La mujer en diálogo con LA VOZ indicó que su hija estaba “violeta y fría”. “Nunca había hecho reanimación. Le pedí a Dios que me ayudara para poder salvarle la vida a mi hija”. Dijo que pidió ayuda en el Dispensario de Gardey y le dijeron “andate a Tandil”.
Alejandrina Barrionuevo(35) es una madre que vive en el campo con su esposo Germán Noe Villar(37), una nena de 3 años y la beba Eva Lucía de 9 meses y en la noche del viernes la vida la puso en uno de los trances más difíciles que puede atravesar un ser humano, ver como se va apagando la vida de un hijo.
No obstante la historia tuvo un final feliz, porque la mujer sin tener conocimientos de RCP le realizó reanimación a su beba desde el domicilio ubicado en el kilómetro 197 de la ruta nacional 226 en La Pastora hasta que llegaron al Hospital de Niños Debilio Blanco Villegas.
La criatura estaba violeta y fría, según manifestó la madre en diálogo telefónico con LA VOZ, con el cansancio propio de haber pasado una noche sin pegar un ojo, aunque con la tranquilidad que la menor de la familia respira por sus propios medios y las enfermeras se aprestaban a comenzar a alimentarla por sonda, ya que llevaba más de un día sin ser alimentada.
Alejandrina dijo que la pequeña sufrió una convulsión en La Pastora, “me vine haciendo reanimación en el auto que conducía mi marido. Vinimos los cuatro, porque tengo otra nena de tres años”.
La mujer creyó que no iba a ser posible salvarle la vida, aunque se encomendó a Dios y dijo que seguramente recibió una ayura desde arriba “le hice reanimación sin conocimiento. Fue el instinto de madre, estaba violeta y fría. No quiero ni pensar en lo que pasamos”.
“Me sentí muy sola, porque llamé de urgencia a Gardey al Dispensario para que me ayudaran y lo único que me dijeron fue andate a Tandil”.
“Entramos por avenida Lunghi y pedimos ayuda a un patrullero. Me subo al móvil y sigo haciendo reanimación. En el Hospital tuvo otra convulsión pero lograron compensarla. Ella es prematura de 8 meses y nació con un peso 1,700 kilos”, indicó rememorando el dramático momento que le tocó atravesar.
En su desesperación y lo que tardaban en el viaje que se hizo eterno, pese a los pocos kilómetros que separan su casa del Hospital, indicó “cada vez que miraba las luces estaban tan lejos, no llegaba más”.
“Siempre creo en Dios. Eso que hice no se como lo hice. No se hacer RCP, le pedí a Dios que me enseñara lo que tenía que hacer”, referenció.
Sobre el momento en que la vida casi cambia para siempre para esta familia, dijo “la tuve a upa. Se cayó y se fue para adelante. Se empezó a enfriar, a temblar. Le hice masajes en la espalda teniéndola boca abajo y se ve que se estaba broncoaspirando porque lanzó muchas flemas.
La ayuda policial
El informe oficial da cuenta que el subteniente Blanco y la sargento Deanes fueron interceptados cerca de las 22.10 del viernes en Lunghi y Piccirilli por un hombre que pedía auxilio.
Los efectivos hicieron subir en la parte posterior del patrullero a la madre y la beda de 9 meses, que no presentaba signos vitales.
En tanto se avisó al 101 para que se comunicaran con el Hospital de Niños y estuviesen preparados para recibir a la criatura.
Mientras se concretaba el traslado la sargento Deanes le indicaba a la mamá que le siguiera masajeando el pecho y le diera aire con su propia boca.
En medios de gritos desgarradores tanto de la madre como de la mujer policía ingresaron al centro asistencial pediátrico.
Los facultativos lograron resucitarla a Eva Lucía, quien recobró los signos vitales y quedó internada en observación en el Hospital de Niños Debilio Blanco Villegas.
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