Marcelo Amitrano: “Hay que potenciar el talento y la creatividad en los alumnos”

Marcelo Amitrano: “Hay que potenciar el talento y la creatividad en los alumnos”

El Ministro de Educación impulsa innovaciones y un modelo para que los chicos se "enamoren" del estudio. Dijo que es esencial trabajar la capacidad de abstracción y el poder de síntesis.

Calidad educativa; educación pública y gratuita; innovación y un mejor salario para los docentes, son los cuatro motores que impulsan al ministro de Educación, Marcelo Amitrano, hacia un único destino: desarrollar y potenciar el talento y la creatividad en los alumnos de todos los niveles y de cada rincón de la provincia. Asegura que a través de estas aptitudes los niños podrán salir al mundo a competir en pie de igualdad y con enormes posibilidades. Posee ideas innovadoras y una visión positiva, con ellas planea llevar adelante un modelo diferente para que los estudiantes se "enamoren" del conocimiento a través de las cosas que les gusten y estén relacionadas a actividades deportivas y culturales. 

 

—¿Cómo sería el camino para preparar a los chicos del futuro?

—Si un niño de ocho años termina la escuela en diez años, hay que imaginar cómo será la realidad dentro de ese tiempo y prepararlos para eso. Ese sistema tenemos que adaptarlo a esto, para que se sienta contenido en un ambiente amigable, inclusivo, flexible, que el chico pueda comprender que lo que está haciendo ahí sea en su beneficio. Acompañado de una persona que tiene conocimiento, que lo comprende, que lo acompaña. Por eso trabajamos para que el cambio esté en aprovechar aquellas actividades donde nuestros chicos sientan interés y a partir de eso incluir el proceso formativo. El alumno se va a sentir cómodo con sus pares, compartiendo algo común y un docente con capacidad de transmitirle los conocimientos. Tenemos que ir adaptándonos para evitar la deserción escolar, la violencia y el abandono. Hay que saber dónde estamos parados. Sacarnos los prejuicios, superar los miedos, las cuestiones que tenemos en deformaciones individuales y actuar con generosidad, poner a los chicos por delante y darle los elementos para que puedan desarrollarse. 

Tienen acceso a la información muy rápido, antes quizás la educación era muy subjetiva estudiábamos desde los libros que nos decía el docente. Ahora hay múltiples puntos de vista para estudiar, por ejemplo, historia, tenemos el libro, internet, videos, películas y hasta dibujos animados. Entonces el docente tiene ese problema, porque está conduciendo un proceso difícil de controlar. Bueno, tenemos que capacitarnos y conducir esos procesos, tener elementos para encausarlos. Ése es el desafío. Confío mucho en los docentes.

 

—¿Cuáles son las aptitudes que tendrían que trabajar los docentes en los alumnos?

—La capacidad de abstracción y el poder de síntesis son las habilidades más difíciles de adquirir porque es el pensamiento complejo. El razonamiento y el poder de síntesis son esenciales, si juntás esas dos cosas economizás tiempo, esfuerzo, eficiencia, potencial. Se entrena y se aprende la capacidad de abstraerse y de síntesis. Además, los dos elementos que no tienen condicionamientos son el talento y la creatividad. Si nosotros logramos potenciar en los chicos su talento y su creatividad, van a poder salir a competir al mundo, en pie de igualdad y con grandes posibilidades. Así se convertirán en personas de bien, formadas en la solidaridad, en el respeto, en la convivencia, en la tolerancia, que siguen independientes, soberanos de sus decisiones y que tengan los elementos para competir en un mundo que es tremendamente competitivo. Todos los días con pequeños pasitos vamos a mejorar. 

 

—¿Considera que los contenidos educativos y los métodos de evaluación  utilizados están adaptados a las nuevas generaciones?

—El actual sistema educativo se concibió en el siglo veinte, no es malo, pero está marcado por una determinada realidad. La industria tenía un horario, la escuela tenía que tenerlo; la campana del almuerzo del operario era a partir de un timbre, la escuela tiene uno. Lo mismo pasa con el uniforme. Es un sistema ideal para una determinada realidad económica, social, política y educativa. Esa realidad cambió y funciona de otra manera, se trabaja de otra manera, nos vinculamos de otra manera y tenemos que adaptar ese sistema, si insistimos con él, vamos a fracasar. Generamos que el chico se aburra, que no comprenda, que se sienta amedrentado, preso. El docente se pone de mal humor porque no logra transmitir sus contenidos y empezamos a atravesar una situación tensa dentro de la escuela, el papá se enoja y no queremos eso. 

 

—¿Los docentes tienen herramientas para enfrentar ese desafío?

—Hay un sistema establecido de lógica en cuanto a los docentes, en cuanto  a la designación de cargos, los traslados, los puntos y diseños curriculares, extremadamente rígidos que muchas veces nos esconde docentes muy talentosos y capaces con una visión diferente y que tienen el valor para animarse a hacer cambios cualitativos. Tendremos que abrirnos a eso y de mirar, confiar y escuchar mucho de lo que quieren hacer los docentes, que ellos sean los hombres y mujeres que nos lleven al futuro. Trabajan bajo un sistema muy establecido de muchos años, con reglas muy duras y que en algún momento sirvió para una determinada realidad y tamaño de provincia. La innovación debe estar apoyada en la libertad. Esto significa que el que quiere, se suma; y el que no, está bien, pero que garantice que está haciendo un buen trabajo. Vamos a acompañarlos igual.

 

—¿Qué políticas educativas continúan?

—Entendemos a la computadora como una herramienta para trabajar, como alguna vez fue el pizarrón y la tiza. Las estampillas han sido un elemento positivo que funcionó en cuanto a incentivo para terminar los estudios e estimular el ahorro. La beca al mérito ya tiene un caminito hecho en la provincia y nos permite mirar y analizar qué deberíamos tocar para mejorar.

La ley de estampillas tiene un período de tiempo en el que hay que cambiarla, surge una situación que no estaba contemplada. A una chica le surgió la posibilidad de hacer un intercambio en el extranjero y nos presenta la inquietud de cambiar sus estampillas antes de tiempo para poder viajar. Esto generó una discusión, porque la ley no lo permitiría, pero era una oportunidad única, cómo no vamos a dársela. Estampillas y beca al merito, son dos instrumentos importantes. Estoy a favor de que los beneficiarios de becas, que son una herramienta poderosísima, tengan un interés comunitario a partir de objetivos que como comunidad nos planteamos. Deberíamos trabajar en hacer congeniar las vocaciones individuales con los objetivos generales estratégicos de nuestra comunidad. Necesitamos promover en la juventud que se formen en distintas disciplinas que porque para San Luis, ahora o en el mediano o largo plazo, van a ser necesarias. Necesitamos médicos e ingenieros. No quiero ir en detrimento de ninguna profesión. Hay que revisar la forma de asignarlas. Hubo años en los que existió disconformidad en cuanto a subjetividades en el sistema que generaban dolores o injusticias. 

El plan TuBi no es un tema de Educación, sino de Medio Ambiente. 

En cuanto a los intercolegiales, hace pocos años se generaron procesos muy poco transparentes en el Estado. Hubo un gasto excesivo de recursos, muchas veces injustificados y muy poco transparentes. Con estas herramientas, que parecen ser positivas e interesantes, hay que ser cuidadosos sin poner en el medio a los chicos. Los intercolegiales son un caso típico de gastos siderales desmesurados y situaciones de movimiento de gente injustificada, del que quedaron beneficiados muy pocos. 

“A toda pila” funcionó muy bien. Los chicos se motivaron mucho, habrá que poner más incentivos, para que no quede como un mero arresto de juntar las pilas. Es necesario que tenga un contenido formativo. 

 

—¿Ciento noventa días anuales son suficientes para adquirir conocimientos?

—No es ningún éxito decir “cumplí con los 190 días de clase”, si nadie pregunta qué pasó durante ese período. Sería más fácil encerrar a los chicos, echar llave a la escuela y dejarlos adentro. Lo que hay que analizar es si en ese tiempo se educaron, si saben, si la pasaron bien, si socializaron. Cumplir con una cantidad “X” de tiempo, no quiere decir que sea bueno. Hay que mirar los contenidos, analizar los procesos y valorar el componente humano. 

 

—¿Cómo influye una buena educación en el futuro de San Luis? 

—Muchas veces nos perjudica en el proceso de toma de decisiones el enfoque que pone a la educación como un servicio público. No es lo mismo que el servicio eléctrico, es la herramienta por la cual producimos un bien público, que es diferente. Ese bien público es el futuro de San Luis, eso produce el sistema educativo, entonces las concepciones que tenemos y las formas de involucrarnos tienen que ser a partir de criterios diferentes, no es solamente la prestación de un servicio no hay una escuela abierta con el chico adentro y alguien que dice ser docente se pare adelante diciendo algo. La producción de un bien público es la construcción del futuro, tenemos que determinar qué futuro queremos, lo tenemos que construir, a donde vamos… esas discusiones las tenemos que dar dentro del sistema, que tiene que ser un medio para lograr eso, no un fin en sí mismo. No porque todos los días lo hagamos igual, tiene que seguir siendo igual. 

 

– ¿Por qué es importante incluir temas referidos a la puntanidad en los contenidos?

—El desafío que tienen hoy los sistemas educativos es responder a la pregunta ¿cómo va a ser el mundo que enfrente el chico cuando termine su proceso educativo? Nuestros chicos del siglo veinte, tuvieron y tendrán cambios tecnológicos. Nuestro sistema tiene que estar preparado para eso y se requiere mucha imaginación, hay que mirar hacia adelante. El mundo le va a demandar cosas, por eso les tenemos que dar herramientas para que ellos las resuelvan. El Foro Económico Mundial de Davos tiene un foro paralelo de educación en el que estuvieron trabajando sobre cómo van a ser los trabajos futuros. Dicen que el 80% será totalmente diferente a los de hoy. Entonces, el sistema educativo tiene que estar preparado para eso. Los chicos van a tener que enfrentar un mundo complejo interdisciplinario, que va a demandar muchísima capacidad de abstracción, de interpretación, de vinculación con el mundo, de comprender fenómenos globales, etc. 

Son dos caminos esenciales: por un lado, cambiando nuestro sistema, como lo están cambiando los países desarrollados. Se dirigen a modelos en los que además de enseñarles a contestar preguntas, se les enseña a hacerlo correctamente. Es cambiar la concepción, si el chico hace las preguntas correctas, le podés dar elementos para ir respondiéndolas. Por otro lado, a mí me gusta decir la frase “tenemos que trabajar en unos chicos que tengan vocación de ser y orgullo de pertenecer”, esos van a ser sus cimientos. Tienen que tener la vocación de existir, de ser, de capacitarse, de saber, de vincularse con el mundo, de tener un sueño, aspiraciones y una carrera. Todo eso apoyado en sus cimientos: su historia, el orgullo de pertenecer de a San Luis, nuestros valores,  que nos encanta convivir como sociedad;  que somos lo que fue Lafinur, Pringles, Pueyrredón; que nos encanta decir “choco”, “pandito”. Es decir, cosas que nos dan identidad. Sobre esos cimientos es donde tienen que comprender las distintas realidades. Tenemos que enseñarles los valores más profundos de nuestros próceres, nuestra geografía, nuestra forma de hablar, nuestra la cultura, el arte… todo lo que nos diferencia de un mundo global. 

Esa identidad nos potencia como comunidad y podemos hablar de un nosotros en un mundo global. Tenemos que tener chicos con una cosmovisión amplia de ciudadanos de un mundo con el que se vinculen, que hablen muchos idiomas, que les encante viajar y tengan capacidad de producir en un mundo global. 

 

 

— ¿Cuál es el estado actual de los edificios escolares?

—Esperábamos recibir las escuelas un poquito mejor. Encontramos cierta desidia o abandono en los últimos meses, en cuanto al mantenimiento. El universo respecto a la situación de la escuela es totalmente heterogéneo, hay algunas que están muy bien, otras más o menos, y otras que están con problemas más graves. Había muy poca información disponible, los procedimientos y protocolos que tenía el ministerio para recabar información de los reclamos de los directores eran muy informales y no tenían un procedimiento claro sobre cómo hacerlos. Había notas de directores escritas de puño y letra en una carpeta, alguno le acercaba a un funcionario, o  por email, o por teléfono. Estandarizamos el protocolo para juntar esa información, y comunicarnos con los directores para fijar prioridades.

La segunda dificultad, que es algo que hay que corregir, es que no se puede trabajar con las escuelas cerradas. Enero es un mes en el que es difícil entrar a las instituciones, es lógico porque los directores están de vacaciones. 

El tercer elemento son las condiciones climáticas. En verano llueve mucho. Una de las demandas más recurrentes son los techos, hay que cambiar membranas y quienes los arreglan especifican que debemos esperar a que se sequen para trabajar en ellos. El gobierno provincial destina una suma de dinero, por año, para resolver estos problemas que antes se entregaba anualmente. Cambiamos ese criterio y lo hicimos semestral, porque cada estación cambia los requerimientos. Hoy hablamos de techos, en unas semanas hablaremos de calefactores. En este momento estamos trabajando en cuarenta escuelas de diferentes departamentos, cuyo monto es de 6.724.245 millones de pesos. Hay unas treinta y dos que están relevadas, en medio del proceso de cotización de obra. 

 

— El Gobernador anunció que los directores de escuela recibirán un fondo para los arreglos, ¿en qué consiste esa medida?

—Confiamos mucho en el sistema, en nuestros docentes y directivos. Queremos acercar el proceso de toma de decisiones a aquel que está más cerca de la realidad que gestiona, para lo que tiene que tener dos cosas: poder para tomar decisiones y los recursos. Es mucho más fácil, si se rompe un vidrio en una escuela, que el director pueda decidir cambiar el vidrio, y no tener que elevar una nota al jefe de Programa de Infraestructura Escolar comunicándole la rotura, éste le va a responder preguntándole sobre las medidas, y le pedirá que presente tres presupuestos para una licitación.  Tardamos  seis meses en cambiarlo. Por eso el Gobernador firmó el decreto, para darle un marco legal y crear un fondo destinado al director de la escuela, en una cuenta del estado provincial, para que pueda atender el establecimiento en limpieza y mantenimiento mínimo. 

Vamos a ir incorporando escuelas gradualmente, según la disponibilidad presupuestaria para ir involucrando a los directores, entrenándolos, sobre cómo se va a gastar, en qué y cómo se va a rendir ese dinero. No lo hacemos para transferir la responsabilidad de infraestructura al director, no. Es para que dispongan de una pequeña suma de dinero, con una capacidad de gestión rápida, con una rendición simple y fluida que les permita solucionar, por ejemplo, problemas de la limpieza, contratar a alguien si se tapó una cañería, etc. Un concepto fundamental es el de gestión, queremos imprimirlo en el ministerio y es muy simple: que la unidad mayor no haga lo que la unidad menor hace más eficientemente y viceversa. Vamos a ir corriendo esta transferencia a medida que vayamos corriendo ese límite. Creemos que la primera atención mínima de mantenimiento es el director, porque es el que está en la trinchera. 

 

—¿Por qué faltan bancos en La Punta? 

—La ciudad de La Punta tiene un crecimiento diario y ahí pasan muchas cosas. Lo primero que hay que destacar es que la gestión anterior, no sé por qué, no terminó las escuelas que aún se están haciendo y que estarán listas este año. Obras Públicas está poniendo muchas ganas en eso. Este atraso generó que tuviéramos disminuida la capacidad. La primera decisión que tomamos respecto a los chicos de La Punta es que no se debían ir de la ciudad. Intentamos hacer una ingeniería allí con las escuelas que ya existen y con un plan B: acondicionar espacios. Tenemos el "Juan Gilberto Funes", que tiene unos lugares enormes y ojalá termine siendo una escuela como lo que vamos a hacer en La Pedrera. La demanda no fue tanta, acordamos hacer un esfuerzo con los directores y docentes, de acomodarlos en las escuelas. Creo que estamos teniendo una complejidad importante en sala de 4 de Nivel Inicial. Teníamos una demanda muy grande, alrededor de cien. Es muy probable que tengamos que llegar a un lugar alternativo y acondicionarlo para recibirlos. En la salita 5 no hay problemas y los demás niveles están contenidos.  

Otro elemento es la cantidad de gente que llegó en los últimos cinco meses a la ciudad. A partir de la compra de viviendas, que no se debieran vender. Sabemos que los chicos no tienen la culpa, pero lo estamos observando. Hay que tener cuidado y precaución porque las viviendas sociales no se pueden vender, hay un negocio inmobiliario medio raro. La prioridad van a ser nuestros chicos. 

 

—¿Faltan bancos en otras localidades?

—En la Costa de los Comechingones hay pueblos que hasta hace pocos años eran chiquitos y con instituciones chicas. En los últimos años tuvieron un desarrollo económico y un crecimiento poblacional muy importante, son ciudades importantes, que requieren una mirada y una gestión especial, más la necesidad de una infraestructura escolar acorde. Dentro de poco tiempo vamos a tener situaciones que rayan el límite de la capacidad instalada para contener la demanda. 

Existe también un mito de que las escuelas del centro son mejores que las de barrio, tenemos escuelas en el centro desbordadas y muchas vacantes en la periferia. Entonces muchas veces el chico tiene la escuela a pocas cuadras y es trasladado al centro. En muchos casos es al revés. 

El tercer elemento es una especie de capricho cultural en el que el cómodo no es el chico sino el papá, lo llevamos a la escuela más cercana al trabajo entonces las escuelas se desbordan. Los únicos que tienen que estar cómodos son los chicos, el esfuerzo hagámoslo los grandes.

Además hay un déficit heredado de la gestión anterior, y es la falta de información de altas y bajas, no se sabe con claridad dónde están teniendo vacantes y dónde demandan. Armamos un equipo especial para tratar de centralizar la información. Le pedimos colaboración a los directivos y docentes. Muchas veces se oculta esa información porque hay movimiento de matrícula y hemos detectado que el director o la comunidad educativa no quiere declarar o transparentar esos datos porque pierde categoría la escuela. La provincia hará inversiones en materia educativa porque la población crece, hay que discutir algunas cosas en el sistema educativo. 

Tenemos que decidir si nos conviene construir escuelas de más de mil alumnos o dos de quinientos. Es una concepción pedagógica, de gestión, de asignación, de recursos. De acercar la escuela a los barrios. Los chicos tienen que tener escuela, es decir, un sistema que sirva, esto de innovar en nuevas metodologías, en nuevas formas. 

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