Gimnasia cayó ante Quilmes 2-0 y cedió demasiado terreno en la lucha por el campeonato. Fernando Monetti, en contra en un increíble error, abrió la cuenta. La cerró Pérez Godoy en el epílogo. Le queda esperar que no gane River y así tener más posibilidades.
El partido. A los pocos segundos se dio la primera marca del partido: Joel Carli intentó meter un tiro libre en el área de Gimnasia desde 10 metros delante de la propia. La lluvia y el mal estado del campo de juego se tornaron en un combo especial para el mejor juego del local: el pelotazo a la potente dupla de ataque con Jorge Tellechea y Joaquín Boghossian.
Y así llegó la primera clara cuando a los 4 minutos Leandro Benítez tiró una pelota bombeada al área y Monetti, molestado por Tellechea, dejó escapar la pelota y salvó Osvaldo Barsottini en la línea.
Ante el ingreso de Gonzalo Ríos por Garnier a último momento, el equipo tripero intentó buscar el sendero izquierdo de la defensa local, con la mejor dupla técnica representada por Javier Mendoza y Lucas Licht pero con poca precisión en los primeros minutos. El Lobo entró en la fricción de Quilmes y no le convino hasta los 10 iniciales.
De a poco Gimnasia empezó a serenarse y la variedad de juego que le entrenó Franco Mussis en el medio fue fundamental para el equilibrio que buscó el conjunto albiazul. En ese trance el Lobo encontró espacios a la espalda de Ríos pero pudo corresponderlos con buenas triangulaciones ante la tibieza de Facundo Pereyra y la inestabilidad que mostraron Álvaro Fernández y Maximiliano Meza en el juego asociado.
Mientras el equipo de Ricardo Caruso Lombardi nunca cambió su libreto hasta los 30 minutos, a puro pelotazo y búsqueda de la segunda jugada bien controlada por la zaga tripera con Juan Carlos Blengio y Osvaldo Barsottini, el apuro del once de Pedro Troglio fue tan notorio que se transformó en imprecisiones en ambos extremos: tanto del experimentado Licht como del joven Mendoza, para poner un ejemplo claro.
Lo malo de la tensión que vivió el conjunto visitante fue que ante la repetición de argumentos de parte del local, éste tampoco varió demasiado y no utilizó una herramienta fundamental en tal contexto: el remate de media distancia. Con la persistente lluvia y el mal estado del campo, los jugadores ofensivos del Lobo jamás probaron de afuera en el primer parcial.
La intensidad de ambos equipos y el contexto climático del partido confluyeron, casi lógicamente, en un encuentro con poco juego y mínimas chaces de gol. Quilmes respetó a rajatabla el libreto impuesto por su técnico, partiendo del cambio de último momento de Tellechea por Garnier, que fue bien controlado por el Lobo; mientras la visita fue un puñado de nervios en ocasión de la creación futbolística, con ese mediocampo que tantos frutos le dio atado completamente y sin la frescura ni el vértigo que suelen impregnarle Meza y Mendoza, ante una zaga lenta del Cervecero que se replegó con criterio.
Tiró mucho. Para el inicio del complemento Pedro Troglio tomó riesgos y dio un mensaje a sus jugadores: hay que ganar. En este marco ingresó Rodrigo Contreras por Miloc para pasar a formar el medio con Meza, Mussis, Fernández y Mendoza, mientras el exSan Lorenzo formó la dupla con Pereyra.
Mientras Gimnasia intentaba acomodarse a la nueva estructura y a la modalidad de juego decididamente ofensiva, un tiro de esquina de Leandro Benítez cerrado, al segundo palo, encontró cómodo a Fernando Monetti para rechazar la pelota y el Mono, en el afán controlarla con un contexto difícil por la lluvia, marcó la impensada apertura del marcador en contra de su propia valla a los 4 minutos.
La descompensación tripera en esos minutos posteriores fue notable. Además del baldazo de agua fría que significó el gol de Quilmes, mermó la confianza y el poco equilibrio del equipo que fuera por un grosero error de uno de sus estandartes de los últimos años. En los segundos posteriores se dieron tres yerros defensivos importantes que no terminaron en el 2-0 de milagro.
Si en un contexto parejo el partido era difícil para el Lobo, con el 0-1 las presiones se multiplicaron y los palotazos largos, en detrimento de la búsqueda al ras que lo llevo hasta lo más alto, comenzó a aparecer para desvirtuar la búsqueda tripera. A pesar de eso gracias a un pase largo de Meza a Contreras que éste bajó al medio, llegó el primer remate franco de Gimnasia que probó la existencia del arquero Benítez: pateó Nacho Fernández y éste contuvo abajo, con facilidad, a los 20 minutos.
Mientras el equipo de Troglio se acercó nuevamente con un remate de Contreras que Benítez sacó al córner, en la réplica Gonzalo Ríos le pegó por sobre el cuerpo de Monetti y el travesaño, a los 24 minutos, le negó el segundo al Cervecero ante un desguarnecido fondo albiazul.
La continuidad del partido fue lo previsto en un contexto así: Gimnasia buscando con apuro, apenas con un poco de claridad en los pies de Nacho Fernández y la potencia de Contreras, pero con Quilmes bien recostado sobre su cancha y aguantando la pelota en el pecho del siempre potente y útil Tellechea hasta los 35 minutos.
Los últimos 10 minutos fueron una muestra del daño que se generó el Lobo a sí mismo. Porque de los nervios que mostró a lo largo de todo el match y que se profundizaron con el yerro de Monetti, pasó a la búsqueda desesperada con pelotazos con un único destino: el área. Y en esa situación no se encontró con el empate de casualidad, ya que a los 47 minutos Benítez rechazó con los puños una pelota sobre el cuerpo de Barsottini y ésta, como en una película de ciencia ficción, se fue besando el palo derecho del arco local. Un guiño del mal momento que atravesó el Lobo en todo el partido, sin poder generar juego asociado y ni siquiera contando con la suerte de su lado.
El cierre del partido sólo mostró tiempo para la furibunda réplica de Quilmes que terminó con Pérez Godoy enfrentando a Monetti, picando la pelota y sentenciando el 2-0 final con una pincelada de calidad ante la desesperación del fondo albiazul. Broche de oro para el local, que determinó la salvación final y la mantención de la categoría.
El Lobo se maltrató a sí mismo con el nerviosismo que mostró a lo largo de todo el partido, la incomodidad que sintió ante el ríspido match que le planteó Quilmes, el gol en contra y sobre todo por la falta de variantes de juego en el mediocampo, su arma letal en los partidos previos y que lo llevó a las últimas instancias del torneo con chances de ser campeón. Una caída dolorosa pero dentro del marco de lo previsible. Ahora al Lobo le queda esperar que no gane River para continuar con chances serias de pelear el campeonato.


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