Marcelo Riera: "Queremos mejorar la salud desde la recepción del paciente"

Marcelo Riera:

El nuevo ministro de Salud contó cómo avanza el proyecto de los hospitales para jubilados y explicó por qué la provincia dio un paso más para concretar el sueño de tener una facultad pública de medicina.

Se lo ve seguro, tranquilo pero con muchos temas en la cabeza. No era la primera vez que El Diario de la República iba a su despacho para poder entrevistarlo. Pero su reciente asunción como ministro de Salud impulsó una catarata de reuniones con médicos, funcionarios y familias particulares. Así, después de atenderlos, pasar otras citas para la tarde y dejar el celular a un costado del escritorio, Marcelo Riera dio un diagnóstico detallado del sistema sanitario en la provincia y el país. Explicó por qué es necesario que la comunidad vuelva a tomar conciencia de los buenos hábitos y recupere las consultas con los médicos de cabecera. Además, aseguró que la designación de su antecesor, Roberto Schwartz, como rector de la Universidad Nacional de Villa Mercedes (UNViMe), ayudará definitivamente a que San Luis tenga su tan esperada facultad pública de medicina.

 

—¿Cómo está San Luis en salud?

 

—Mirá, en principio el análisis se hace a partir de cuatro escenarios, porque el sistema se mueve a partir de los siguientes elementos: el primero es el recurso humano, que es muy importante porque es el entendido como el proveedor del servicio. El segundo es la financiación, que somos nosotros, como estructura de Gobierno, que tiene a su cargo el Ministerio, en torno al cual se pagan los sueldos por prestaciones y distintas actividades contractuales. El tercero es el órgano contralor, que también es propio del Estado, encargado de fiscalizar y verificar que todo se cumpla en función a la prestación, el pago, etcétera. Y la última ‘pata’ de esta gran mesa es el paciente, que se califica como usuario.

 

—¿De qué manera lo evalúan?

 

—La evaluación se basa en si el paciente está ‘satisfecho’ o ‘insatisfecho’, no sólo por la recepción y percepción del sistema, sino también por el tiempo que se tardó en resolver su necesidad y la forma en la que se trató ese bien más preciado que tiene el ser humano, que es la salud, y que no tiene medición.

 

Bueno, sobre esta mesa nos encontramos con un usuario con niveles muy altos de insatisfacción y percepción. Porque, como es un sistema, tiene que sentirse parte del mismo. Además, observamos que hay enojo ya desde la puerta de asistencia inicial, que es el trato cordial. Éste es un punto clave a mejorar, principalmente porque una buena recepción puede descomprimir de entrada una situación y le permite al paciente vislumbrar un escenario distinto de su enfermedad.

 

—¿Y con la falta de recursos humanos?

 

—Respecto a los prestadores del servicio, hay una crisis mundial. Y los países que más lo sienten son los que estamos en vías de desarrollo. De hecho, la Organización Panamericana de la Salud explica en un informe que hay una crisis muy fuerte de recursos humanos en el sistema sanitario, que responde a las áreas específicas de terapia intensiva, neonatología, algo de pediatría, etcétera.

 

 —¿Cuál es el panorama en Argentina?

 

—En estos últimos años hubo una migración de las carreras universitarias abocadas a las ciencias de la salud, hacia las distintas ingenierías. El proyecto Arsat (empresa estatal  argentina que tiene los derechos para operar y comercializar satélites de comunicaciones) por ejemplo, fue uno de los que se llevó la magia de las casas de estudio, en pos de posicionar más ingenieros.

 

Esto también acompañó la migración de los alumnos hacia facultades de física, matemática, etcétera. Y a su vez, las ciencias de salud se fueron despoblando hacia áreas de menor tiempo de cursado y casi de igual implosión dentro del sistema sanitario: enfermería universitaria son tres años; una tecnicatura en esterilización también son tres y es un título intermedio para llegar a ser farmacéutico. Entonces, se fueron acomodando las estructuras para poner recursos humanos más rápido, pero en estas categorías.

 

—Y el interior es el que más lo sufre.

 

—Claro. Más difícil la tienen las provincias más chicas o las que están más alejadas de las localidades que ofrecen esas carreras. Por ello, a este análisis hay que sumarle que de los estudiantes que llegan a recibirse, el 70% se queda en los grandes centros, como Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, dificultando la atención en los lugares más chicos que, si bien tienen menor población, tienen las mismas necesidades.

 

—Bajo este contexto ¿cómo está San Luis?

 

—El número de recursos humanos y el que está en vías de aprendizaje no cubre la demanda. Si bien tenemos un centro privado que sí la ofrece en San Luis, al ser privada, tiene un costo de formación más elevado, porque no sólo hablamos de la cuota, sino también de los libros, el traslado, etcétera.

 

—¿Por todo esto resulta clave la idea del Gobernador de tener una facultad pública de medicina?

 

—La llegada de Schwartz al rectorado de la UnViMe tiene un fuerte rol estratégico, que es el de elevar y potenciar ese proyecto. Así tenemos una alianza estratégica, para que el ministerio y la propia universidad permitan un modelo de triangulación, entre la educación, el propio recurso humano y los hospitales escuelas. Así vamos a tener la garantía de que los nuevos profesionales tengan una continuidad para las residencias.

 

—¿Estamos muy lejos de este sueño? ¿Se podrá conseguir en menos de cuatro años?

 

—Generalmente los plazos los estipula el Ministerio de Educación, porque es quien hace la acreditación de las carreras. Entonces depende de su estructura organizativa. Pero bueno, estamos afianzando este camino y sí, es un objetivo claro de esta nueva gestión.

 

—¿Cómo ves hoy la carrera sanitaria? ¿Tenés pensado aplicarle algún tipo de cambio?

 

—Las fuentes de ingreso al sistema de salud son variables. Una de ellas es la carrera sanitaria, que es un formato que a la provincia le ha dado excelentes resultados.

 

Pero seguro que en un lapso de tiempo, muchas cosas que hace veinte funcionaban muy bien, quizás haya que repensar. En ese proceso estamos; no en la reformulación de la carrera sanitaria, sino en ver cuál es la barrera que impide o limita el ingreso de algún profesional. Es decir, el punto a trabajar es que la oferta sea tentadora.

 

—Pero ¿por qué en Argentina, en general, cobran tan poco?

 

—La profesión sufrió un contexto de quiebre porque antes un médico tenía o debía percibir honorarios semejantes a los de un juez. Pero en el tiempo esto se fue perdiendo, desequilibrando en torno a su posicionamiento. Por ahí, por no abogar por los derechos ya adquiridos, se fue dejando de lado la pelea por la recategorización.

 

—¿Y cuál es el camino a seguir?

 

—Creo que hay que proyectar el escenario de la escala, el de llegar y cumplir un objetivo, que es lo que permite realmente hacer una carrera. Esas líneas son hacia donde tenemos que migrar, para que el profesional pueda alcanzar y trazar nuevas metas.

 

De hecho, lo decía el Gobernador: San Luis tienen que llegar a un momento donde sólo los ministros sean los elegidos, y de ahí para abajo, todos los que ocupen el resto de los puestos, lleguen a partir de los concursos y las condiciones que cada uno reúna.

 

 —¿Somos una sociedad que cada vez cuida menos su salud?

 

—En países en vías de desarrollo como el nuestro, diez años atrás, la población moría principalmente a causa de enfermedades que se transmiten de una persona a otra, como gripe, diarrea, neumonía. Pero con el paso del tiempo, la aparición de las tecnologías para el diagnóstico precoz y la llegada de más antibióticos y vacunas, empezamos a evitarlas. Como consecuencia pasamos una transición epidemiológica, donde bajaron las enfermedades transmisibles y aumentaron considerablemente las no transmisibles.

 

Bueno, en nuestra provincia, la primera causa de muerte son las enfermedades crónicas no transmisibles. Dentro de esto tenemos las que son cardiovasculares, como la cardiopatía isquémica (trastornos en el corazón). Y por otro lado, tenemos las oncológicas, donde están los distintos tipos de tumores, como el cáncer de cuello y mama en las mujeres, o el de próstata en los hombres, o el del tubo digestivo y el colon rectal para ambos.

 

—¿Entonces tenemos que tomar más conciencia para hacernos chequeos mensuales o anuales, de acuerdo a la edad?

 

—Sí. Pero esa transición ya se ejecutó. Por lo tanto, ahora el sistema tiene que pelear con las crónicas no transmisibles. Y para eso hay que potenciar la prevención primaria, como así también mejorar nuestro estilo de vida.

 

Hay un estudio canadiense del 2007 que ya decía que todos vamos a ser hipertensos en algún momento de nuestra vida, y que la diferencia dependía de qué hacía cada uno para retrasar su aparición. Por eso, si yo no hago ningún tipo de actividad, probablemente voy a ser hipertenso a partir de los 30, 35, 40 años. En cambio, si me cuido, seguramente voy a superar los 50, 60, 70 años.

 

—Por eso el sedentarismo es el gran enemigo del hombre

 

—Básicamente, dentro de las enfermedades crónicas no transmisibles, peleamos contra la obesidad, la hipertensión arterial y la diabetes. Éstas van de la mano. Por ejemplo, un paciente hipertenso tiene mayor riesgo de infartarse, de que su corazón falle y genere un accidente cerebrovascular (ACV).

 

—Y el exceso de sal en las comidas también aporta lo suyo

 

—La sal, la mala alimentación y la falta de ejercitación. Pero fijate que en esta transición, la tasa demográfica está en pleno crecimiento, por un aumento de la expectativa de vida. No obstante, este régimen cotidiano que llevamos hoy en día acompañó la aparición de los "fast food", por ejemplo. Y si uno compara la hamburguesa de una reconocida fábrica mundial, ahora es más chica que antes, pero con el doble de calorías.

 

Por ello la encuesta internacional de factores de riesgo midió que los índices de colesterol son peores que hace diez años.

 

—¿No será que cada vez confiamos y nos 'agarramos' más de los avances tecnológicos y los fármacos, para eliminar cualquier problema, en lugar de tratar de evitarlos?

 

—Nos falta recuperar la autorresponsabilidad, porque el escenario más importante es cómo uno se condiciona hacia distintos modelos de enfermedad. Si uno mira a nuestros abuelos, quienes no tenían grandes medicamentos y tecnologías, vivieron con una conciencia de vida diaria muy prolija.

 

Se lo ve seguro, tranquilo pero con muchos temas en la cabeza. No era la primera vez que El Diario de la República iba a su despacho para poder entrevistarlo. Pero su reciente asunción como ministro de Salud impulsó una catarata de reuniones con médicos, funcionarios y familias particulares. Así, después de atenderlos, pasar otras citas para la tarde y dejar el celular a un costado del escritorio, Marcelo Riera dio un diagnóstico detallado del sistema sanitario en la provincia y el país. Explicó por qué es necesario que la comunidad vuelva a tomar conciencia de los buenos hábitos y recupere las consultas con los médicos de cabecera. Además, aseguró que la designación de su antecesor, Roberto Schwartz, como rector de la Universidad Nacional de Villa Mercedes (UNViMe), ayudará definitivamente a que San Luis tenga su tan esperada facultad pública de medicina.

 

—¿Cómo está San Luis en salud?

 

—Mirá, en principio el análisis se hace a partir de cuatro escenarios, porque el sistema se mueve a partir de los siguientes elementos: el primero es el recurso humano, que es muy importante porque es el entendido como el proveedor del servicio. El segundo es la financiación, que somos nosotros, como estructura de Gobierno, que tiene a su cargo el Ministerio, en torno al cual se pagan los sueldos por prestaciones y distintas actividades contractuales. El tercero es el órgano contralor, que también es propio del Estado, encargado de fiscalizar y verificar que todo se cumpla en función a la prestación, el pago, etcétera. Y la última ‘pata’ de esta gran mesa es el paciente, que se califica como usuario.

 

—¿De qué manera lo evalúan?

 

—La evaluación se basa en si el paciente está ‘satisfecho’ o ‘insatisfecho’, no sólo por la recepción y percepción del sistema, sino también por el tiempo que se tardó en resolver su necesidad y la forma en la que se trató ese bien más preciado que tiene el ser humano, que es la salud, y que no tiene medición.

 

Bueno, sobre esta mesa nos encontramos con un usuario con niveles muy altos de insatisfacción y percepción. Porque, como es un sistema, tiene que sentirse parte del mismo. Además, observamos que hay enojo ya desde la puerta de asistencia inicial, que es el trato cordial. Éste es un punto clave a mejorar, principalmente porque una buena recepción puede descomprimir de entrada una situación y le permite al paciente vislumbrar un escenario distinto de su enfermedad.

 

—¿Y con la falta de recursos humanos?

 

—Respecto a los prestadores del servicio, hay una crisis mundial. Y los países que más lo sienten son los que estamos en vías de desarrollo. De hecho, la Organización Panamericana de la Salud explica en un informe que hay una crisis muy fuerte de recursos humanos en el sistema sanitario, que responde a las áreas específicas de terapia intensiva, neonatología, algo de pediatría, etcétera.

 

 —¿Cuál es el panorama en Argentina?

 

—En estos últimos años hubo una migración de las carreras universitarias abocadas a las ciencias de la salud, hacia las distintas ingenierías. El proyecto Arsat (empresa estatal  argentina que tiene los derechos para operar y comercializar satélites de comunicaciones) por ejemplo, fue uno de los que se llevó la magia de las casas de estudio, en pos de posicionar más ingenieros.

 

Esto también acompañó la migración de los alumnos hacia facultades de física, matemática, etcétera. Y a su vez, las ciencias de salud se fueron despoblando hacia áreas de menor tiempo de cursado y casi de igual implosión dentro del sistema sanitario: enfermería universitaria son tres años; una tecnicatura en esterilización también son tres y es un título intermedio para llegar a ser farmacéutico. Entonces, se fueron acomodando las estructuras para poner recursos humanos más rápido, pero en estas categorías.

 

—Y el interior es el que más lo sufre.

 

—Claro. Más difícil la tienen las provincias más chicas o las que están más alejadas de las localidades que ofrecen esas carreras. Por ello, a este análisis hay que sumarle que de los estudiantes que llegan a recibirse, el 70% se queda en los grandes centros, como Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, dificultando la atención en los lugares más chicos que, si bien tienen menor población, tienen las mismas necesidades.

 

—Bajo este contexto ¿cómo está San Luis?

 

—El número de recursos humanos y el que está en vías de aprendizaje no cubre la demanda. Si bien tenemos un centro privado que sí la ofrece en San Luis, al ser privada, tiene un costo de formación más elevado, porque no sólo hablamos de la cuota, sino también de los libros, el traslado, etcétera.

 

—¿Por todo esto resulta clave la idea del Gobernador de tener una facultad pública de medicina?

 

—La llegada de Schwartz al rectorado de la UnViMe tiene un fuerte rol estratégico, que es el de elevar y potenciar ese proyecto. Así tenemos una alianza estratégica, para que el ministerio y la propia universidad permitan un modelo de triangulación, entre la educación, el propio recurso humano y los hospitales escuelas. Así vamos a tener la garantía de que los nuevos profesionales tengan una continuidad para las residencias.

 

—¿Estamos muy lejos de este sueño? ¿Se podrá conseguir en menos de cuatro años?

 

—Generalmente los plazos los estipula el Ministerio de Educación, porque es quien hace la acreditación de las carreras. Entonces depende de su estructura organizativa. Pero bueno, estamos afianzando este camino y sí, es un objetivo claro de esta nueva gestión.

 

—¿Cómo ves hoy la carrera sanitaria? ¿Tenés pensado aplicarle algún tipo de cambio?

 

—Las fuentes de ingreso al sistema de salud son variables. Una de ellas es la carrera sanitaria, que es un formato que a la provincia le ha dado excelentes resultados.

 

Pero seguro que en un lapso de tiempo, muchas cosas que hace veinte funcionaban muy bien, quizás haya que repensar. En ese proceso estamos; no en la reformulación de la carrera sanitaria, sino en ver cuál es la barrera que impide o limita el ingreso de algún profesional. Es decir, el punto a trabajar es que la oferta sea tentadora.

 

 —Pero ¿por qué en Argentina, en general, cobran tan poco?

 

—La profesión sufrió un contexto de quiebre porque antes un médico tenía o debía percibir honorarios semejantes a los de un juez. Pero en el tiempo esto se fue perdiendo, desequilibrando en torno a su posicionamiento. Por ahí, por no abogar por los derechos ya adquiridos, se fue dejando de lado la pelea por la recategorización.

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