El ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires se acomodó frente a un micrófono, horas después de los ataques en los que se prendieron fuego dos vehículos, y culpó por los incidentes a manifestantes relacionados con una marcha que se había llevado a cabo horas antes por la aparición con vida de Santiago Maldonado. Admitió no estar del todo seguro, “también pudo haber sido algo relacionado con el narcotráfico, con la feria de La Salada, con la exoneración de ex represores de la Policía Bonaerense o incluso con el pase a retiro de cincuenta comisarios”.
Pudo ser, se despega de la respuesta del ministro, literalmente cualquier persona, por cualquier causa.
A varios días del incidente, en el que se incendiaron un Peugeot 308 Allure patente NCC192 que pertenece a la empresa Frigolar S.A., y un Honda Civic patente ALF779 de un agente de policía que vive en Los Hornos, aun no hay detenidos. Peor aún, ni siquiera cuenta el ministro con una mínima lista de sospechosos. Tampoco hay sospechosos por la molotov en el Senado. Ni por las pedradas en la Casa de Gobierno. Mucho menos por las que sufrió una sucursal del banco Galicia. Todas éstas agresiones, graves y preocupantes, ocurrieron en pleno centro de la capital de la provincia de Buenos Aires, pero el ministro Cristian Ritondo no sabe nada de ninguna de ellas.
Cuando, en plena conferencia, a un periodista se le ocurrió preguntar por qué no fue “aislada” la zona del ministerio para dar con los atacantes luego del incidente, el ministro no supo qué responder.
Lo del ex policía y actual asesor del ministro, Oscar Alvarenga, merece un capítulo aparte. Su familia había difundido un mensaje de "Se busca", en el que aclaraban que "desapareció el día martes 22/08/17 al mediodía, circulaba en una camioneta Chevrolet Tracker color bordó dominio AA 026 TI". El afiche se completaba con una foto en blanco y negro del buscado. Ritondo mencionó el caso en la conferencia por los autos incendiados. "Se trata de una persona que trabaja dentro del equipo, que es un ex policía. Hace dos días que falta de la casa y lo estamos buscando con la familia", aclaró.
En la Casa de Gobierno se encendió la alarma. Luego del caso de Santiago Maldonado, lo último que necesita la gobernadora es otro desaparecido en democracia. Fuerzas de seguridad se desplegaron para dar con el asesor en un derrotero de cinco días en los que no se ahorraron esfuerzos ni recursos de las arcas del Estado. Apenas dos días después, Alvarenga apareció en el casino del hipódromo de Palermo. Sano y salvo, aunque con algunos pesos menos, se había pasado tres días jugando a la ruleta. Ritondo no sabía si festejar o comenzar a preocuparse por buscar un nuevo trabajo. Él, que maneja toda la estructura de seguridad y vigilancia de la provincia de Buenos Aires, llevó adelante una investigación a gran escala para dar con su propio asesor, que estaba jugando su sueldo y quizás algo más en el casino. Digno de una película de Woody Allen.
Otro dato sospechoso. A las 18.00 en punto, el ministerio de Seguridad bonaerense queda prácticamente vacío. Sin embargo, el jueves a las 20.00 había justo alguien filmando los incidentes que ocurrían en la calle desde el mismísimo despacho de Ritondo. ¿Quién era? ¿Qué hacía ahí? ¿Demasiada casualidad?.
Desde la gobernación exigieron respuestas urgentes y Ritondo, ni lerdo ni perezoso, se apresuró a echar a su propio jefe de Inteligencia, el comisario general Héctor Valentín Puente. Una traición que, según aseguran sus allegados, el propio Puente jamás vio venir. Por ahora, y solo por ahora, el ministro de Seguridad bonaerense se mantiene, agarrado como puede, apelando a viejas amistades, su puesto dentro de la estructura de Vidal.
¿Su amistad con la gobernadora es suficiente para justificar su presencia en el cargo?, ¿por cuánto tiempo más?

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