Lo dijo la mamá de Ana Lourdes Quiroga, la nena estuvo cuatro horas sola en El Pastal. La encontró un familiar y este lunes sus padres agradecieron el apoyo de todos. Una historia policial con final feliz.
Se notaba que no quería soltarla, por el dolor que le causó haber pensado que podía perderla. "Gracias a Dios, está bien, lo que me pasó no se lo deseo a nadie", señaló esta joven ama de casa después de declarar este lunes a las 17.20 ante el ayudante fiscal Humberto Panelli y pasar los controles del Cuerpo Médico Forense.
El caso de la pequeña movilizó al aparato policial y judicial y se temía lo peor, porque pasaban las horas y Ana Lourdes no aparecía. Minutos antes de las 18 del domingo, jugaba con sus dos hermanitas (de cuatro y un año) y algunas primas en la vivienda de su abuelo paterno, situada en el puesto Núñez, sobre calle San Esteban, en el límite entre Las Heras y Lavalle, cuando dejaron de verla.
Mientras todo el aparato judicial y policial que se convocó para buscarla ya trabajaba incansablemente en toda la finca sin la luz del sol, llegó a las 22 clavadas un joven que participaba en el rastrillaje con la pequeña en brazos: el héroe del día fue Marcelo Ghilardi (21), un pariente de la niña que la encontró, completamente mojada y embarrada y al borde las lágrimas, gracias a que detectó las huellas de sus zapatillas en la tierra con un reflector, a más de un kilómetro de la humilde morada donde pasaba la tarde (ver aparte).
La mamá de la niña salió de la dependencia judicial y subió a una camioneta de la Policía que la depositaría otra vez en su casa después de una larga jornada. Allí dialogó con El Sol. "Casi no puedo hablar. Mientras la buscaban, estaba desperada. Siempre creí que la iban a hallar, pero los momentos previos fueron duros", dijo.
La pequeña de dos años y medio vive con su familia en El Borbollón, frente a la cárcel de mujeres. Este lunes su padre también se mostró tranquilo después de haber encontrado a su hija. "Fue un momento complicado. Lo primero que hicimos fue buscarla, pero no la encontramos. La Policía trabajó muy bien", señaló Jorge Quiroga (32), en su casa de calle Paso Hondo.
Quiroga señaló que el domingo fueron hasta la hogar de su padre, donde también vive su hermana Graciela, para disfrutar del cálido domingo familiar. "No pudimos ver a mi papá el Día del Padre y fuimos para su morada para darle el regalo. Nos quedamos a almorzar y a pasar la tarde. Pero en un momento dejamos de verla mientras jugaba con sus hermanas y las primas", agregó el hombre. Graciela también contó cómo fue que se perdió la criatura y explicó que su familia estuvo llamando casi una hora al 911.
"No contestaban. No sabemos igualmente qué pasó con mi sobrina. No era de irse. Cuando la fuimos a buscar, no estaba. Allí la buscamos, pero no aparecía. Mientras, llamábamos a la policía, pero no contestaban", explicó la mujer. De todas formas, el progenitor de Ana Lourdes señaló que estaba agradecido por el trabajo desplegado por la Policía y la Justicia y los vecinos. "Trabajaron fuerte por mi hija", señaló.
Ana Lourdes desapareció a las 18. Vecinos y familiares la buscaron por varias fincas aledañas. Personal policial de Canes, Científica e Investigaciones, además de Bomberos y funcionarios judiciales liderados por el fiscal Fernando Giunta, salió en su búsqueda con todos los elementos de iluminación que tenían a su alcance.
Además, los apoyaba el Halcón I, el helicóptero de la fuerza. Más de cien personas trabajaron en el operativo. Los efectivos creían que era difícil encontrarla a la noche, pero lo lograron. La historia sorprendió a todos, porque "se trató de una niña de hierro", tal como sentenciaron policías lavallinos.
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"No voy olvidarme jamás de esto". Estas palabras pertenecen a Marcelo Ghilardi, el joven de 21 años que encontró a la pequeña Ana Lourdes Quiroga a más de un kilómetro del lugar donde se perdió, el domingo a la noche en El Pastal.
Marcelo, quien trabaja como maquinista vial, contó que está casado con una sobrina del padre de Ana y explicó cómo participó en el operativo. "Le pedí a mi jefe si me podían prestar una camioneta y me dijo que sí. Junto con él salimos a buscarla con un reflector por la zona. Anduvimos con la camioneta, una Ford, por algunas fincas aledañas y encontramos pisadas pequeñas, así que creíamos que estábamos cerca", señaló.
Y agregó: "Con el reflector la encontramos calladita, acostadita al lado de unos yuyos en un callejón. Cuando me vio, me abrazó y se puso a llorar. La metimos a la camioneta y le pusimos la calefacción, porque estaba mojada, embarrada, había cruzado unas canaletas de riego, las que están entre los parrales y parece que se quedó quietita cuando oscureció". A toda velocidad, llevaron a la niña hasta los brazos de su madre, que la esperó con lágrimas en los ojos. "No me olvido más de esto. Yo lo único que quería era que apareciera con vida", sentenció Marcelo, al lado de su mujer y su pequeño hijo.
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