A dos años de su último combate, Luis Lazarte desea subirse nuevamente a un cuadrilátero. Con la suspensión de por vida en el pasado, por amenazar al árbitro de la pelea que perdió con el filipino Casimero, que terminó empañada por una violencia desmedida, “Mosquito” aguarda rival, fecha y lugar.
Es que, tal cual contó a solas con “el Retrato…”, el boxeador marplatense Luis Lazarte prepara su regreso al cuadrilátero. ¿Cuándo? Todavía no lo sabe. Próximo a cumplir 43 años en el mes de marzo, “Mosquito” espera ansiosamente alguna contienda luego de que la FIB (Federación Internacional de Boxeo) levantara la suspensión de por vida que había sufrido tras amenazar al árbitro de la pelea que perdió con Casimero y que derivó en una grotesca agresión hacia el retador triunfal y el juez principal.
Con aquel recuerdo a flor de piel, oscuro para él, Lazarte plantó bandera y volvió a manifestar que “nada” tuvo que ver con aquellos incidentes y que perdió en buena ley.
“Todos los días me levanto a las 5 de la mañana, desayuno y a las 6 entro a trabajar en la empresa 9 de Julio como barrendero. Termino a las 12, me voy para mi casa y por la tarde entreno. No tanto como antes, pero sí bien mentalizado, porque mi idea es volver a estar arriba de un ring”, fueron las primeras palabras de quien en 2010, con 39 años, se quedó con el primer título mundial de su carrera ante el colombiano Carlos Tamara.
“Hace unos días hizo un test físico y está impecable para volver a pelear. Como soy su amigo, no quiero crearle falsas expectativas. Si lo viera mal, le diría ‘hasta acá llegamos Luisito querido’. No me gustaría que volviera regalando nada. Es más, charlando con su hijo Diego le decía que está igual que cuando venía de defender su título y arrancaba después de los 15 días de licencia. Ahora con más ganas, porque tiene hambre de revancha”, acompañó Pablo Pérez, preparador físico y asistente de Lazarte, también suspendido en 2012.
-¿Por qué quiere volver?
-Porque desde lo que pasó en Once Unidos tengo una lágrima en el ojo que no me la puedo sacar. Me ensuciaron mucho. Quiero retirarme bien. Con la frente alta. Muchos me apoyan, muchos otros no. Los que no me apoyan son los envidiosos.
-¿Envidia por qué?
-(Interrumpe Pérez) Le envidian el éxito. Es muy común que pase eso en el boxeo.
-(Lazarte) Ojo, también hay algunos colegas que se me acercaron, hablaron conmigo, y se mantuvieron cerca. Rubén “Siru” Acosta es un amigo y lo aprecio mucho. Sinceramente, me pongo contento cuando le va bien. Después son todos conocidos del ambiente. ‘Hola, ¿cómo andás?’ y nada más.
-¿Ya lo tentaron con algo? ¿Anduvo preguntando?
-Todavía no tengo nada confirmado, por eso entreno a conciencia, esperando que surja algo. Estoy por cumplir 43 años. Además, primero me tienen que salir bien todos los análisis para tener la licencia para boxear. Una vez habilitado estaré expectante de la pelea que salga. Yo estaré preparado.
-¿Piensa que estos dos años de inactividad profesional le pasarán factura?
-Físicamente, no. Tampoco técnicamente. Eso que estuve un año y pico parado, hasta que tomé la decisión de volver a entrenar para empezar a olvidar lo que pasó. Igualmente, sé que todos estarán pendientes de lo que haga. Si cometo algún error o no. Si hago alguna infracción o no. Mi boxeo no es exquisito, mucho menos agradable. Soy un boxeador temperamental, que si te puede meter un dedo te lo va a meter. Siempre gané las peleas con guapeza.
-¿Cómo recuerda aquella noche negra en Once Unidos?
-Fue un momento muy feo. Faltaban dos rounds para terminar y a la pelea la tenía casi ganada. Estaba tres o cuatro puntos arriba. Pero una buena mano del filipino me dejó sin nada. Encima, ignorantemente le dije al árbitro ‘¿quéres salir vivo de Once Unidos?’. Fue una tontera de mi parte. Después, tomó protagonismo gente que nada tenía que hacer en el lugar y se armó lo que todos saben. Una locura. Todos me echaron la culpa, cuando en realidad nada tuve que ver.
-¿Los conocía?
-No sé quiénes son. Nunca los crucé en la calle.
-¿Todavía sangra esa herida?
-Sí. Terminar de esa manera me generó mucho dolor. Por eso estoy entrenando. Quiero volver a pelear para sacarme la bronca que tengo encima. Si después me va bien será cuestión de seguir. Si me va mal, me retiraré definitivamente.
En la calle todavía me dicen ‘qué quilombo armaste aquella noche’. ¿Y qué culpa tuve yo? Sé que no soy una persona muy simpática para contestar, pero tampoco quiero que me tilden como el principal responsable de los incidentes, cuando ya estaba medio nocaut. Me enoja cuando la gente habla por hablar.
-¿Siente que Mar del Plata le dio la espalda?
-Casi todos me dieron la espalda. Todos sabemos que en las buenas aparecen los famosos amigos del campeón. Pero en las malas te alcanzan los dedos de la mano para contar a los verdaderos amigos. Pero no pasa solo en el boxeo, pasa en todos los deportes, en la vida misma. Uno de esos amigos es él (Pablo Pérez). El otro es Néstor Gambini (periodista). Le agradezco de corazón porque estuvo conmigo en todo momento. Además a mi familia, sostén fundamental de mi vida.
Siempre digo que hay que ganar lo que gané yo y mucho más a la edad que lo conseguí. No sé cuántos podrán hacerlo a los 39 años. Por eso, cuando puedo y me dejan, mi consejo pasa por remarcarles a los jóvenes que nunca hay que aflojar, que tarde o temprano las alegrías llegan. Que nunca hay que bajar los brazos.
“NUNCA ME LA CREÍ”
A los 18 años, Luis empezó a trabajar en la empresa 9 de Julio. Primero como recolector de basura, actualmente como barrendero en la avenida Peralta Ramos, de Vértiz hasta la 47. “Trabajo desde las 6 hasta las 12”, puntualizó. Pero ni siendo campeón del mundo dejó de trabajar. Producto de su formación, consciente de que nunca le sobró nada, prefirió mantener los pies sobre la tierra y continuar con su profesión laboral.
-Obviamente porque económicamente lo necesitaba…
-L: Es que el boxeo no te deja mucho dinero. Ni siquiera las dos defensas que retuve.
-P: Mucho menos en la categoría que estaba. Sea en materia deportiva como laboral, a puro sacrificio compró una casa para su familia. Pero por cómo es él, hasta siendo millonario seguiría trabajando. Esa conducta de vida es lo que hace aún más grande de lo que es. Qué fácil hubiera sido marearse ante los títulos conseguidos por Luis.
-¿Sus compañeros razonan que trabajan con un excampeón del mundo?
-Ellos me ven como un trabajador más. El resto no. Más de una vez me ve por la calle y me dicen ‘¿qué hacés acá? ¿fuiste campeón del mundo y barrés?’. Y no tengo ganas de contarle, uno por uno, que el boxeo no te deja tanta plata como todos creen. Hasta piensan que me comí la plata en otra cosa. Sinceramente no hice ninguna diferencia, como sí la hizo “Maravilla” Martínez. Pero más allá de aquella persona que te saluda para quedar bien nomás, me quedo con el afecto de quienes me aprecian de verdad. Familiares, compañeros de trabajo y vecinos.
-¿Cómo fue esa situación de mantener los pies sobre la tierra y no creérsela, incluso con dos defensas bajos el brazo?
-Nunca me la creí. Siempre dije lo mismo: al cinturón lo llevé en la cintura, valga el juego de palabras, no en la cabeza. Mi familia siempre fue muy humilde. Me crié en la calle y tuve una vida muy dura. Quienes saben quién soy, me lo reconocen mucho.
-P: Cuando sale de manera natural, nada es difícil. Antes de su primer título del mundo, Lazarte peleó cinco veces afuera y nunca dejó de invertir en el bienestar de su familia.
Lazarte tiene tres hijos de 24, 15 y 2 años. De hecho, el mayor, Diego, fue papá. El mismo que en su momento incursionó en el mundo del boxeo. “Peleó una sola vez. Todavía no tiene en claro qué quiere hacer. Como trabaja y fue papá, diría que no tiene necesidad de boxear”, contó.
-¿Le hubiese gustado que siguiera? ¿Tenía condiciones?
-Me hubiese gustado que le ponga ganas y continuidad, porque no sirve pelear una vez cada tanto. Igualmente, tenía muchas condiciones. No es porque sea mi hijo.
“FUE UN ERROR SUSPENDERLO”
Amigo y compañero de equipo, Pérez enfatizó que “Luis parece antipático, pero es muy simpático. Es la contracara de lo que dicen que es. Él quiere demostrar que fue un error suspenderlo” y recordó, sinceridad mediante, que “yo me hago cargo de haber tenido mucha impulsividad frente al entrenador de Casimero. También reconozco que tuve una discusión arriba del ring con el preparador físico del filipino”.
BOXEO RECREATIVO
Sobre el final de la nota, Lazarte subrayó que de un tiempo a esta parte se encarga de enseñar boxeo “recreativo”, tal cual lo confesó. No a quienes decidan incursionar profesionalmente, sino a aquellas personas que lo toman como una actividad deportiva completa, ideal para mantenerse en forma.
“Enseño cómo se pega, cómo deben ser los movimientos, hacemos gimnasia. El boxeo es un deporte que te mantiene muy en línea”, dijo sobre la actividad que desarrolla en tres gimnasios de Mar del Plata.
No obstante, acotación mediante de su profe, aportó que “su teléfono suena continuamente porque muy seguido lo llaman para que ayude o aconseje a distintos boxeadores. Lo hizo con ‘Siru’ Acosta y Fernando Junco, entre otros”.
DE SU PRIMER TÍTULO AL BOCHORNOSO FINAL
Lazarte ganó su primer título del mundo el 30 de mayo de 2010 cuando derrotó al colombiano Carlos Tamara en Once Unidos. Defendió positivamente su cetro el 5 de septiembre del mismo año ante el nicaraguense Nellys Espinosa y retuvo el cinturón (fallo polémico mediante), en su segunda defensa, ante el mexicano Ulises “Archie” Solis. El mismo rival le arrebató la sonrisa en su tercera defensa. Fue en mayo del 2011.
En septiembre del mismo año, “Mosquito” venció en una llave eliminatoria al nicaraguense Nellys Espinosa, algo que le permitió tener la posibilidad de recuperar el título. Sin embargo, en febrero del 2012, que terminaría siendo su última pelea (hasta el momento), el filipino Johnriel Casimero le ganó en el 10° round por KO técnico.
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