Las manos de mi papá

Las manos de mi papá
Histórico. Marcelo y Matías González son padre e hijo y juegan en Huracán de barrio La France. Papá, a los 39, es arquero; el pibe es defensor y tiene 18.

Hace 18 años, en una tarde de verano, las manos de Marcelo González cargaban un bebé cuando Racing de Nueva Italia salió a una de las polvorientas canchas de la entonces Asociación Cordobesa de Fútbol. Ese bebé era Matías, su primer hijo y hoy, con el paso del tiempo, esas mismas manos son las que manejan el auto para ir todos los días a entrenar a barrio La France.

Es que la cancha del Luminoso fue, es y será testigo de un hecho único: González padre e hijo son compañeros en el equipo verde y amarillo que pelea sábado a sábado la permanencia en la Primera A de la Liga Cordobesa.

Y esas mismas manos son las que tratan de evitar los goles, ya que Marcelo es el arquero del club donde brillaran Salvador Mastrosimone y José Luis Cucciuffo, entre otros. El padre de familia, que tiene 39 años, cuenta su sensación de compartir plantel con su primogénito: “Es raro pero lindo a la vez. Es algo que no lo tenía en mis planes. Fueron pasando los años y, cuando me di cuenta, tenía 16 ó 17 y ya jugábamos juntos en los picados. Gracias a Dios se hizo realidad este año”.

Para que Marcelo jugara en Huracán, el mismo Matías fue el que se movió como una especie de representante de su propio papá. “Hablé con los profes nuevos; ellos ya lo conocían. Él no conseguía club en el campo y, cuando me pidieron el número de teléfono se los di. Se comunicaron entre ellos y por suerte se dio de que él viniera a jugar acá. La sensación de tener que jugar padre e hijo es muy linda. Le estoy muy agradecido a los profes y a Huracán por esta chance”, explicó el nene que ya tiene 18 años.

Con una trayectoria extensísima que arranca en Racing y con paso por muchos clubes de la Liga Cordobesa y en el interior, Marcelo es el arquero titular de este Huracán que quiere zafar del descenso. En el debut de la dupla padre-hijo, el sábado 27 de julio, el equipo le ganó 2-1 a Libertad, de local. El segundo partido que jugaron juntos no fue tan feliz porque el Luminoso perdió 2-0, de visitante, ante Barrio Parque. El veterano cuidapalos tiene bien cerquita a su hijo que juega de defensor.

“Él sabe que, cuando lo ordeno o le grito, es por el bien del equipo. Traté de olvidarme que estoy con mi hijo porque por ahí no medís con la misma vara. Él es un pibe que todavía tiene que aprender mucho pero creo que va por el buen camino. Al igual que varios de los chicos que juegan en primera”, contó Marcelo.

Y el nene lo trata con buena onda a su viejo a la hora de escucharlo gritar desde atrás: “Hay veces que te da un poco de cosa decirle que me deje de gritar, pero sé que lo hace por el bien mío y del equipo. Hay que estar tranquilos”.

Lo primero es la familia. En la casa de los González, en barrio Los Álamos, sólo se habla de fútbol. Mamá Roxana está acostumbrada porque hace casi 20 años que está casada con un futbolista y Mateo, de seis años, el más chiquito de los hermanos, ya se perfila como jugador de las Cebollitas de Huracán.

Las que ya están un poco cansadas de la pelotita son Agustina y Mayte, de 9 y 13 años. “Son antifutboleras”, se ríe Matías. “Se van a tener que terminar de acostumbrar”, afirma Marcelo. Y la pasión por el deporte es más fuerte y, sobre todo, cuando en el mismo equipo están el papá y el hijo mayor de la familia.

“Ahora mi mamá quiere conseguir quien la lleve a catequesis a mi hermana más chica porque dice que da gusto vernos jugar juntos a mi papá y a mí. Se quiere venir a la cancha a toda costa”, se divierte contándolo Matías.

Y el cariño entre los familiares es fundamental. A pesar de querer separar el lazo indisoluble de padre a hijo, Marcelo le tira un gesto de orgullo a Matías:

“Constantemente le hago chistes, juegos. Lo tomo como un compañero más, un amigo. Por ahí soy un poco duro con los consejos. Jamás le voy a decir que jugó un partidazo, al contrario. Siempre le estoy buscando el error que tuvo para que no se la crea”. Y el pibe, que ya se soltó, le tira bromas: “Soy cariñoso sobre todo cuando le tengo que pedir favores, jajaja. Somos muy amigos adentro y afuera de la cancha”.

Y, a la orden del técnico, papá Marcelo da el ejemplo. Es el primero en entrar a la cancha para entrenar. Y a Matías no le queda otra que seguir a su papá. Es la linda imagen familiar de los González.

.............

El papá

Marcelo. Arquero. 39 años, se inició en Racing, pasó por Bella Vista, Peñarol, entre otros clubes de la Liga Cordobesa. También jugó en muchas ligas del interior.

El hijo

Matías. Defensor. 18 años y su carrera se desarrolla sólo en el Luminoso. Estudia ingeniería en sistemas. Su sueño es triunfar en el fútbol. Admira a su papá.

............

González

La familia se completa con mamá Roxana y los hermanitos más chicos: Agustina, Mayte y Mateo.

.......

El fútbol no es todo

A pesar de la pasión que genera el fútbol en los González, los dos tienen claro que hay que hacer otras actividades. Marcelo, que entrenó arqueros en Racing y tuvo una escuelita para pibes del puesto junto a Ramón Álvarez y Rubén Del Olmo, también se dedica a la venta de electrodomésticos en forma particular.

Matías, en cambio, se inscribió este año en la UTN donde estudia ingeniería en sistemas. “Si no estudiás no sos nada, a la tarde podés hacer deporte. Me gustaría llegar a algo en el fútbol porque juego desde los cinco años. Ojalá se me dé”, dijo Matías. Y Marcelo, sobre el futuro de su hijo, analizó: “Le faltan un par de cositas para mejorar pero lo va a hacer y espero que le vaya bien. Huracán tiene que ser una vidriera para pegar el salto”.

Y en el pata-tenis del precalentamiento en la cancha luminosa se quieren ganar. Siempre juegan en contra. Pero, cuando salen a la cancha, dan todo por el equipo.

Porque son una familia. “Estoy agradecido a la vida por tener un pibe sano que le gusta el deporte y me sigue desde que nació”, se emocionó Marcelo al hablar de su hijo. Y el nene, con sus palabras, colaboró a esa emoción cuando le devolvió gentilezas: “Me gustaría ser como él cuando sea grande. Él es un ejemplo para mí, para mis hermanos y para mi mamá. Hace muchas cosas adentro y afuera de la casa para nosotros. No creo que haya muchas personas como él. Acá en el club es un buen compañero, un buen padre. El está para aconsejarnos y para aportar su experiencia”.

.....

El debut

La primera alegría y la primera tristeza

El 27 de julio Marcelo González, con 39 años, debuta en Huracán y lo hace con su hijo que ya venía jugando en el Luminoso. Le ganaron 2-1 a Libertad. Una semana después, perdieron 2-0 ante Barrio Parque.

...........

OPINIÓN: Mario Bocalón DT de Huracán

Ojalá que sigan llevándose tan bien en la vida

Marcelo es una persona que tiene mucha seriedad para el trabajo, es casi un profesional. De esa manera se lo transmite al hijo, que tiene varios partidos pero está haciendo sus primeras armas. Se llevan bien y lo poco que lo conozco, se ve que es de buena cuna. Y por eso se llevan bien los dos. El papá debutó contra Libertad. Demostró seguridad en los tres palos y, a su vez guiándolos a los defensores, de los cuales uno es el hijo. Sin el maltrato, porque la pasión del fútbol hace que se equivoquen en algunos gestos. Le salió bien el partido, los goles son accidentes. Por el momento están bien y esperemos que sigan llevándose bien durante los partidos y en su vida diaria también.

........

Historia Luminosa

Fundado el 20 de noviembre de 1920, Huracán está ubicado actualmente en el pasaje Garayar de barrio La France aunque, en su nacimiento, se situaba en barrio San Martín.

Su mayor logro fue en 1993 cuando se consagró campeón de la Liga Cordobesa por primera vez.

El apodo de los Luminosos se debe a que, con la colaboración de la Cervecería Río Segundo, fue el primer estadio iluminado en Sudamérica. Del club salieron figuras como Salvador Mastrosimone, José Luis Cucciuffo, Pedro Algarve, los hermanos Torletti, entre otros.

Comentá la nota