Cada vez es más frecuente “toparse” con reductores de velocidad que no cuentan con carteles o pintura que los distinga. En muchas esquinas incrementan el riesgo de accidentes y causan roturas en trenes delanteros y suspensiones.
Es difícil encontrar a un conductor que no haya caído en la trampa. Los lomos de burro y badenes sin señalización están presentes en distintos puntos de la Ciudad.
En una recorrida realizada por Democracia, se comprobó que hay una gran cantidad de cunetas y reductores que muchas veces pasan desapercibidos ante la falta de carteles y pintura que los identifique. Para peor, suelen estar recubiertos de la misma capa de asfalto que se usa para las calle, por lo que terminan “camuflados”.
En Bolívar, en el barrio de Las Morochas, una de las lomadas sin señalizar y cerca de una esquina suele tomar de improviso a los conductores. En Javier Muñíz y Paraguay, tampoco hay aviso de un pronunciado reductor. Y en Intendente de la Sota y Almirante Brown la situación es paradójica: aquí sí hay señalización por badenes, pero éstos últimos hace años que no están más. Para peor, los carteles tapan parcialmente los semáforos. A pesar de que esta situación fue denunciada por Democracia en reiteradas oportunidades, ante la queja de los lectores, nadie parece tomar cartas en el asunto.
Esta particularidad los vuelve una de las principales quejas de automovilistas, taxistas y motociclistas, que muchas veces terminan frenando de golpe al descubrirlos a pocos metros de proximidad. Lo que debería funcionar para ordenar el tránsito termina volviéndolo más peligroso, ante la gran cantidad de frenadas de golpe que se dan a diario y la posibilidad de choques desde atrás.
Pero cuando se los agarra de lleno y sin posibilidad de disminuir la velocidad, los golpes repercuten en todo el vehículo, incluidos sus tripulantes. Peor es la situación de quienes viajan en moto o bicicleta, que en ocasiones se desestabilizan ante la abrupta toma de uno de estos obstáculos viales.
Conocidos como los “semáforos del tercer mundo”, a nivel global los lomos de burro están desaconsejados porque en algunos casos puede tener más inconvenientes que virtudes; más allá de las precauciones que puedan tomarse, puede llegar a provocar roturas o pérdida de control y eventuales accidentes. Los trenes delanteros y las suspensiones son las partes más castigadas, en especial para quienes usan los vehículos para trabajar.
El artículo 91 de la ley 11.430, –modificado por la 12.582– establece que los municipios deben “colocar, a una distancia de trescientos (300) metros, la señalización que indique la advertencia de Ingreso a Zona de Reductores de Velocidad. Asimismo, en la zona de instalación de dichos reductores, se procederá a la correspondiente señalización mediante placas montadas sobre un pie, con el isotipo correspondiente sobre un fondo amarillo reflectante, colocadas con relación al recurso y con anticipación de ciento cincuenta (150) metros en áreas urbanas, y una en correspondencia con la meseta”.
Lejos de cumplirse la norma, en Junín la mayoría de los badenes y cunetas no cuenta con la señalización correspondiente. Y hay varios cuya disposición es dudosa respecto a las condiciones que deben reunir los reductores.
El mismo artículo define que “en todos los cruces peligrosos, que no cuenten con semáforos, las autoridades competentes de la jurisdicción procederán a: instalar un Sistema de Reductor físico de velocidad denominado ‘meseta’, en forma transversal al desplazamiento de vehículos, el cual se deberá materializar con una elevación, respecto a la rasante del camino, no mayor de cinco (5) centímetros y una longitud total de cuatro (4) metros, siendo la superficie corrugada de dos (2) metros de ancho y explanadas ascendentes y descendentes de un (1) metro cada una, que abarca todo el ancho de la calzada y en cantidad que sea necesaria; previo a la utilización de dicho artificio se colocará, a una distancia de cinco (5) metros, una línea de frenado de cuarenta (40) centímetros de ancho pintada de color blanco, a los efectos que los conductores aminoren la velocidad antes de llegar al cruce. Esta meseta estará demarcada con líneas blancas y amarillas tipo cebrada, la pintura a utilizar será de tipo reflectante, la que recibirá el mantenimiento adecuado para no perder el impacto visual previsto en la presente norma”.
Del lado de los peatones, el desafío que deben afrontar a diario es el de cruzar calles y avenidas sin sendas peatonales. Por este motivo, muchos lo suelen hacer en lugares desaconsejables de las esquinas, muy cerca del vértice, lo que no da tiempo a los vehículos que doblan a disminuir la velocidad u otorgarles lugar para frenar sin ser chocados de atrás por otro auto.
La falta de esta señalización horizontal, que ayuda a establecer reglas claras en la calle incentiva a la violación de una norma básica para la convivencia en el tránsito: el ceder el paso a los peatones en los cruces de las esquinas.

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