Se fue la lluvia, salió el sol, pero el drama sigue en los asentamientos

Se fue la lluvia, salió el sol, pero el drama sigue en los asentamientos
En el BAP de Guaymallén viven más de 60 familias, y ninguna casa se salvó de los efectos del agua. Allí hay decenas de niños, algunos con discapacidades.

Pareciera que al salir el sol y terminarse el temporal de lluvia que golpeó a la provincia, todo quedó atrás, pero hay muchas personas para las cuales la lucha por recuperarse recién comienza. En los albergues improvisados por los municipios para atender a los cientos de evacuados, hay decenas de historias de tristeza y pérdida total. También, a partir de esos lugares, es posible conocer la realidad de personas que parecen olvidadas por todos.

En un recorrido por el polideportivo Nicolino Locche de Guaymallén, la mayoría de las personas asistidas son mujeres y niños, porque los padres de familia están cuidando las pocas cosas que lograron rescatar o lo que queda de sus viviendas. Sin embargo, ayer, era posible ver a uno que en sus ojos mostraba el dolor de un fin de semana muy complicado. Su nombre es Javier Galaez, de 35 años, y vivía en una casa de adobe del asentamiento BAP, en Rodeo de la Cruz, Guaymallén.

“El sábado en la madrugada se derrumbó todo. Salimos a las siete de la mañana a cuidar coches y, cuando volvimos, como a las doce, se me cayó todo, no quedó nada”, dijo con lágrimas en los ojos.

Después de eso, sobrevivió durante tres días en una carpa con su esposa y sus tres hijos antes de ser rescatado y llevado al albergue del polideportivo.

Más allá de lo que estaba viviendo, hizo hincapié en el drama que aún viven sus vecinos, algunos de ellos con hijos discapacitados, y pidió que les dieran una mano.

En el recorrido por el asentamiento BAP, donde viven unas 60 familias, no hay casa que se haya salvado del efecto del agua, gran parte por la lluvia y otra por los efectos de un zanjón cercano.

Son muchos los casos con graves problemas, pero llama la atención la gran cantidad de niños que deben sobrevivir a diario en condiciones infrahumanas. A la pobreza que sufrían, hoy se suma el barro y la imposibilidad de dormir en un lugar seco y abrigado.

María Gómez vive en una casa de madera y nailon con sus cinco hijos, uno de ellos es sordo. Su hogar está lleno de barro, y el material de la vivienda comenzó a pudrirse. Hoy no tiene un lugar seco para que puedan dormir los pequeños.

Donde limita el asentamiento hay una pared que contuvo el agua y formó una verdadera laguna que, poco a poco, se secó. Allí, a unos metros, vive Lorena Soledad Fernández con sus hijos y su esposo. El caso que más la complica es el de la pequeña Dulce Estrella, de sólo cuatro meses, con síndrome de Down. Teme pedir ayuda porque, según dice, una asistente social que los visitó la amenazó con quitarle a la niña por las condiciones de su hogar.

Sólo deben darse algunos pasos para encontrarse con más y más casos. Ahora esperan ayuda, ya sea del Municipio o del Gobierno nacional, como se anunció ayer.

La Municipalidad de Guaymallén ya atendió a más de 200 evacuados en el polideportivo Nicolino Locche y ayer realizaba operativos para llevar a los niños a centros de salud. También están presupuestados recorridos para verificar la situación de las viviendas y las familias más afectadas por el temporal.

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