El caso de Micaela comenzó y terminó en Facebook. Caso cerrado.
Redes sociales, facebook, twitter: ¿Héroes o demonios? Cada día sale a la luz un nuevo caso donde personas de distinto sexo, en su mayoría adolescentes, quedan atrapados o son protagonistas –como víctimas o victimarios - de algún ilícito que se comete a través de las redes: evasión de hogar, estafas, fraudes, inducción a la trata de personas, a la esclavitud sexual, o la explotación laboral.
"Las redes sociales sirven para encontrar a la gente que ha desaparecido, pero también sirven para que la gente desaparezca", dijo Ana Moviglia, la madre de Micaela Marcozzi, la chica de 17 años que desapareció hace una semana de su casa de Gonnet cuando se dirigía al colegio y fue hallada el sábado en Tigre, sana y salva. El caso es paradigmático. Comenzó y terminó en Facebook. Todo un dato.
La chica había ido a contactarse con un hombre a quien había conocido un mes antes a través de su cuenta en Facebook. Como suele ocurrir en estos casos, nunca lo había visto en persona. Para dar con su paradero, los detectives de la DDI de La Plata y del fiscal Marcelo Martini tuvieron que rastrear una a una sus rastros en la red de redes.
A través de sus posteos, diálogos por chat privado, fotos y enlaces, los investigadores en poco tiempo pudieron establecer que la adolescente estaba en buen estado de salud.
La última persona que la había visto a Micaela había sido su madre. Ana Moviglia la llevó el martes pasado al colegio Universitas, y la dejó en la esquina La chica, de 17 años, no ingresó. Se fue a la estación de trenes y escapó. Se tomó un taxi hasta Retiro. "Te paga mi novio cuando llegamos", le dijo ella al taxista.
Al llegar, el “novio” le pagó al conductor 400 pesos por el viaje y otros 50 por la espera. El testimonio del chofer quedó en la causa: "Se besaron como novios y se fueron”.
Los detalles fisonómicos que aportó el taxista fueron cruzados con los contactos y “amigos” de Micaela en Facebook. Así dieron con el sospechoso.
En sus perfiles no figuraban como pareja o novios. Pero en el chat privado pudieron acreditar sus últimas actividades entre ambos, que se habían cortado, precisamente, tras la fuga de la adolescente. Así lo ubicaron al sujeto y a su lugar de residencia. La parejita se hallaba en una vivienda ubicada en Rincón de Milberg, en el partido de Tigre, donde el sujeto, un albañil de 26 años, vivía con sus padres.
Micaela estaba bien. Dijo que “por propia voluntad”. Y que “no pensaba regresar a su casa”.
La fiscalía cruzó los registros en Facebook con llamadas y mensajes de texto. Esos datos permitieron cerrar el rastreo sobre el domicilio del novio. “Aquí no hubo delito”, sentenció ayer el fiscal Marcelo Martini, quien además dispuso que se brinde contención psicológica a Micaela.
Privacidad al desnudo
Las personas creen que sus datos están resguardados y a salvo en sus cuentas de Facebook. Pero la empresa, sólo con una orden judicial, devela (los aporta a la Justicia) todos los contenidos, incluso los chat y los posteos privados
El rastreo de “huellas virtuales”
El rastreo por “huellas virtuales” es considerado un matiz en continuo perfeccionamiento en materia criminal. En la investigación se trata de determinar si hubo o no una causa que explique la fuga, para descartar si la persona a ser buscada se fue de su hogar por una cuestión familiar.
Si no existe un motivo plausible que explique la ausencia, se comienzan a analizar las últimas interacciones de la persona desaparecida en las diferentes redes sociales, especialmente Facebook y Twitter.
Atrapados en las redes
- Walter Vinader alias “Hannibal”, contactaba a sus mujeres a través del Facebool. Primero se mostraba gentil y galán. Cuando concretaba la relación evidenciaba toda su violencia.
-En tanto, el domingo reapareció Natalia Lemos, de 15 años, quien llevaba diez días sin volver a su casa de Longchamps. También se había ido con un amigo a quien conocía por Facebook.
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