Otro femicidio sacude a la provincia: Ultimó a su pareja tras dispararle con una escopeta a quemarropa. El hecho sucedió luego de una discusión. La mujer, que no tuvo oportunidad de defenderse, había radicado anteriormente una denuncia por violencia de género contra el agresor.
Cuando eran cerca de las siete de la mañana, pidió a viva voz que saliera Natalia Soledad Ibáñez (22 años).
En ese momento, se encontraban la chica buscada, su madre y algunos menores de edad. El jefe del hogar había salido temprano hacia el campo, donde trabaja, situación que el visitante se cree que conocía.
La joven salió al patio posterior del inmueble y con ella lo hizo una sobrina de diez años. Sin dar explicaciones, Farías le ordenó a la niña que se retirara si quería seguir con vida.
Se suscitó una breve discusión y se escuchó el estampido de un arma de fuego. Los moradores de la casa salieron y se encontraron con Natalia tirada en el piso y con su cuerpo cubierto de sangre.
El agresor, en tanto, se escabullía de la vivienda del barrio Belgrano Norte, en la periferia de Monte Quemado, para esconderse en una zona montuosa.
La madre de la joven herida llamó a su hermano, quien reside en las cercanías. Se comunicaron con la Policía y cuando llegó el profesional médico se constató que la víctima ya había expirado, producto de la perdigonada que la había alcanzado en el tórax.
Buscado y atrapado
Los efectivos de la Comisaría 22 salieron en busca del agresor, a quien localizaron rato después en un sector montuoso de la periferia de la ciudad.
Tenía en su poder la escopeta calibre 16 y en sus ropas había rastros de sangre, por lo que se las secuestró para ser analizadas por los peritos de Criminalística.
Se trataba de hallar el cartucho servido, ya que el “Tecla” Farías dijo que lo había arrojado en el monte y que volvió a cargar el arma.
También se le secuestraron los dos celulares que llevaba consigo y el de la chica baleada.
Asimismo, se le efectuaría el dosaje para determinar si estaba alcoholizado o bajo el efecto de sustancias prohibidas.
Se supo que habitualmente tomaba ansiolíticos, motivo por el cual se harán estudios sanguíneos.
El homicida mantenía una relación sentimental desde hacía unos cuatro años con Ibáñez, de quien era su vecino.
Él trabaja como playero en una de las dos estaciones de servicios copeña.
Fuentes policiales apuntaron que los jóvenes se conocían desde hacía tiempo, pero no vivían en la misma casa.l
Comentá la nota