Mañana se cumplen dos años del crimen de la joven que desató la manifestación del 10M. En una entrevista exclusiva, Mary recuerda a su hija y cuenta cómo hizo para seguir adelante. Además, reconoce que el hecho se usó políticamente y agradece el apoyo de la gente de Junín.
Las más de 30 fotos distribuidas en las paredes, los muebles y las repisas del pequeño living de la casa de la familia de Karen Campos, ratifican los dichos de la madre: “Karen está presente en cada rincón, cada día”.
Mañana se cumple el segundo aniversario del crimen de la joven que atendía el kiosco Carlitos ubicado enfrente de la Plaza Sarmiento, un crimen que –por supuesto– cambió para siempre la vida de esta familia pero también la de una ciudad que en ese momento dijo basta y salió a manifestarse para pedir justicia.
La marcha se convirtió en el “10M”, una jornada de reclamo y furia desatada en las calles de Junín que marcaría un punto de inflexión en la historia local.
A dos años de aquellos sucesos, María del Rosario Coria, madre de Karen Campos, recibe en su casa a Democracia y concede una extensa entrevista.
La gran cantidad de fotos no es la única marca de la presencia de Karen en este lugar. Mary (así la conocen todos) comenta que todavía está toda la ropa y las cosas del a joven como aquel 9 de marzo de 2013.
Según dice, lejos de curar sus heridas, “el paso del tiempo hace sentir aún más la ausencia”. Mientras dice esto, pasa su nieto por el lugar, que le hace una morisqueta a la “Iaia”. Es en ese momento que a Mary le cambia la cara y cuenta que, además de sus otros dos hijos, Bryan y Matías, tiene muchos del corazón: “Soy de tener hijos adoptados, además de Karen tengo otros dos hijos, pero también tengo muchos más que son hijos de la vida, chicos que se acercan, que me siguen, amigos de amigos, acá son todos tíos y yo soy la mamá de todos. Tengo una familia numerosa, con hijos del corazón”.
- A dos años del crimen de tu hija, ¿cómo estás?
- Sobreviviendo. De pie, por el recuerdo de mi hija, porque ese día dio la vida por su mamá, entonces yo tengo que hacer eso, estar de pie, en honor a mi hija. No puedo darme el gusto de tirarme en la cama porque el recuerdo de ella está, y también por mis hijos carnales, por mi hermano, que es como mi hijo y lo crié desde los seis años, y por los hijos del corazón. No puedo darles más sufrimientos a ellos y yo trato de estar lo mejor posible. Y además por mi nieto, esa cosita tan linda que Dios me dio días después que mi hija se durmió. Porque para mí, mi hija no está muerta, ella está durmiendo, y va a llegar el día en que yo vaya a despertarla. Capaz que suene tonto, pero es lo que yo siento: mi hija está durmiendo y va a llegar el día en que nos volveremos a encontrar.
- ¿Y cómo está el resto de tu familia?
- Todos hacemos lo mismo. En casa tratamos de no demostrar lo que estamos pasando por dentro y entre todos nos ayudamos. Si ellos me ven mal, hacen el esfuerzo para que yo esté bien. Si yo veo que uno se me está cayendo, hacemos todos un esfuerzo para levantarlo. Es como un círculo en el que nadie demuestra lo que en realidad siente, para ayudar al otro.
- ¿Cómo era Karen?
- Era una nena muy especial, el 18 de abril de 2013 iba a cumplir los 18 años. Estaba haciendo el último año del secundario y su sueño era ser abogada para, el día de mañana, poder comprarle la casa a su mamá. Pero pasó lo que pasó.
- ¿Ustedes no son de Junín?
- Nosotros vinimos de San Luis. Es irónico, pero los días 9 son de tristeza y de felicidad, porque un 9 de abril nosotros llegamos a esta ciudad desde Justo Daract. Gracias a que nos vinimos acá, pudimos festejar los 15 años de Karen como ella quería, sin lujos, pero bastante bien respecto de lo que podía nuestro bolsillo. Yo perdí a mi mamá siendo muy chica, me fui a vivir a Buenos Aires con mi hermano, conocí al papá de mis hijos cuando tenía 16 años, viví con él y cuando nos separamos, la pasé mal. Nos fuimos a Justo Daract, y la realidad en ese lugar no fue lo que me habían pintado. Y como quería darles algo mejor a mis hijos, nos vinimos a Junín. Cuando llegué no tenía trabajo, pero me fue mejor.
- ¿Karen estaba contenta en Junín?
- A ella le gustaba mucho esta ciudad. Acá me quitaron lo más grande, que es mi hija, pero a la vez Junín me dio mucho. Por eso yo digo hoy en día que mis raíces y las de mis hijos, están acá. A mí me dijeron por qué no me iba de acá, que me iba a hacer bien, pero si yo me fuera estaría dándole la espalda a la gente que me apoyó. Porque si no hubiese sido por el pueblo de Junín, tal vez no hubiésemos logrado todo lo que se logró. No me gusta hablar de lo sucedido ese día, pero sí quiero decir que si el pueblo no hubiese estado al lado mío, no estarían con una condena los cuerpos oscuros.
- ¿De qué manera te ayudaron?
- Apoyando, saliendo a la calle. Yo acá vivo sola con mis hijos, no tengo otra familia, y en el momento que lo necesitaba, la gente estuvo. Personas que ni conozco, que no sé ni cómo se llaman. Al margen de las autoridades de la municipalidad, como el Intendente, o (el director de Asistencia a la Víctima) Andrés Rosa y sus colaboradoras Myriam y Laura. Yo a Andrés lo conocí esa noche y lo nombraba como el hombre blanco, porque tenía una camisa blanca. No sabía quién era, no conocía a nadie del poder, y Andrés se convirtió en el ángel que uno a veces necesita para poder sobrellevar todo esto.
- ¿Hubo acercamiento de otros funcionarios o de representantes de otras instituciones?
- Se acercaron muchos, pero no me acuerdo quiénes son. A mí no me importa de qué partido sean, lo mío no era política y no quería que alguien hiciera política con el caso de mi hija.
- ¿Sentís que se utilizó el caso políticamente?
- Sí. Yo agradezco el apoyo de la gente que se manifestó pacíficamente, nunca estuve de acuerdo con que se quemaran cosas. Tampoco quería que el caso de mi hija saliera en todos lados por los destrozos que se hicieron. Eso no era lo que pretendían los que encabezaban la marcha, que querían manifestarse de otra forma. Mucho más no puedo decir porque mi realidad en ese momento era otra: a mí me costó poner los pies sobre la tierra. Ahí tuve que ponerme un caparazón y decir ‘para los de afuera, tengo que ser fuerte, tengo que ser la luchadora’, porque yo creo que si no hubiese luchado, con la ayuda de toda la gente de Junín, no se hubiese logrado nada.
- ¿Qué es lo que te sostiene hoy en día?
- El recuerdo de mi hija, sobre todo. Ella era una chica muy luchadora, ayudaba a los que necesitaban, a los chicos que tenían problemas con las drogas, era muy ‘madraza’ con sus amigos.
- ¿En algún momento te preguntaste por qué les pasó esto a ustedes?
- Fue el destino. Por más que me lo pregunte mil veces, hay cosas que no tienen respuesta. Esto le puede pasar a cualquiera, como le tocó a Karen ese día, le podía haber tocado a su compañera de trabajo, que era su amiga. O me podía haber tocado a mí.
- ¿Cómo seguís tu vida de aquí en adelante?
- No pienso qué vamos a hacer mañana. Yo cambié mucho mi forma de pensar en ese momento. Ese día, a las seis de la tarde estábamos riéndonos, charlando y compartiendo un mate, a las nueve volvimos a compartir otro mate, y a las nueve y cuarto mi hija no existía más: mi hija se me durmió y no volvió a despertar. Entonces yo no puedo pensar qué va a pasar de acá a unas horas o mañana porque en un segundo te cambia la vida. Vivimos el momento y pensando que uno tiene que seguir. Y trato de contener mis miedos porque mis hijos tienen que seguir adelante.
- Y vos también...
- Digamos que sí. Soy un cuerpo que camina, pero por dentro estoy como un queso: toda agujereada. Trato de estar bien por los míos, pero hago lo que puedo, no lo que quiero.
- Después de lo que pasó, ¿qué sentís hoy?
- No siento bronca, siento culpa por no haber podido hacer nada por ella en ese momento. Es culpa porque tal vez se podía haber evitado, estoy segura de que si no hubiese estado esa picana en ese kiosco, mi hija estaría con nosotros. Yo soy muy impulsiva y siempre dije que daba la vida por mis hijos. Y ella tenía algo de eso, por eso creo lo que mi hija quiso hacer cuando agarró esa picana, era cuidar a su mamá.
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