El artista francés volvió a pasar por Mendoza y entregó un show de esos que ya nos tiene acostumbrados: con las protestas de las causas más urgentes y la música como el central argumento.
Anoche, más de 5.000 mil personas se hicieron presentes en el estadio Andes Talleres - como aquella última vez de 2011- para ser partícipes de otra nueva aventura; la fiesta más consciente que tiene el rock del país que lo presenta nuevamente como el gran animador.
Un artista con un poder de convocatoria muy impactante y con la necesidad latente de poner el cuerpo por los reclamos que considera vital. La protesta y su correspondiente sentimiento de lucha, por una extraña razón, se transforman en musical, en ese poder energético que invita a bailar y moverse sin más que la alegría como único fin.
"Pase lo que pase, sea lo que sea...", grita desde el escenario y miles de personas lo acompañan a terminar lo que ya se convirtió en una marca registrada de Manu Chao: "Próxima estación: ¡esperanza!".
Claro que hay tiempo para que hablen los asambleístas de Tupungato que subieron al escenario para defender el agua pura y la ley 7722 de regulación de la actividad minera. También para los miembros de la Biblioteca Popular “Pablito González” del Barrio La Gloria, quienes se manifestaron en contra de la represión policial y los casos de gatillo fácil.
Pero el clima, ante todo, es de celebración y ni siquiera el recuerdo de estas luchas o los palos de alguna manifestación opacan la fiesta. Y para eso, Manu tiene su banda: a Jean Michel Dercourt “Gambeat”, en samples, teclas y bajo, y aMadjid "Magic" Fahem, su fiel guitarrista. Con ellos lanza la misma molotov de hace años. Saben de sobra los ritmos que interpretaran: rumba, ska, flamenco, punk, reggae y el componente exacto de sabor latino.
Los hits son los mismos y se encuentran intactos: King of bongo, Próxima estación esperanza, Mr. Bobby Marley, La primavera, La carretera, Clandestino, La vida Tómbola, Desaparecido, Welcome to Tijuana, Rainin’ in Paradize, Y ahora qué, Cinco razones, Mentira yQue horas son mi corazón.... Adentro, el calor nunca se enteró de la lluvia incesante y las dos horas y media de concierto pasan casi inadvertidos. La sensación final es que la única protagonista de la noche fue la fiesta. Una fiesta que transita como una aventura…la aventura más consciente que se puede presenciar hoy en día.
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