Último adiós en el altar donde el médico del Hospital Central asesinado se iba a casar el próximo sábado

Último adiós en el altar donde el médico del Hospital Central asesinado se iba a casar el próximo sábado
Los restos del traumatólogo Sebastián Prado, muerto de un tiro el viernes en la puerta de su casa, fueron velados en la parroquia San José, donde iba a contraer matrimonio. Una multitud lo despidió.

La iglesia esta repleta pero de pena y dolor. La parroquia, que el próximo sábado sería motivo de gran felicidad, fue el lugar del último adiós. Allí, en el mismo altar donde se iba a casar dentro de siete días con Carla, su mujer, fue velado y despedido ayer por sus familiares y amigos, el jefe de Guardia de Traumatología del Hospital Central, Sebastián Prado.

El galeno de 36 años fue asesinado la noche del viernes de un balazo, saliendo de su casa, en calle López de Gomara de la Sexta Sección, delante de su compañera y de dos pequeños hijos de 2 años y 8 meses.

Una multitud lo fue a llorar. Cientos de personas pasaron desde primera hora por la parroquia San José, en calle Bandera de los Andes de Guaymallén, cuyo vecindario, en el que Sebastián vivió hasta la mayoría de edad y en el que actualmente viven sus padres, no salía de la conmoción ante su innecesaria muerte.

La familia, los amigos, los colegas, los compañeros del Hospital Central y de otros centros asistenciales, los vecinos, los que jugaron básquet con él durante 20 años en el conocido club Atenas, los fieles de la parroquia donde su madre supo dar catequesis y participa actualmente en la liturgia religiosa, todos pasaron, sin poder terminar de creerlo, de tragarlo, de digerirlo, a despedir a Sebastián.

“Estado de guerra”

Una misa de cuerpo presente a las 15.30, celebrada por el padre Manuel Geras, quien ofreció su parroquia para que fuera velado, fue la oportunidad para que quienes lo conocían pidieran por su alma y su descanso, y también fue la ocasión para pedir justicia y paz.

El propio sacerdote de 54 años, que conoció “de jovencito” a Sebastián y que sería quien lo iba a casar el próximo sábado, sentenció en la homilía: “Dicen que hay sensación de inseguridad, yo creo que es mucho más que eso, que es un estado de guerra, y que hay que empezar a trabajar más por la paz -afirmó con tono grave- como lo ha dicho nuestro papa Francisco”.

Más de 200 personas llenaban la parroquia a las 17 de ayer, cuando la gran mayoría ya había pasado por allí y quedaban sólo los que acompañarían el féretro de Sebastián, sacado del templo por sus propios padres y familiares, para llevarlo al cementerio privado Parque de Descanso, en Guaymallén, donde fue sepultado.

“No tenía maldad” fue la frase con tono de impotencia que una y otra vez se repitió de parte de sus conocidos, parientes y amigos.

Ni siquiera se imaginan que el traumatólogo pudiera haber tenido algún problema personal que causara su muerte.

“Para nada -dice Gastón Gaído- nosotros, sus amigos, todos alguna vez tuvimos algún lío pero él nunca, él era super responsable, un tipo correcto. La última despedida de solteros que hicimos nos dijo que no podía ir porque tenía que estar con su mujer y sus hijos, y todos tenemos mujer e hijos, pero él era así”.

Vendió diarios para ser médico

Su talante de persona de bien y su inquebrantable perseverancia fue lo que destacaron ayer de Sebastián Prado sus amigos, cuñados y primos en los momentos previos al sepelio.

Rememorando, resaltaron como llegó a ser médico con gran sacrificio: “Rindió dos veces el ingreso a medicina y lo bocharon, y no se dio por vencido, insistió hasta que lo logró”, contó un amigo de Sebastián.

Otro recordó que “antes de ser médico fue repartidor de diarios, porque él no tenía para pagarse el curso preparatorio para ingresar a estudiar medicina, así que vendiendo diarios juntó el dinero para costearlo y finalmente lo logró”.

La despedida del traumatólogo fue en un clima de gran silencio pero de sentimientos encontrados, entre el dolor y la bronca de lo que no se puede comprender, la bronca contra los que asesinan.

Varios allegados a Sebastián soltaron una y otra vez una frase muy similar que calificaron como una fatal paradoja de su vida: “Él salvó tantos tipos de la muerte, de estos delincuentes que llegan al Hospital Central, al final son los que lo matan”.

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