Al igual que a otros moderadores de velocidad, hay dificultades para observarlos a determinada hora del día y así ocasionan movimientos bruscos en el tránsito. Además, están prohibidos por una ley provincial.
Pero más allá del fin preventivo de esa clase de construcciones, hay deficiencias en ellas que las terminan tornando en elementos contraproducentes.
La más notoria de esas falencias es la ausencia de un mantenimiento adecuado de su estado original a base de pintura, y se hace sentir con mayor fuerza en los “lomos de burro”, puesto que la contextura de los mismos los hace menos visibles cuando hay poca luz o cuando el sol castiga con fuerza sobre el parabrisas de los paragolpes.
Los que causan estragos a diario son los que están ubicados en Javier Muñiz, casi a la altura de Paraguay; Bolívar y Paraguay, Ramón Hernández y Colombia y tres en avenida República, situados en las intersecciones con Juan B. Justo, República Libanesa y Suiza.
A ellos se les suman otros tres en la avenida de Circunvalación.
Si bien hay carteles que anuncian la existencia de tales artificios en el recorrido normal, su invisibilidad a poco más de dos metros obliga a los conductores a realizar casi un juego de adivinanza para hallarlos o bien a ejecutar maniobras bruscas que pueden derivar en consecuencias nocivas para los coches o, incluso, desencadenar accidentes.
Consultado por DEMOCRACIA, el subsecretario de Obras y Servicios Públicos de la Municipalidad de Junín, Gastón Blanc, reconoció que el estado en que ese encuentran esos instrumentos de desaleración no es el mejor y prometió que a algunos se los va a pintar y a otros, más puntualmente a los “lomos”, quizás se los destruya teniendo en cuenta que existe una ley que los prohíbe (ver recuadro).
Con respecto a los que están en la avenida de Circunvalación, deslindó de responsabilidades al municipio, puesto que “al ser un camino provincial, está bajo la órbita de la Dirección de Vialidad”.

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