En un restaurante del paseo de los Poetas comen diariamente unos cincuenta chicos.
El Paseo de Los Poetas es un lugar con muchas historias y tradición, por el que cada día pasan miles de salteños y turistas buscando sabores regionales o solamente disfrutar de un encuentro de amigos y familias. Allí hay también un espacio impregnado de solidaridad y desinterés. Se trata de un comedor ubicado en la esquina de avenida San Martín, que brinda asistencia a unos cincuenta chicos.
Héctor Arnaldo Aciar es el dueño del restaurante. Lalo, como le dicen todos, viene de una familia dedicada a la gastronomía desde hace 40 años y todos los días, después de atender a sus clientes, pasado el mediodía, prepara la mesa con "una comida digna para niños que son de por acá, que paran en cualquier lado, donde los encuentra el cansancio... son de la calle".
"Hace 5 años que estoy acá, antes estaba en la calle Islas Malvinas, después en la Mendoza, luego en el club 9 de Julio y de ahí me vine al Paseo. Los chicos me conocen porque siempre donde estuve los ayudé con un poco de comida. Y me siguieron hasta este local", cuenta Lalo. "En los meses de vacaciones vienen a comer entre 30 y 50 chicos, cuando van a la escuela se acercan unos 10 o 20 por día. A veces me quedo sin comida y como sé que vienen, tengo que pedirles a los cocineros que les preparen algo porque, pobres, no les puedo fallar", dice.
Lalo afirma que esto surgió "cuando comencé a darles de comer a unos chicos que iban al local de Islas Malvinas; luego se fue corriendo la voz y me siguieron hasta acá. Ahora no son solo vienen los chicos, también hay indigentes y algunos padres que no pueden darles nada a sus hijos y se acercan al local a retirar su plato diariamente".Un espíritu solidarioSu negocio es familiar, trabaja junto a sus hijos, otros parientes y un equipo de mozos que están siempre atentos para servir con el mismo espíritu solidario de Lalo. Aclaró que, aunque conoce a muchos políticos, porque son clientes, no pertenece a ningún partido.Cuando le preguntamos qué siente cuando ayuda a la gente, dijo: "Para mí es una tranquilidad tremenda, me alegra saber que tienen una comida digna. yo a todos los conozco de la peatonal porque ahí venden sus mercaderías.
Para el Día del Padre o para las fiestas tengo un montón de regalos, es una forma de agradecer lo que hago", afirmó.Lalo contó también una historia muy particular: hace unos años conoció a dos chicos: José y Chula, que eran lustrabotas y comían todos los días en su local; uno de ellos le pidió ser su padrino de comunión. Con el tiempo crecieron y se hicieron mozos en su local. "Hoy me reconforta saber que los dos son ahora padres de familia y con trabajos dignos", dijo."Mi satisfacción es que cuando voy por la calle todos estos chicos me saludan, me hace bien, me llena", cuenta Lalo y agrega que "lo único que quisiera para mí es, alguna vez, poder comprar un local para que mis hijos puedan seguir con nuestra tarea solidaria".
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