Virginia Ortiz Beltrán (55) había dejado la comida preparada como para cenar en familia un rato más tarde. Raúl, uno de sus hijos, se había ido al gimnasio después de volver del trabajo y había coordinado con sus padres para que pasaran a buscarlo cuando saliera. La mujer y su marido fueron para allá, pero cuando estaba llegando vieron que el muchacho estaba caído en el piso y que dos asaltantes lo tenían encañonado en la cabeza. Desesperada y a los gritos, la madre empezó a correr hacia él. “¡Apuntale, matala!”, gritó uno de los ladrones al verla. Lo que siguió fue un disparo mortal.
Virginia cayó asesinada de un tiro en medio del pecho. Fue en la noche del lunes, alrededor de las 23, en un barrio humilde de la localidad de San José (ubicado al lado de Temperley), en el partido de Lomas de Zamora.
El hijo de la víctima, Raúl Ortiz (36), había salido un par de horas antes de trabajar en un lubricentro de Capital Federal y había ido a su casa. Estuvo un rato allí y decidió ir al gimnasio para despejar la cabeza. Cuando regresaba lo sorprendieron dos asaltantes, en la esquina de La Calandria y La Pampa (a una cuadra de la avenida Eva Perón). Los ladrones empezaron a pegarle y amenazaron con matarlo.
“Los delincuentes me tenían tirado en el piso. Yo les había dado todo lo que tenía, como para que no me pasara nada. Y así y todo me gatillaron dos veces en la cabeza, pero la bala por suerte no salió”, relató ayer el joven en la puerta de su casa. Y agregó, destrozado: “Mi vieja, que llegaba caminando junto a mi papá, vio que estaban robándome y salió corriendo para defenderme. Le apuntaron y la mataron, directamente”.
La mujer había ido con su marido a encontrarse con él como una medida de prevención contra los robos. “Yo en general los llamaba para que pasaran a buscarme, porque esta es una zona muy insegura”, explicó Raúl. “Fueron dos tipos que tendrían entre 20 y 30 años. Tenían el rostro cubierto con bufandas y usaban camperones. Y me robaron todo, porque yo ya les había entregado lo que tenía encima: el morral, la plata y el celular. Todo”, recordó.
Al ver a Virginia, los ladrones le dispararon. Luego salieron corriendo y se cree que terminaron escapando en un auto en el que los esperaba un tercer cómplice. Los investigadores buscaban cámaras de seguridad en la zona para intentar identificar el vehículo. Una hipótesis indicaba que podrían ser los mismos que, el domingo al mediodía, asaltaron y balearon en la cara a una embarazada de seis meses en Wilde. Ese caso –en el que la víctima sobrevivió de milagro– también está impune. Podría haber una coincidencia en el coche usado por los delincuentes.
Virginia quedó tirada en medio de la calle. “La tenía entre mis brazos y mi papá salió corriendo a buscar ayuda. Yo le pedía a mi mamá que aguantara, pero no hubo caso”, se lamentó Raúl. “Mi mamá aguantó lo que pudo, pero murió casi en el acto. Nadie quería llevarla al hospital”, se quejó.
El esposo de Virginia, Jonathan, también se mostraba desconsolado ayer. “Estamos todos con muchísimo dolor, era una madraza. Era la que más se ocupaba de todo en la casa. Era la tercera vez que asaltaban a mi hijo y en esta se llevaron a la madre. Ella vio que estaban gatillándole, salió corriendo y le tiraron. Fue así nomás”, contó, casi sin poder hablar.
“El tiro se oyó clarito y después empezamos a escuchar los gritos”, contó una vecina a Clarín. “Nosotros estábamos acostados y, cuando nos asomamos, vimos al esposo pidiendo auxilio. Al muchacho habían estado pegándole, pero cuando nosotros salimos los asaltantes ya se habían escapado. La mujer quedó en medio de la calle, pero el hijo la agarró y la arrastró hasta la vereda”, agregó.
La mujer era de nacionalidad boliviana, pero hacía muchos años que vivía aquí. Además de Raúl, era madre de Mónica (33). Vivían todos juntos en la esquina de Suiza y El Cardenal, en una casa modesta ubicada a siete cuadras de donde fue el crimen. Estaban construyendo nuevas habitaciones como para ganar un poco de comodidad y también tenían montado en el lugar un pequeño taller textil en el que trabajaban todos los días.
La propiedad estaba llena de parientes dolidos ayer. “Ella era el motor de la casa, la que organizaba todo. Destruyeron una familia, nos cagaron la vida”, contó un familiar a Clarín. “Virginia había dejado la comida lista para cenar y no volvió nunca más”, se lamentó un cuñado de la víctima. “Nosotros nos juntamos todos los domingos, hacemos un asadito y ella era la que organizaba todo. La conozco desde que tiene 14 años y de repente me encuentro con este desastre que hicieron. Ojalá pudiera tenerlos enfrente a estos tipos”, agregó otro integrante de la familia, llorando.
El homicidio es investigado por la DDI de Lomas de Zamora y el fiscal Gerardo Loureyro, de la UFI N° 7 de esa jurisdicción. Anoche todavía no había ningún detenido por el crimen. “La Policía no tiene nada todavía”, se lamentaba el esposo de la víctima.

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