El Lobo ganó en Avellaneda y se puso a uno de la punta

El Lobo ganó en Avellaneda y se puso a uno de la punta
Gimnasia jugó un gran partido y con gol de Fernández, la figura, superó a Racing por 1 a 0. Así, el equipo de Troglio metió el cuarto triunfo consecutivo, llegó a los 50 puntos en la temporada y es escolta de Estudiantes y Colón.
Calladito y desde atrás, Gimnasia sigue sumando y se mete en la conversación. Este jueves el Lobo hizo un gran partido en Avellaneda y le ganó 1 a 0 a Racing, con gol de Álvaro Fernández a los 21 minutos del segundo tiempo, metió así su cuarto triunfo consecutivo, llegó a los 50 puntos en la temporada (el gran primer objetivo) y, como si fuera poco, se puso a uno de la punta y es escolta de Colón y Estudiantes.

Sabe lo que tiene, y lo que no, y así anda Gimnasia en el campeonato. Se sacrificó como nunca el Lobo para ganar en el Cilindro de Avellaneda, un reducto que le venía siendo esquivo en los últimos años, y a base de humildad, sacrificio y entrega de todos sus jugadores, se anima a darle pelea a los de arriba. Y bien merecido lo tiene el equipo de Troglio, que se levantó de situaciones complicadas y tiene carácter.

En cuanto al desarrollo del encuentro, Gimnasia fue de menor a mayor y se trajo merecidamente las tres unidades a nuestra ciudad. Y justificó la victoria en base a la solidaridad y sacrificio que tuvo el equipo para ir en busca del gol ante un adversario que, inmerso en una clima no del mejor, nunca supo imponer su juego, careció de ideas arriba y se mostró muy apático a pesar de su condición de grande y ser local.

Apenas unos segundos tardó Racing en marcar territorio y tener su primera situación a favor: Ibáñez ejecutó un centro desde la izquierda, Barsottini se desentendió con Monetti y mandó la pelota al córner, y de esa jugada Viola aviso de cabeza, que por suerte para Gimnasia se fue por arriba del travesaño.

Esta llegada de la Academia sobre el inicio del encuentro fue un preámbulo de los minutos posteriores, porque a pesar de algunos intentos del Lobo por llegar al área de Ibáñez (tratando de hacer ancha la cancha, aunque sin poder de resolución), fue el local el que más picante se mostró en ofensiva, tanto que a los 11 el que tuvo su oportunidad fue Villar dentro del área, pero su remate salió algo desviado.

A partir de entonces el encuentro se tornó de ida y vuelta, con imperfecciones por ambos lados pero con espacios para poder lastimar. Y en este sentido, con el correr de los minutos el Lobo fue ganando terreno y empezó a tomar más protagonismo. Así, Mendoza tuvo su chance ante una pasiva salida de Ibáñez, pero la pelota se fue desviada, quedando la sensación igual de que el gol podría venir rápido.

Bajo este andar, por momentos Racing con la conducción de De Paul -el más claro del local- y de a ratos Gimnasia con Mussis y Fernández como máximos estandartes, se fueron intercambiando la pelota. Los de Troglio dejando la sensación de ser más prácticos que los de Mostaza, aunque sin profundidad para que Peralta aprovechara espacios. Mientras que a Vietto le costó una enormidad tomar protagonismo y por eso el arco de Monetti le fue quedando demasiado lejos a un equipo que fue perdiendo agresividad.

Así se fueron los primeros cuarenta y cinco minutos iniciales. En un partido equilibrado, Racing mostró algo en el inicio y luego se desinfló. Gimnasia, por su parte, mantuvo una regularidad durante todo este periodo y terminó dejando una mejor imagen. Eso sí, el común denominador de ambos fue la falta de profundidad para concretar todas esas ideas que en la teoría fueron interesantes, pero en la práctica no.

La etapa complementaria arrancó de la misma manera en que terminó el primer tiempo, con muchas imprecisiones, pero con mayor intensidad, tanto de un lado como del otro, lo que abrió la ilusión como para que alguno de los dos equipos rompa el molde y llegue al gol para cambiar el desarrollo del juego.

En estos minutos Gimnasia continuó mostrándose como el conjunto más ambicioso, aunque siempre tomando sus precauciones defensivas, sabiendo que Racing tiene material como para lastimar arriba. Por ejemplo, con De Paul, el jugador más interesante de la Academia, cuando a los 19’ se la jugó en la individual y, tras dejas a varios futbolistas en el camino, sacó un derechazo potente que atajó el Mono.

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