“Nosotros teníamos en el 98 un nylon y cañas tacuara, no teníamos sillas ni mesas, absolutamente nada, sólo las ganas y la voluntad de querer cambiar la realidad del Pacará”.
Mirando una fotografía, la presidenta de Madres Unidas del Pacará recordó todos y cada uno de los problemas que tuvieron que afrontar para poder sacar a sus hijos de las drogas. Esos chicos son los mismos que hoy construyen un espacio para trabajar.
Gladis continuó: “De un nylon negro pasamos a un galpón de chapa, después pasamos a esto -indicando el edificio donde hoy se encuentran- y ahora vamos por la Cooperativa Pacará Trabaja”.
En la construcción de esta última se encuentran activos, por el momento, unos 25 jóvenes de distintos barrios como Villa del Carmen, Don Bosco, Río Dulce y Avenida.
Gladis comentó que a veces llegan a 80 los chicos que contribuyen para llevar adelante este importante proyecto. De ellos “la mayoría estaban en las esquinas pidiendo monedas o en el mercado, algunos tienen antecedentes penales por consumir marihuana o por algún delito”.
A lo largo de estos quince años, Madres Unidas del Pacará intentó no sólo ayudar con un plato de comida a los niños y adolescentes del barrio.
Su principal objetivo fue demostrarles a todos “sus hijos” -como ellas los consideran- que la vida es sacrificada pero “vale la pena, que el pan se consigue con el sudor de la frente; que la familia es lo más importante y que una mano con la otra tienen que ser siempre solidaria, pensando que el otro soy yo”, expresó emocionada.
Desde un principio, las mujeres sabían que la tarea que les esperaba no era nada fácil, aún así decidieron continuar. Hoy son reconocidas por su noble accionar y según ellas, la victoria se debe a la “unión”, entienden que “unificar pensamientos es difícil, pero se unifica cuando hay un hijo de por medio”.
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