que la foto en cuestión era la de la última visita a la Santa Sede a mediados de marzo de este año, donde la mandataria fue recibida en privado por el Santo Padre. En la imagen, la Presidenta aparecía con una férula por un esguince de tobillo, a lo cual humorísticamente el máximo pontífice comentó: “¡Que mala pata!”.

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