Sus investigaciones son reconocidas a nivel internacional. Sin embargo, siempre está presente su “patria chica, su terruño”.
Luis De La Fuente vivió los primeros 17 años de su vida en La Rioja. Luego se fue a Buenos Aires, ya con esa alma de médico incorporada. Tenía claro que su profesión era la medicina y por eso es que no solamente estudió Medicina sino que perfeccionó su carrera y emigró a Estados Unidos para seguir capacitándose. Así fue como se encontró con René Favaloro y entre ambos comenzaron a tejer el sueño de volver a la Argentina e instalarse en el interior con un gran centro de atención cardiovascular. Pero tras su regreso se dieron cuenta que los dos eran unos adelantados y que las cuestiones técnicas todavía no estaban dadas para perfeccionar sus técnicas en el interior profundo del país. Por eso es que siguieron su carrera entre medio de los by-pass y los catéteres, pero había algo que lo seguía movilizando a De La Fuente. Así fue que forjó otros caminos y se hizo un pionero en las técnicas cardiovasculares.
Sus palabras están teñidas de esa “riojanidad” y hasta inclusive puede dar fundamentos históricos de todo.
“Yo muchas veces hablando con los pacientes les digo quiénes fueron Facundo Quiroga y el Chacho”, dijo este defensor a ultranza de las grandes conquistas federales de los caudillos riojanos. El reconocido cardiólogo pasó por esta Capital en compañía de su hijo, el periodista Héctor De la Fuente.
- Sabemos que estuvo por Tucumán y de allí vino a La Rioja. ¿Qué disertó en la Universidad de Tucumán?
- Me invitó la Universidad de Tucumán a dar una conferencia sobre cardiología intervencionista, de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos. Y otra charla que di gustosamente fue de células madres e ingeniería en tejido, como hacer neoarterias a través de un pedacito de células madres. Pero al mismo tiempo me pidieron desde el último año de medicina y de ingeniería que les de una pequeña charla. Obviamente que accedí gustosamente, porque me fascina hablar con la gente joven sobre estos temas. Aunque parezca curioso, en realidad, los médicos con los ingenieros están muy ligados. Si no fuera por los ingenieros no podríamos hacer nada. Todo lo que se hizo en el desarrollo de catéteres fue por los adelantos técnicos en ingeniería. Nosotros sabemos qué es lo que queremos, pero no sabemos cómo hacerlo. Ellos saben cómo hacerlo, y no saben para qué. De la unión surgen todos los adelantos que ya comenté. Fue una experiencia muy interesante el poder hablar a los chicos ya de posgrados de ambas carreras.
- Y justamente hablando de intervenciones quirúrgicas endovasculares, ¿cómo se encuentra el país en este proceso médico?
- Siempre la Argentina estuvo en un lugar privilegiado de la cardiología. No por nada tuvimos tantos premios Nóbel de Medicina. Eso demuestra la jerarquía de la medicina argentina. A ello hay que agregarle los médicos que se han formado en el país, con una importante experiencia. Cuando estábamos con Favaloro en el Sanatorio Güemes, ya en nuestro regreso al país, comenzamos a notar que mucha gente se formaba dentro de las nuevas especialidades de cirugía cardiovascular y el intervencionismo. Cuando hablamos de intervencionismo, nos referimos a lo que se hace en lo endovascular, puesto que además del corazón, se tocan arterias, abdomen y también los miembros inferiores. Y en esa materia hay muchas especialidades en la Argentina. También vi con grata sorpresa, el sueño que se concretó y de lo que hablábamos hace mucho tiempo, que La Rioja va a tener uno de los equipamientos más avanzados que existen en equipos cardiovasculares, de lo que se hizo, lo que es y lo que vendrá, y que precisamente estará en la UNLaR. Es un equipo con tecnología que no lo tiene Córdoba, no está en Mendoza, está en La Rioja. Tenemos ese mismo equipamiento en la Clínica Suiza y también he visto el Hospital de la Madre y el Niño, donde también están instalando un equipo muy bueno, de última generación. La Rioja está tomando el liderazgo que tiene que tomar en las intervenciones endovasculares. Ojalá pueda venir a esa inauguración, lo que pasa es que prácticamente estoy seis meses fuera del país, puesto que el desarrollo e investigación de las células madres y las neoarterias lo hago en Estados Unidos y en Europa.
- En materia médica, ¿es bueno o malo el uso de la sal en las comidas?
- La sal tiene sodio, cloruro de sodio y es absorbida en el agua dentro del organismo. Cuando llega a los riñones y se absorbe, llega la sal y ahí se incorpora al organismo y vuelve a la circulación en un medio líquido. Al aumentar el volumen porque el agua del organismo que no se elimina por la orina va aumentando su volumen y tiene la tendencia a aumentar la presión. Normalmente se conocía que la presión “normal” era 14 /8, es decir 140/80. Ahora la ideal la consideramos 120/80. Entonces entre 120 y 140, lo consideramos prehipertenso. Eso lo tenemos en esos parámetros porque el corazón late trillones de veces, de ahí el lunfardo del “bobo”, porque trabaja sin que nadie le pague. Lo que logramos es que trabaje menos, porque cuanto más trabaje, se puede llegar a la insuficiencia cardíaca y que de algún modo limita la vida del paciente.
Ahora bien, hay veces que ciertas personas le echan más sal a la comida, ese es un defecto que hay en la lengua y en lo degustativo de esa persona, puesto que no sienten ese sabor. Lo ideal es comer con poquita sal, hay pacientes con insuficiencia cardíaca que le indicamos que tienen que comer con menos de tres gramos de sal, porque normalmente, las comidas traen incorporados otros elementos que sustituyen la sal. Lo que se recomienda es cocinar con poca sal, casi nada, o bien sustituir con otro tipo de sales que no tengan el cloruro de sodio.
El médico se explayó un poco más y habló sobre el origen del nombre “sal”, cuando a los soldados romanos les pagaban con sal, de ahí la palabra salario.
“Soy alguien que ama a su tierra y siempre la extraña”
Luis de la Fuente tiene una vasta trayectoria en la medicina cardiovascular. Pero hay datos que realmente sorprenden, uno de ellos es que en toda emergencia, él siempre piensa en todas las posibilidades y trata de prever todo tipo de situaciones. La otra es que por sus manos pasaron desde Sandro hasta Sofovich, pasando por expresidentes y ministros.
- Alguna vez una persona con su vasta experiencia, ¿tuvo miedo en alguna intervención?
- Yo siempre le digo a los médicos que entro a la sala siempre pensando qué pasará si algo anda mal. Eso significa que no me sorprende nada de lo que pueda pasar, porque estoy preparado para una emergencia. De hecho, los médicos estamos formados para una emergencia y para resolverla. Pero cuando uno dice que hay una emergencia y comienzo recién en el momento a ver todas las herramientas, ahí se hace difícil. He tenido la suerte de no haber pedido un paciente. Quizás sea suerte, pero yo creo en Dios y creo que somos sus instrumentos. Y depende de todo un poco, porque cada vez, las enfermedades cardiovasculares vienen más complejas. También la medicina ha avanzado mucho, un claro ejemplo es que el bypass fue sustituido en el 95 por ciento. Después de 22 años de esta técnica que trabajamos con Favaloro, ahora el paciente se puede ir al día siguiente. Yo soy más antiguo, y me quedo más tranquilo si se queda a la noche y lo revisamos al día siguiente. Pero cada vez se simplifica más, porque en realidad la ingeniería también avanza adelante nuestro para hacer las cosas.
- ¿Cómo es atender a gente famosa?
- Y la verdad algunos no son para nada dóciles. No creen mucho en las recomendaciones que uno le hace. Llega un momento en que no debería hacer así. Las enfermedades arteriales, coronarias avanzan y mucho no conocemos su origen. Lo que sí podemos saber es que la presión alta predispone, sabemos que hay un factor genético, y que hay gente que tiene mucho colesterol, la diabetes no es buena y el cigarrillo tampoco.
- ¿Qué es lo primero que hace cuando llega a la “Patria chica”, como usted llama a La Rioja?
- Es algo que indudablemente uno la extraña de siempre. Salí a los 17 años y no volví. Salí porque tuvo que estudiar afuera, me recibí en Buenos Aires y me fui a Estados Unidos. Estuve 10 años, volví a Buenos Aires. No podía hacer lo que teníamos previsto con Favaloro. Ambos éramos del interior, y siempre veíamos en Estados Unidos que en lugares chiquitos había grandes centros de salud. Ese es el federalismo que allá tienen y que acá también los hay. Pero cuando volvimos de Estados Unidos vimos que no había posibilidad de hacer eso en el interior. Porque hacer un bypass había que tener un gran equipamiento, esa revolución tecnológica que todavía no había en el interior. Por eso cada vez que vuelvo a la Argentina, hay un gran afecto al terruño y me encargo de hacer conocer a Facundo Quiroga, al “Chacho” Peñaloza, Severo Chumbita que han desarrollado proyectos políticos importantes para el país. Y allá lo conocen de otra manera, creen que fueron bandoleros. No sabían que Facundo Quiroga era Brigadier General, que el Chacho era General de la Nación. Y uno se encarga de desmitificar esos conceptos, porque uno le tiene gran cariño al terruño, y al menos yo, no me puedo olvidar de los orígenes.
- ¿Qué siente cuando transita una calle que lleva su nombre?
- En esta visita, tuve la oportunidad de reunirme con el intendente Quintela y le dije que para mí los nombres de calle eran para los que ya se murieron. Entonces el jefe comunal me dijo que la idea llegó del Concejo Deliberante, que precisamente son los representantes del pueblo. Me dijo que era el pueblo quien quería que lleve ese nombre. Por eso es que me sentí gratificado con ese gesto.
- ¿Hasta cuándo piensa ejercer la medicina?
- La verdad, toda persona una vez que pasa los 50 años ya tiene toda una vida transitada. Son “sin cuenta”, y yo los pasé hace rato y todo depende de la vida biológica que uno tiene. Si yo pongo las manos encima y estoy temblando entonces en ese momento me retiro. Esto es como lo hacen los generales, y mientras pueda lo voy a seguir haciendo. Soy profesor en varias materias universitarias, me encanta estar con gente joven y les inculco que es una gran responsabilidad atender a los pacientes. El general americano Mc Arthur dijo cuando se retiraba en la Academia de West Point que los viejos generales no se retiran sino que van desapareciendo y yo moriré con las botas puestas.
- ¿Cómo piensa que se lo recordará?
- Como un riojano más, que no vino todas las veces que tenía que haber venido, porque siempre estaba viajando y trabajando. Pienso que se lo juzgará como a todos se los juzga, como alguien que ama a su tierra y que la extraña.
Su admiración por el Hospital de la Madre y el Niño y la Clínica de la UNLaR
“Noto cada vez a La Rioja más grande”, dijo Luis de la Fuente en la entrevista realizada por este medio. El médico cardiocirujano reconoció los grandes adelantos que se ve en las calles capitalinas. “He visto escuelas nuevas, universidades, el Hospital de la Madre y el Niño que es casi media cuadra de largo. Estuvo viendo el Hospital de la UNLaR, y pienso que La Rioja está volviendo a ser lo que fue hasta la batalla del Pozo de Vargas”, indicó el médico riojano, quien recordó que La Rioja fue una de las primeras provincias en tener monedas de oro, en tiempos donde en otras provincias se hacían monedas de otros metales. “La Rioja está siendo lo que era y tiene que tener el liderazgo en la medicina”, finalizó.
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