El postulante de Compromiso Federal, se confiesa fan de Callejeros, vanidoso y sensible a las críticas. Su primo Sergio Embrioni, sus años en el Liceo y su primer recuerdo: un choque a los tres años.
Durante la entrevista, lo acompañan otro joven, amigo y colaborador, y un niñito. “Es más que mi sobrino”, dice a media sonrisa. “La gente me imagina, mayormente, como un tipo muy racional. Pero esa parte de mi ser es el escudo para proteger mi sensibilidad, mi intimidad”, confiesa.
En otra foto, Rosales y el niño posan abrazados. A diferencia de lo que suele suceder en campaña (que los candidatos se “roban” a los pequeños para, a la luz del flash, besarles la frente), esta vez el chico corrió desde el salón a la terraza para abrazar a su tío. Rosales le sonríe y no se resiste. “Soy un tipo muy afectuoso”.
-¿Cómo se compone tu familia?
-Mi mamá, mi papá, mi hermano y mis sobrinos.
-¿Sos de los que creen que “mejor solo que mal acompañado”?
-Sin lugar a dudas. Es muy difícil porque tenés que estar conciliado con vos mismo. Cuando vivía solo en Nueva York logré algo que si lo lográs te sentís muy bien: animarte a salir a comer solo. Pero no de ir a comer una hamburguesa. Digo, salir con todas las de la ley, reservar, pedir un buen plato, elegir un vino. Y todo solo. Tenés que estar muy contento con vos mismo para lograrlo.
Callejero suelto
El candidato que fue el diputado más joven de la provincia, allá, con el amanecer de la democracia, y que hoy es la cara del PD y del partido de Rodríguez Saá, es fanático confeso de Callejeros.
“No podía creer que la tragedia de Cromañón hubiese sucedido justo con ese grupo”, comenta. Pero en el estéreo de su auto no sólo hay lugar para el Pato Fontanet; se cuela también lo último de Ricky Martin o alguna que otra pista de música étnica. Autos y música...
“¿Sabés cuál fue el primer recuerdo que tengo?-retoma-. La primera vez que chocamos con mi viejo. Yo tendría tres años. Íbamos a comer un asado y yo viajaba con una ensaladera llena en la falda. Era un Fiat chiquito. No pasó nada muy grave, salvo que yo termine bañado en tomate y lechuga. Tengo otro recuerdo...”.
Hay un segundo de silencio y el rictus de su cara cambia, y se hace piedra: “Cuando mis viejos salían y me quedaba con mi hermano y mis dos primos, uno de ellos era Sergio Embrioni (el ex Alcohol Etílico que se suicidó el año pasado). Y veíamos en TV ‘El hombre que volvió de la muerte’, de Narciso Ibáñez Menta. ¡Un miedo!”.
Su primo rockero (talentoso frente a la guitarra y desbordado de problemas internos), en apariencia, no tenía mucho en común con este prolijo comunicador-analista-político, siempre trajeado, cerebral en cada sentencia. “Con su muerte me replanteé todo, me shockeó.
Con el Sergio éramos muy cercanos, pero nos veíamos poco. Nos queríamos un montón. Éramos más parecidos de lo que muchos creen. Yo resolví mi vida por el lado de los títulos, las universidades. El sacó lo que tenía dentro con furia mientras que yo lo canalicé. Pero los dos éramos muy pasionales”.
Hay emoción en su hilo de voz cuando tira: “Fue horrible la muerte de Sergio. Fue algo inesperado pero algo muy inteligente; resolvió su conflicto de una forma desesperada, dolorosa pero en un punto hasta valiente. Es difícil analizar el suicidio. Generó respeto. Se la bancó… o no. Pero tomó una decisión”.
Ningún nerd
Tiene 46 años. Fue asesor de campaña de estadistas en diferentes partes del mundo. Desde Kenya a Centroamérica. Sus aventuras lo llevaron hasta Alaska, donde se juntó con políticos de todas partes del globo.
Dice que toda la plata que tiene se la gasta en viajes. Que no da lugar a caprichos a la hora del gasto. “Ninguno. Sí cuando era chico, que coleccionaba autitos, soldaditos, medallas, monedas. Nos juntábamos con otros chicos que eran medio raritos, en el Correo Central, a intercambiar estampillas. Pero después no me quedó ningún hobby más que viajar”.
-¿Eras un nerd?
-No. Fui el mejor alumno siempre, pero me gustaba ser amigo de los reos, aunque nunca saqué el pie del plato.
Fue a la escuela Quintana en la primaria y después, al Liceo Militar. “Lo mejor que me dejó el Liceo fue los amigos, y lo peor… mmm, difícil. Fue en plena dictadura, aunque nosotros ni nos dábamos cuenta de lo que estaba pasando, éramos chicos”.
-¿Qué era lo que más te molestaba del Liceo?
-Me sacaba la irracionalidad, la disciplina sin sentido de los militares. En algún momento lo planteé. Tenía autoridad porque era buen alumno, así que me planté y tuve razón. Q
uerían que le hiciera a los alumnos que tenía a cargo algo injusto y no lo acepté. Sentí que tiraba todo por la borda pero lo hice por un valor. Sufrí muchísimo, pero supe que se puede parar con argumentos a la autoridad”.
El resto es historia conocida. Estudió Ciencias Ecónomicas y militó para la agrupación UPAU en esa casa de estudios. “Soy liberal, pero no conservador. En todos los sentidos”, presenta credenciales.
-¿Qué diferencia hay entre aquel militante de centro de estudiantes con el actual político de 46 años?
-Las canas. Sólo las canas. Sigo pensando lo mismo que entonces, sólo que esperé que el mundo girara…
-¿Tu mayor defecto?
-Soy vanidoso.
-¿Qué sentís al verte protagonizar el spot de campaña?
-Me da vergüenza, sí, me da un poco de vergüenza. A mí me gusta más trabajar en equipo, y esto de ser todo el tiempo el protagonista es muy extenuante.
-¿Algún otro defecto?
-Me afecta mucho la crítica. Será porque vengo de una familia muy tradicional. Y ellos le daban mucha importancia al qué dirán. Eso me desgasta. Tal vez esa fue una de las razones por las que me escapé al mundo. Me escapé a lugares donde pude desarrollarme como lo que realmente soy.
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