La madre de los chicos Ovejero, antes de morir: "Sé que están vivos"

La madre de los chicos Ovejero, antes de morir: "Sé que están vivos"
Dalmira Bersabé Vázquez, quien falleció en un choque en la ruta 64 el domingo, nunca se resignó a perder a sus pequeños hijos. “Mi sentir de madre me dice que están vivos, sólo le pido a Dios que estén bien”, dijo.
Publicado el 23/10/2012 - “Sé que mis hijos están vivos. También que nunca más los veré. Ojalá Dios me los cuide y hoy estén bien y tengan su familia...”

Durante 19 años, Dalmira Bersabé Vázquez cargó con el karma de deambular huérfana de Silvina y Marito, dos de sus diez hijos desaparecidos en 1993.

Tenían 7 y 8 años cuando fueron vistos por última vez a la vera del canal San Martín casi Libertad.

Ayer, sus hijos y demás familiares le tributaron un emotivo adiós.

Había fallecido el domingo a la madrugada, al estrellarse el auto en que se trasladaba con un tractor, en la ruta 64, en el paraje San Lorenzo.

Heridos

La tragedia incluyó dos heridos: Manuel Pinto, su pareja y Rosa Ovejero, una de sus hijas.

“Mi madre sufrió mucho la pérdida de mis dos hermanos”, reflexionó ayer Roxana, otra hija.

“Hijos, Silvina y Marito están bien. Lo siento. Me lo dice el corazón de madre”, se entusiasmaba Dalmira en sus tardes nostálgicas.

La mujer transitó por días tormentosos y de pesar. Lloró al recibir la noticia; luego fue detenida ante sospechas en su contra y experimentó fugaces noticias esperanzadoras.

La pista más firme que siguió el ex juez Aníbal Aguirre giraba en contra de un gitano, a quien se atribuía el rapto de los niños.

Venta de niños

Según la investigación, en 1993 los hermanitos fueron secuestrados e ingresados en un vehículo.

Mientras un grupo de buzos rastrillajaba en el canal hasta Loreto, los pequeños habrían sido sacados de la provincia.

Hubo especulaciones variadas: la mera apropiación por sí misma o un neto sesgo económico, es decir para ser vendidos.

Alguien sugirió que hasta alguna ex pareja de Dalmira habría inducido el secuestro de los niños.

Todas las pistas fueron cayéndose. La policía buscó en varias provincias.

Jamás alguien proveyó dato fuerte alguno.

Después de varios y largos meses de sequía investigativa, una mañana la policía santiagueña allanó una tribu gitana mientras se encontraba en Tucumán.

Rapidez

Algunos gitanos señalaron que antes pasaron por Santiago, pero dejaron en claro que desconocían el paradero de los menores.

Con los años, todo decayó. Inclusive, el propio gitano sospechoso desapareció del mapa.

Y no era una persona más. Su característica predominante era la ausencia de un brazo.

De a poco, cada cual retornó a su rutina.

Dalmira nunca tuvo paz. Siempre la agobió el ignorar que fue de sus hijos.

En el 2009 supo confesarle a EL LIBERAL: “Me despierto por las noches llorando”. La sobresaltaban las siluetas de dos niños caminando -en el calor- tomados de la mano.

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