En la Homilía pronunciada en el Tedeum por el Bicentenario monseñor Lozano aseguró que “reconocemos en los acontecimientos de la Semana de Mayo el primer grito de libertad para nuestra Patria. Es necesario respetar y honrar esos orígenes”.
Al respecto recordó que “en el mes de marzo, una declaración de la Conferencia Episcopal Argentina se titulaba “La Patria es un don. La Nación una tarea”. Así se expresaba la necesidad de un sentimiento de gratitud por el don recibido, esa dimensión de herencia que tiene este presente. Como toda herencia, es el resultado del esfuerzo y el trabajo de otros. Podemos aprovecharla bien o mal; se puede malograr por pereza, codicia, avaricia. Puede ser causa de unidad o división”.
“Si nos preguntamos: ¿Qué es lo heredado?, podemos responder: ‘La Patria, la libertad’. San Pablo nos ilumina acerca de la libertad para el servicio mutuo por amor. No como fundamento del egoísmo que beneficia siempre a los poderosos, sino de la solidaridad. La libertad encuentra su plenitud en el amor. El Apóstol también nos advierte que podemos destruirnos unos a otros con violencia y agresión” agregó luego.
“Podemos también hacernos otra pregunta: ¿Quiénes son los herederos?, hemos de responder: ‘Todos los que habitamos el suelo Argentino’. Debemos cuidar que la herencia sea para todos. Cuando hablamos de “deuda social”, estamos diciendo que algunos han tomado más de lo que les corresponde, desposeyendo a otros. Muchos hermanos nuestros no se han beneficiado de la herencia común. En ellos es necesario escuchar los anhelos por otros gritos de libertad. La exclusión social hace considerar a algunos como ‘sobrantes y desechables’, como si estuvieran afuera de la sociedad. Ofende la dignidad del pueblo que algunos de sus hijos, niños y adolescentes sean víctimas de secuestro para sometimiento a esclavitud y explotación sexual. Cómo deseamos oír el ruido de esas cadenas rotas para siempre” comentó con exclamación sobre el último punto.
Posteriormente explicó que “el Te Deum es oración de acción de Gracias a Dios por sus dones, por aquellos hombres y mujeres que dieron forma concreta a un espíritu libertario creciente. Mirarnos como parte de un pueblo en su historia nos ensancha los pulmones para llenarlos de aires antiguos y nuevos. Nos libera de lo fugaz del momento presente y nos muestra nuestra vocación peregrina. Perder la memoria siempre lleva también a perder el rumbo. El camino recorrido y el horizonte al cual nos dirigimos se unen en este punto que es el presente. Hoy se abrazan en nosotros pasado, presente y futuro, como dimensiones inseparables del caminar de un Pueblo”.
“Podemos decir que así como la Patria es un don, es también una vocación. No es un don estático y acabado, sino una riqueza a desplegar” agregó, en tanto subrayó: “Hay dos fechas significativas, podríamos decir emblemáticas para los Argentinos: el 25 de Mayo de 1810 y el 9 de Julio de 1816. La distancia de 6 años y 1.193 km entre el Cabildo de Buenos Aires y el Congreso de Tucumán, no nos pueden distraer de considerar estas fechas como un proceso vivido, un camino de maduración histórica de los acontecimientos (cronología, geografía, sociedad). Por eso, teniendo en cuenta la naturaleza de los sucesos históricos, en la Conferencia Episcopal Argentina hemos resaltado su vinculación, para que del 2010 al 2016, también podamos proponernos un proceso de maduración social: ‘erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral’. Aprovechar el sexenio para que la celebración del Bicentenario nos ayude a crecer en Justicia y Solidaridad. Para que la herencia de la Patria sea distribuida equitativamente, y sea un motivo de fiesta para todos”.
“Aquellos ideales de libertad fueron alentados por numerosos sacerdotes y religiosos. La predicación en los templos, las enseñanzas de los capellanes de hombres de armas, la participación en Cabildos, Congresos, asumir cargos públicos, fueron signos elocuentes de adhesión del clero a la Revolución y de compromiso en su afianzamiento. La mayoría de los líderes de los procesos revolucionarios fueron laicos formados en su mayoría en escuelas y universidades de Congregaciones Religiosas. La fe estaba en las motivaciones profundas de los ‘Padres de la Patria’. En ellos resaltamos especialmente convicción, compromiso, renuncia a intereses egoístas” sostuvo luego.
En otro pasaje indicó que “esta Ciudad, llamada ‘la histórica’, y en su Templo Basílica de la Inmaculada Concepción, en el cual rezaron buenos pastores, importantes servidores públicos y grandes ciudadanos, renovemos el compromiso de escuchar. Abramos los oídos y el corazón a la voz de Dios y el clamor del pueblo”.
“Un País mejor es posible” dijo luego, y agregó: “El Bicentenario es ocasión propicia para renovar la vocación de construir una Patria de hermanos y para todos. Que así sea” concluyó.

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