La entrada en vigencia de las nuevas tarifas del transporte público de pasajeros en Santiago del Estero, alteró la tranquila rutina de los pocos técnicos que trabajan en la programación de los odómetros digitales de los miles de remises en funcionamiento obligándolos a trabajar las 24 horas del día.
Marcelo Lobos y su familia, uno de los técnicos autorizados para esta sencilla labor pero por la cual convergen a diario cientos de trabajadores de los autos de alquiler, apenas durmió 3 horas ayer, y sus hijos lo reemplazaron en la agotadora e interminable tarea de reprogramar los aparatos con las nuevas tarifas vigentes desde ayer.
El trabajo fuerte comenzó la noche del domingo, comentó la esposa de Lobo, mientras su marido se encontraba recorriendo las remiserías haciendo el mismo trabajo, pero a domicilio. La mujer explicó que el trabajo es constante, ya que siempre hay algún arreglo que hacer en estos delicados equipos, pero en estos días, el trabajo se triplicó y estimó que aún restaba el 40% de sus clientes. Solo una persona más hace el mismo trabajo en la ciudad.
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