LUIS CARO ESTRENARÁ SU ÚLTIMO DISCO “CRÓNICAS DE LA CANCIÓN LATINOAMERICANA”

LUIS CARO ESTRENARÁ SU ÚLTIMO DISCO “CRÓNICAS DE LA CANCIÓN LATINOAMERICANA”
El cantautor marplatense Luis Caro confirmó la presencia de César Isella como invitado especial, en el espectáculo que realizará este domingo 11 de mayo a las 20 en el Teatro Municipal Colón de nuestra ciudad.
Caro se presentará con su equipo habitual: Sebastián Del Hoyo (guitarras), Marcelo Farenga (charango y aerófonos), Juanmi Carotenuto (batería y percusión), Alejandro Herrera (contrabajo) y demás invitados especiales.

Cabe señalar que desarrollará una rutina que incluyen las canciones de su primer viaje a Sudamérica con el director de teatro desaparecido regorio Nachman y la recreación de la obra de Violeta Parra, Silvio Rodríguez y César Isella, entre otros grandes autores del género.

Al respecto, Julio César Petrarca escribió: “Luis Caro presenta su disco número trece y cumple cuarenta años con el arte. Cuando Luis Caro se suba al escenario del teatro Colón el domingo 11, a las 8 de la noche, esta coincidencia de números (uno culturalmente vinculado a la suerte, el otro a una trayectoria fecunda) será mucho más que eso: la confirmación de una vida dedicada a la música y la poesía de América Latina, este territorio que recorrió guitarra al hombro durante años.

“Crónicas de la Canción Latinoamericana” es el título de su nuevo trabajo, que lleva años de maduración y lo devuelve a lo mejor de su historia personal y musical, con un cuidadoso entrelazado de temas que se transformaron en clásicos (“Zamacueca de los pobres”, por ejemplo) y piezas propias y ajenas que delinean un itinerario abarcativo de ritmos y sensaciones. Lo acompañaron en esta realización -grabada y mezclada entre marzo y julio del año pasado, con masterización de Andrés Mayo- Claudio Solino en contrabajo, percusión y guitarras, Juan Miguel Carotenuto en percusión y batería y Sebastián del Hoyo en guitarras española y eléctrica, y la suma en algunos temas, como invitados, de Marcelo Farenga, Emiliano Kayar, Ricardo Carotenuto y Víctor Bidart.

Historias

Nació en Mar del Plata, se inició a comienzos de los 70 en la Comedia Marplatense que dirigía Gregorio Nachman –una de tantas víctimas de la dictadura, desaparecido y siempre recordado- debió exiliarse en 1976, y en ese extrañamiento de su tierra recorrió buena parte de América del Sur compartiendo el nacimiento de la Nueva Canción Latinoamericana con Alí Primera, Cecilia Todd, Chabuca Granda, Nicomedes Santa Cruz, Soledad Bravo, Amparo Ochoa, Pedro Luis Ferrer., Sara González, Los Jaivas, Víctor Heredia, Fito Páez, Mercedes Sosa. Fueron años de tristeza por la lejanía y potente creatividad para compensar esa carencia.

Su activa militancia contra la dictadura y en favor de la democracia, lo llevó a presidir la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Mar del Plata y a formar parte de los movimientos que aún hoy luchan por la verdad, la justicia y el castigo a los culpables del genocidio de los 70 en la Argentina.

Para él, que regresó al país cuando también volvía la democracia, el reencuentro con su ciudad y su gente tuvo el sabor dulce de la vuelta a casa y también el amargo por el dolor de las ausencias definitivas de muchos de sus compañeros que fueron muertos o desaparecidos por la dictadura. Se sumergió en la música rioplatense en busca de sonidos potentes y nuevos para sus creaciones, y el descubrimiento de la poesía de Juan Gelman lo deslumbró: fue, para él, el encuentro “con la palabra total”, las metáforas necesarias para acompañar la lectura de “una década política repugnante”, para dejar “el lodo, a los podridos”, como escribiera Bertolt Brecht. La poesía de Gelman se encontró con la música de Caro, como antes y después lo hicieran textos de León Felipe, Antonio Cisneros, Raúl González Tuñón. Fue éste un período ecléctico en lo musical –con influencias del jazz y el rock- que le permitió incorporar una mirada más abarcativa sobre sus trabajos.

Y miró hacia los chicos. Entre 1995 y 2002 ofreció junto al titiritero Matías Rodríguez 2.300 funciones de un espectáculo que llevaron por el país y por España y al que asistieron 750.000 niños. Tres de cada cuatro de ellos, subsidiados “por nuestras propias angustias económicas”, como suele recordar. Para él, este período fue “el poder de la felicidad, una ilusión vital”. Ilusión no ilusoria: fue concreta para las escuelas de frontera, parajes, cárceles, orfanatos e instituciones escolares pobres de pobreza absoluta.

Y cuando la década del 90, con sus políticas excluyentes, llegaba a su fin, detonó “Ardiendo en la lluvia”, su álbum personificado en el Che, en un reencuentro con aquella decada del 70 y la generación de “los que vencieron con su gran derrota”, como define Caro. Eran tiempor en los que se renovaba la esperanza en algo mejor, truncada por los hechos al comenzar el nuevo siglo. Y entonces, una nueva búsqueda fronteras afuera: España, El Rastro, los relatos del subte madrileño, la dramática aventura del migrante sudamericano en una Europa globalizada, dura, cruel. Tocar en la calle como en los viejos tiempos, pero con canas y nieto. Y una nueva apuesta, en su álbum discrográfico más ecléctico: “El mundo es un caballo”.

En el haber, además, tres libros –“El Rastro, relatos del metro de Madrid”, “Morales Moralitos” (relatos de un emotivo intimismo), y el que acompañó a “El mundo es un caballo”- y nuevos recitales en salas grandes y en pequeños reductos. Como al comienzo. Porque de eso se trata: siempre comenzar.

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