El Lobo de Troglio fue presión, dinámica y entrega. El salto de categoría parece que no lo apartará del libreto
ASFIXIA Y ORDEN
Antes del partido, Troglio y Ricardo Zielinski pactaron hacer dos tiempos de cuarenta minutos cada uno, por lo que el choque tuvo ribetes muy parecidos a los de una presentación formal. Por ser el primer contacto fuerte con el balón tras un par de semanas de trabajo físico al límite, se lo vio bastante suelto al elenco albiazul y no tan falto de distancia ni de precisión en el manejo del esférico. Tener enfrente a uno de los equipos de mayor rigurosidad táctica de la Primera División no fue impedimento para que se viera un Lobo protagónico, que apuntó a reinar en el manejo del trámite, a imponer las condiciones de juego y no ser un espectador de los designios de su adversario.
El equipo tuvo un módulo 4-4-2 flexible, con Ignacio Fernández metido como doble cinco al lado de Pouso, desde el centro hacia la izquierda, cuando el rival tenía la pelota, al tiempo que se convertía en enlace con libertad para aparecer por cualquier sector en tres cuartos cuando la pelota era patrimonio de Gimnasia.
El juego albiazul se basó en la presión para asfixiar el traslado de balón del Pirata y la dinámica para que la transición defensa-ataque fuera en el menor tiempo posible. Lejos de adormecer el esférico, el Lobo apostó por la dinámica. Corte en la mitad de la cancha y rápidos flechazos por las bandas para encontrar al adversario a contrapierna.
Fue justamente por poner la pelota, de manera veloz, en zona de riesgo del rival, que llegó la apertura del marcador. Belgrano estaba saliendo, Gimnasia recuperó la tenencia por la derecha y, atento y preciso, Franco Mussis metió un centro que fue como una daga afilada al corazón de la zaga cordobesa. Con efecto y mucho veneno, el envío no pudo ser restado por los zagueros, Pereyra falló al definir, pero Borghello tomó la sobra y concretó con remate suave al caño izquierdo de un Juan Carlos Olave que, tapado, sólo reaccionó cuando el 1 a 0 era un hecho consumado.
Antes, el propio Pereyra ya había tenido una ocasión manifiesta de gol, al mandar una pelota que se fue por encima del horizontal tras picarla. En el primer tiempo. Gimnasia fue claramente superior. Sin descollar, se mostró sólido en defensa e impermeable en el centro del campo, donde cubrió espacios por despliegue y por orden. Juan Pablo Rodríguez, uno de los flamantes refuerzos, parece haber estudiado bien las partituras tácticas en sus primeros días y el Memo, otro de los nuevos, estuvo atento para jugar en la línea del último hombre de la defensa celeste y, desde allí, tirar diagonales en señal de desmarque.
EQUILIBRADO
El segundo tiempo fue bastante más equilibrado que el primero, aunque con Gimnasia un paso por delante. De ambos lados hubo intensidad, a tal punto que poco faltó para que se convirtiera en hostilidad cuando el “Picante” Pereyra le dio un codazo a Osvaldo Barsottini, que reaccionó y fue calmado por el Mono Monetti.
De movida se lucieron los arqueros. Primera el de Belgrano con una gran tapada a Facundo Pereyra para evitar el 2 a 0 y luego de Monetti con una salvada providencial ante Carrera.
Troglio metió cambios y con Matías García, Miloc y Meza en cancha, el mediocampo cambió casi por completo, aunque con la misma línea de juego. El “Caco” aportó mucho volumen de juego -es un futbolista de buena técnica individual- y las combinaciones con Licht generaron mucha llegada por banda izquierda.
Quizás un mínimo lunar dentro de una producción positiva en lo general, fue el número de faltas cometidas cerca del área de Monetti, que derivaron en acciones de balón parado en contra.
Pasó la primera prueba para el Lobo. Los resultados en contiendas amistosas suelen tener un cariz relativo. Por eso, más que el 1-0 en sí, el costado positivo para Gimnasia pasa por el buen funcionamiento, la consolidación de una idea y la búsqueda de mantener inalterable un libreto, sin importar el cambio de categoría.


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