Tienen trillizos o mellizos y cuentan cómo se las arreglaron para amamantarlos, cambiarles los pañales y atenderlos. Hoy reciben el cariño y el afecto de sus familiares y celebran con alegría
Por lo general, las mujeres que desean ser madres reciben con alegría la noticia de un embarazo. Pero cuando este acontecimiento llega con la novedad de que en el vientre se albergan no uno sino dos, tres o en algunos casos más niños, la sorpresa se expande a toda la familia.
Cómo van a cuidarlos, de qué manera van a mantenerlos y otras cuestiones desvelan a los padres en ese instante. Sin embargo, con el correr de los meses y al momento del parto, entre familiares y amigos son muchos los que se acercan a ayudar y colaborar con esas mamás que atraviesan un embarazo múltiple.
Hoy, el Día de la Madre, tres mujeres comparten su experiencia y cuentan cuáles fueron sus inquietudes iniciales y cómo se las arreglaron para poder criar a más de un bebé a la vez.
Una de ellas es Marina Jaubert, mamá de Agustina, Florencia y Guillermina, quienes nacieron el 3 de enero de 2007.
“En mi familia hay varios antecedentes de embarazos múltiples: yo tengo un hermano mellizo, tengo una prima y un primo que son mellizos, y mi mamá tiene hermanos mayores que también son mellizos”, contó a UNO.
Ella tenía 32 años cuando quedó embarazada. En ese entonces lo que más le preocupaba era cómo iba a hacer para poder garantizarle a las bebas la leche y los pañales, pero sobre todo cómo brindarles el mismo afecto sin que ellas sintieran diferencia.
“Me preguntaba cómo iba a hacer para darles el pecho a tres teniendo dos pechos y dos brazos solamente”, recordó con simpatía.
Las bebas nacieron a los siete meses de gestación y Marina tuvo que dejar por un tiempo su trabajo en una de la Facultad de Ciencias de la Gestión en la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) y hacer reposo absoluto. En este sentido, comentó: “Yo era de contextura chica y tenía que preservarlas en su crecimiento, porque eran muy inquietas en la panza y algún movimiento que ellas hacían terminaba internada”.
Muy familieros
Las bebas eran muy chiquitas cuando nacieron: Agustina pesó 1,500 kilogramos; Florencia, 1,660; y Guillermina 1,640 kilogramos. Estuvieron 38 días en Neonatología para que aumentaran de peso y Marina agradeció a las enfermeras y destacó que a pesar de nacer sietemesinas no tuvieron ningún inconveniente en su salud.
Cuando les dieron el alta, junto a su esposo Adrián Lederhos, se fueron a vivir durante dos años a la casa de los padres de Marina, hasta que se mudaron a su propio hogar. “Mi mamá y mi papá nos ayudaron muchísimo y las siguen cuidando cuando mi esposo y yo nos vamos a trabajar. Ellas tomaron teta hasta los 7 meses y tenía que turnarme: a una le tocaba la teta y a la otra la mamadera, en una vuelta dos tomaban teta y a la siguiente tomaba una sola, y así fui tratando de equilibrar. Es como cualquier mamá que tiene tres hijos, con la diferencia de que acá eran las tres juntas. Pero gracias a la ayuda de nuestras familias que siempre estuvieron pudimos ir resolviendo todas las situaciones”, dijo, y agregó: “Ahora las llevo a la escuela, pero mi mamá las busca y se quedan en su casa hasta que yo llego. Después hacen otras actividades, como ir a catequesis, bailan en un ballet de la Asociación Alemana y van a folclore”.
“Somos muy familieros y sin mi mamá no soy nada”, enfatizó Marina, mientras peinaba ayer a sus hijas para ir a un casamiento y contó que van a almorzar en la casa de su madre hoy, en una jornada tan especial.
Por último, confió que le hubiese gustado tener más hijos, pero que nadie le garantizaba que no fuese nuevamente un embarazo múltiple.
“Si Dios me mandó tres y podemos criarlas y hacer cosas con ellas somos muy felices. Además, los autos vienen solo para cinco personas”, dijo a modo de broma, a la vez que destacó: “Lo mejor que me pasó en la vida es ser mamá de esas bellezas, estoy enamorada de ellas y las amo”, señaló.
Adriana recordó su embarazo
Adriana Peralta tenía 24 años cuando se enteró de que estaba encinta de gemelos. No fue una situación fácil al principio: “Me quedé sola, porque el papá se asustó, se fue y nunca se acercó a conocerlos. Pero con la ayuda de mis amigos y mis hermanos transité el embarazo. Era como si estábamos todos embarazados”, contó a UNO entre risas.
Pasó esta etapa sin complicaciones y dio a luz a las 38 semanas y media. “No necesité hacer reposo, aunque tenía una panza enorme no tuve ninguna complicación. Aumenté alrededor de 34 kilos y anduve para todos lados. Fue un embarazo hermoso”, recordó.
Jeremías nació con 3,700 kilogramos y Carola con 3,220. “Nacieron gigantes, preciosos. Los miraba y no lo podía creer. Fue una experiencia divina”, aseguró Adriana, y afirmó que nunca sintió náuseas y otros síntomas que suelen aparecer en esta etapa.
Crió a sus niños sola hasta que a los dos años y medio conoció a su actual pareja. Tuvo dos hijos más y conformaron una gran familia. “Hoy tengo además a Ignacio, de 7 años, y a Delfina de 4. Mi pareja es el papá que conocieron los gemelos”, dijo.
Hoy trabaja en su casa haciendo trabajos de costura y tortas por encargo. Es una madre muy dedicada y pendiente de sus niños. Durante estos días incrementó su labor porque Jeremías, uno de los gemelos, tiene hiperobesidad y debe afrontar los costos de una serie de análisis que la obra social no cubre. “Tengo que juntar dinero y hago tartas de fruta por encargo”, dijo, y dejó su número de celular para quien quiera hacer un encargo y colaborar: (0343)154648617.
“Hoy voy a pasar el Día de la Madre con ellos. “Me despiertan saltando a las 6.30 de la mañana en la cama cada Día de la Madre y me empiezan a gritar ‘feliz día mamá, mirá lo que te hice’, me preparan el mate y me besan y me abrazan. Amo a mis hijos”, concluyó.
La felicidad de tener trillizos
Nancy Cejas vive junto a su esposo y sus niños en San Benito y agradece la tranquilidad del pueblo para criar a sus hijos, que llegaron al mundo tras un tratamiento médico, ya que no podía quedar embarazada por un desorden hormonal. “Me equilibraron las hormonas y me dieron estimulación para que mis ovarios empezaran a funcionar. Ni bien comencé con este tratamiento quedé embarazada de tres”, contó a UNO.
“Cuando me enteré me dio una tentación de risa. A medida que iba avanzando en el tratamiento hormonal había escuchado que podían ser más de uno, pero nunca pensé que me iba a tocar a mí”, aseguró.
En ese entonces debió dejar de trabajar y hacer reposo. Al ser tres, tenía muchos dolores en el vientre y el riesgo se incrementaba. Incluso tuvieron que adelantarle la cesárea por un cuadro de hipertensión. Los bebés nacieron un caluroso 8 de diciembre de 2012. Lucas Nahuel pesó 1,800 kilogramos; Melanie Loreley 1,640 y Lourdes Geraldine 1,645.
Debido a su tamaño, debieron permanecer internados un mes en Neonatología para recuperar peso. “Cuando nos dieron el alta, a la noche mi marido me ayudaba a darles la leche, ya que se despertaban cada tres horas. Durante el día, cuando él se iba a trabajar, estaba mi mamá conmigo. A los seis meses ella se enfermó y me ayudó mi papá”, recordó Nancy. Hoy se las arregla sola y tiene una rutina bastante ordenada: “No puedo trabajar, porque sería cambiar la plata para que alguien me los cuide, así que me dedico a ellos”. En este marco, relató que los pequeños se despiertan a las 9, los levanta, les da la leche, los cambia, y reparten el resto de la mañana jugando y mirando televisión.
“Al mediodía se sientan en su mesa con su sillita y comen solos. A la media hora les da sueño, les doy la leche y se acuestan. Se van un rato con la vecina y aprovecho a hacer algo de la casa, porque si no tengo que estar prestándoles atención todo el tiempo, ya que están en la edad en que quieren descubrir todo”, dijo.
Nancy asegura que al principio quería tener más hijos, pero no quiere arriesgarse a tener otro embarazo múltiple, ya que con el tratamiento que realizó es muy probable que eso ocurra. “Mi vida cambió en un 300%”, aseveró.
Asimismo, rememoró: “Antes tenía una vida bastante tranquila, trabajaba, agarraba la moto y visitaba a alguna amiga, iba y venía. Ahora tengo que estar todo el día en mi casa y cuando llega el fin de semana estoy ansiosa por irme de paseo a algún lado, y tengo que bañarlos, cambiarlos, aprontar las cosas, es todo un trámite”. Por último, indicó “Es un día muy especial, multiplicado por tres”.
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