Altas, bajas, imperceptibles o “asesinas”, hay descontrol en la ubicación y el mantenimiento de los lomos de burro en el Gran Córdoba.
Aquel que maneje con frecuencia en las calles sabe que no hay dos lomadas iguales. Más altas, más bajas o más anchas; con filo, redondeadas o aplanadas; tipo meseta o tipo cordón; inofensivas o casi “asesinas”.
“Si bien a nivel provincial existen una serie de pautas para este tipo de elementos de control de velocidad, en el orden municipal, no hay ningún protocolo, no están normalizadas en formato ni tamaño”, explicó a Día a Día Horacio Botta Bernaus, abogado especialista en seguridad vial. “Esto hace que cada comuna, técnicamente, pueda hacer lo que quiera. Y eso no está bien”, agregó.
La norma citada es una resolución del año 1993 de la Dirección Provincial de Vialidad que establece que deben tener una forma piramidal, con una leve pendiente, una altura de 8 centímetros y una base de 4 metros. Sin embargo, la enorme mayoría de las lomadas de Córdoba y el Gran Córdoba, no la cumplen.
Para Botta Bernaus, el problema es que hay un descontrol a la hora de instalarlas. “Antes de ponerlas, se debería hacer un estudio para ver si este elemento es el que realmente puede resolver la problemática del sector. No siempre sirve una lomada”, advirtió.
Frenar a cero. Cuando se interpone en la vía pública un obstáculo (una lomada es justamente eso), hay una serie de requisitos que, si bien no están normalizados, son absolutamente necesarios. Por un lado, es vital buena señalización, hacerlo visible.
Por otro, el lomo de burro se debe adaptar a la velocidad máxima prevista para esa vía. “No se puede, en una avenida que tenga máxima de 60 km/h, hacer un lomo de burro que no deje pasar a más de 10. Es decir, se debe adecuar el elemento a la velocidad, porque si no, se convierte en una trampa para el automovilista”, aclaró Botta Bernaus.
En la investigación “Efectividad de Dispositivos de Templado de Tránsito de Córdoba”, elaborado por la Comisión de Seguridad Vial y Accidentología del Instituto Superior de Ingeniería del Transporte de la UNC, se explica que “si bien estos dispositivos logran el fin perseguido (la disminución de velocidad), deben ser implementados con suma precaución, con un estudio previo de la necesidad de la instalación”.
Entre las conclusiones, se detalla que “los dispositivos mal ubicados, sin señalización adecuada o con dimensiones inaceptables pueden convertirse en potenciales generadores de accidentes”.
En el trabajo se considera que en todos los casos deben realizarse también estudios post ejecución de la medida, para comprobar los verdaderos efectos sobre el tránsito, la movilidad y la disminución de los accidentes.
Paradoja. En relación con las lomadas hechas de PVC, muy de moda en el Gran Córdoba, hay un interesante estudio hecho por un grupo de ingenieros de la Universidad Nacional de Río Cuarto.
La investigación “Análisis de los efectos de las irregularidades de la Carretera sobre la dinámica del vehículo” determina que, paradójicamente, algunas de estas lomadas son más fácilmente traspasables si el auto marcha a mayor velocidad.
“Hicimos el estudio porque detectamos que cualquiera ponía una lomada de la forma que le pareciera y en cualquier lado y muchas veces tiene consecuencias dramáticas para los autos”, dijo Ariel Manelli, uno de los ingenieros que participó de investigación.
“El estudio descubrió que algunos reductores de velocidad, sobre todo los plásticos que se atornillan al pavimento, mientras más rápido se pasan, menos se sienten; todo lo contrario a lo que se pretende”. Manelli agregó que “muchas veces se producen graves daños en la suspensión y hasta se puede perder el control porque, según la velocidad, las ruedas quedan en el aire, impidiendo maniobrar o frenar”.
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Si te tragás una lomada, podés demandar
“Si hay un defecto importante en la colocación de una lomada, si son demasiado altas o mal señalizadas, hay una responsabilidad por parte del Estado, que es el que debe garantizar la seguridad en las vías. En el caso de calles urbanas, la Municipalidad”, explica Horacio Botta Bernaus.
“Debe probarse la negligencia por un defecto importante, pero indudablemente se puede generar una demanda hacia el municipio”, agregó. Para Botta Bernaus, es clave la colocación de todos los elementos que adviertan al conductor y que éstos se mantengan.
“Es muy común que se coloquen lomadas, se demarquen, pero al tiempo la pintura se pierda, los semáforos se descompongan y nadie se haga cargo”, dijo.
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