Luis García, complicado

Luis García, complicado
Dos testigos comprometieron la situación del médico de Trelew por su papel en la Unidad 6 de Rawson. Declararán 3 testigos que no estaban previstos.

Dos testigos comprometieron la situación de Luis García, acusado de encubrimiento, en el juicio por la muerte de Mario Abel Amaya y las torturas que sufrió Hipólito Solari Yrigoyen en la Unidad 6 de Rawson, en setiembre de 1976. Se trata de Ramón Torres Molina y de Marcelino López, que con sus relatos deslizaron la falta de atención del médico de Trelew para con los presos políticos de la época. También hubo menciones para Jorge Steding y Osvaldo Fano, los dos imputados por complicidad con las torturas.

Torres Molina es el director del Archivo Nacional de la Memoria y fue vejado en varias cárceles. Tuvo un breve paso por la U-6 antes de ser llevado al Regimiento 8 de Comodoro Rivadavia. Lo definió como un “campo de concentración” donde fue picaneado. Lo regresaron a Rawson, lo alojaron 5 días en la comisaría y de nuevo al penal. En la seccional, un médico de la Policía provincial lo revisó y dejó constancia de las marcas en su cuerpo, producto de la tortura.

En el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson, el testigo indicó que dos días después de ese chequeo, en la entrada al penal, también lo revisó García que en cambio, no habría escrito lo que vio en la piel del detenido. “Me dijo que discrimine lo que podían ser lesiones graves del simple dolor producto de los malos tratos”, contó. El médico le palpó todo el cuerpo. “No tenía ninguna lesión ni en huesos ni en órganos, pero sí tenía todo el cuerpo morado producto de los golpes. Me deriva al pabellón como estaba y todos ven el estado en el que me encontraba”.

Molina supo el nombre del médico recién cuando lo investigó el juez federal Beltrán Mulhall. Y la diferencia en ambas revisaciones consta en la llamada Causa 500, también por delitos de lesa humanidad en el penal capitalino. “No había ningún registro de las lesiones que presentaba. Me revisa sin dejar constancia cuando dos días antes el médico de Policía había constatado graves marcas; eso después no figura en la revisación que me hace García”.

No lo miró pero Molina dijo que hablaba del mismo García presente en la sala, que lo miraba serio. “Tenía los mismos bigotes pero estaba mucho más delgado; lo ubico perfectamente porque se me grabó esa cara”. A favor del acusado, el testigo admitió la posibilidad de que el personal médico tuviera órdenes de no registrar las lesiones de los presos en sus historias clínicas.

“Pero lo que me sorprendió del doctor fue que las marcas que tenía no lo alteraron y las consideró naturales; hablaba tranquilamente y revisándome. Me grabé esa fisonomía por la naturalidad con que efectuó la revisación. Daba la apariencia de una persona acostumbrada a observar personas en esa situación, no así el médico de la Policía, que se sorprendió totalmente al ver mi estado”.

El otro testimonio que no ayudó al exministro radical fue el de Marcelino López. Curiosamente, se definió como un amigo de Amaya de toda la vida y también de García. Su declaración no sumaba demasiado hasta que el fiscal federal Fernando Gélvez le recordó su relato de 2008, más sabrosa.

Según aquella versión, en ese setiembre del ´76 García le contó a Jorge Lagos, otro médico del Hospital Zonal, que había visto al abogado Amaya muy grave, tirado en una celda de la U-6, con la “cabeza rota y vendada” y sin la atención adecuada.

El mensaje llegó hasta la esposa de López, Margarita García, que también trabajaba en el Hospital y se la contó. Es más: la intención de García en esa época habría sido que Marcelino se entere y por eso se lo contó a Lagos. García escuchó muy serio el testimonio en el recinto. López relató que también vio el cuerpo de Amaya. “Quienes lo conocíamos de siempre lo vimos con la cara más parecida al adolescente que había sido; los que lo conocían de años recientes lo veían muy flaco y casi no lo reconocieron”.Habrá tres testigos nuevos

El tribunal decidió llamar a declarar a tres testigos nuevos. Dos de ellos estuvieron en el velorio bonaerense de Amaya y pueden brindar más datos acerca del estado de su cadáver: se trata de Jorge Ferronato –amigo de Solari Yrigoyen hijo- y del conocido dirigente radical Marcelo Stubrin.

El tercer convocado a Rawson será Daniel González, que fuera secretario parlamentario de Amaya cuando fue diputado nacional y se supone posee datos clave acerca de sus últimos días. Los tres nombrados fueron llamados a pedido de la Fiscalía Federal. Por lo pronto, el juicio seguirá el martes 9 de abril con otros seis testigos, en doble turno.

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