El 4 de abril de 1823, Martín Rodríguez, gobernador de la provincia de Buenos Aires, llegaba con su ejército a nuestra región e iniciaba la construcción de una fortificación con el propósito de proteger de la “amenaza” del aborigen a las nuevas tierras ganaderas al sur del río Salado.
Ciertamente, este fue un período en el que se destacan los denominados “pioneros”. El danés Juan Fugl dedicado -desde mediados de siglo- a la educación pública, la vida política y a una incipiente agricultura; y el español Ramón Santamarina ejerciendo el comercio entre Buenos Aires y Tandil. Lentamente, por su ubicación, este pueblo de campaña comenzaba a ser el centro comercial de la región.
Sin embargo, es a partir de la llegada del tren a Tandil, el 19 de agosto de 1883, que se evidencia un inaudito crecimiento socio-económico. Al escucharse sonar el silbato de la primera locomotora, un cronista de la época -presagiando la incidencia del ferrocarril- expresaba que “...la locomotora con sus pies de acero y sus entrañas de fuego nos sacará de nuestro aislamiento y nos colocará en comunicación directa con los centros ilustrados del trabajo y del saber.”
Según el periodista e historiador local Hugo Nario, “la expansión económica fue casi explosiva”. En efecto, cuatro meses después del arribo del tren se lleva a cabo, por primera vez, la feria-exposición rural e industrial que contaría con “una inmensa afluencia de gente...alcanzado el éxito deseado, desde el que se puede asegurar que el Tandil es hoy el pueblo de moda de la Provincia”, señalaba un periódico local.
El tren permite que la zona destinada únicamente al vacuno pueda volcarse de lleno a la agricultura, transformando a Tandil en un importante centro de producción, concentración y distribución de mercancías. En 1881, el partido tenía 1.133.883 cabezas de ganado, en tanto que catorce años después incorporaba unas 250.000 cabezas más. Hacia 1881, por otra parte, las tierras ocupadas en cultivos agrícolas llegaban a 4.208 hectáreas; mientras que la cosecha de los años 1896-97 habría de resultar cuatro veces mayor al cultivarse 16.557 hectáreas.
Asimismo, el arribo del Ferrocarril del Sud a Tandil, daría impulso a la industria minera, ya que las sierras ofrecían la fácil explotación de canteras de granito y mármol. La construcción de ramales desde la estación ferroviaria a las explotaciones mineras provoca un extraordinario aumento de la producción con el propósito de transportar grandes volúmenes de piedra, cuya finalidad principal era el adoquinado de las calles de Buenos Aires y de La Plata, capital de la provincia recientemente fundada.
En cuanto a la población, de acuerdo a un censo del año 1853, el partido de Tandil alcanzaba las 2.999 almas (627 en la aldea), creciendo para 1895, como consecuencia de la llegada del ferrocarril, a los 14.982 habitantes (7.088 domiciliados en el pueblo).
En el contexto de las políticas de inmigración llevadas a cabo en el país y el ingreso masivo de extranjeros, hacia principios del siglo XX, el servicio de pasajeros de la empresa Ferrocarril del Sud despachaba anualmente, desde Tandil hasta Plaza Constitución alrededor de 70.000 pasajeros y, desde allí hasta nuestra ciudad, recibía unos 75.000. Sólo le sobrepasaban Mar del Plata y Tres Arroyos; pero en cuanto a las cargas recibidas y despachadas, Tandil primaba sobre aquéllas.
La expansión urbana, por lo tanto, resultaría enorme, dando origen al primer barrio de Tandil: el barrio de la Estación, cuyo núcleo poblacional lindero a las vías, irá aumentando a lo ancho y a ambos lados de las instalaciones de la empresa ferroviaria. El médico y Juez de Paz Eduardo Fidanza (presidente en esos años de la denominada Corporación Municipal) decía: “Tandil se ha transformado. El barrio de la Estación ha crecido de súbito. Las canteras de piedra hierven de actividad...todos los días arriban forasteros a radicarse en Tandil. Vacas y ovejas llegan en menos de un día a los mercados metropolitanos. Las carretas y las diligencias van relegándose hacia el sur, hacia donde todavía no llegan los rieles.”
Desde el punto de vista social, a través del ferrocarril se incorporan numerosos trabajadores con una preparación específica (conductores de locomotoras, mecánicos, telegrafistas, operarios, empleados administrativos y organizadores de servicios) que producen un profundo cambio en la sociedad de Tandil al elevar su nivel político y cultural, en tanto que preparaba el terreno para la siembra de ideales y luchas por reivindicaciones de la clase obrera.
En 1902, los vecinos del barrio de la Estación fundan el primer centro social y cultural de Tandil: la sociedad literario-musical “Juventud Unida” (con el correr de los años denominado Club Juventud Unida); significativo centro recreativo musical y formador de músicos mucho de los cuales se destacarían en los bailes y orquestas típicas de nuestra ciudad.
Con la llegada del coloso del Sud, además, comenzaba el Tandil turístico, siendo las propias autoridades municipales las que, en 1883, manifestaban al gobernador Dardo Rocha que “El Tandil es uno de los pueblos privilegiados por la naturaleza. Su situación especial en el límite de la extendida y monótona campaña de Buenos Aires al Sud la coloca en el primer término de esa topografía accidentada que rompe desde aquel punto la llanura para convertirse hasta el mar, en una serie no interrumpida de caprichosas y pintorescas ondulaciones y será, sin ir más lejos, con la llegada del ferrocarril un pueblo veraniego, donde la familia pudiente de Buenos Aires o La Plata tendrá allí su casa de recreo sobre las faldas de las bellísimas sierras que la rodean.”
Los cronistas de ese momento, por su parte, expresaban que Tandil por “la amenidad de sus sierras y sus valles, regados por cristalinas fuentes y la bondad de su clima, ofrecen a los habitantes de la Provincia y especialmente de la Capital, a pocas leguas de su residencia, una Suiza, con sus sierras y valles en que poder disfrutar (...) de la benignidad de un clima sano y templado (...) el Tandil ofrece, pues, a la agricultura, a la industria, al turista y al enfermo, ventajas superiores a las que ofrecen los demás partidos de la Provincia...”
Han pasado 130 años de aquellos esperanzadores anuncios, en tanto que en la actualidad nos encontramos con un Tandil cuyo espacio geográfico se presenta amenazado, y con manifestaciones de un histórico desmantelamiento ferroviario que aún hoy muestra graves signos de deterioro.
La historia de nuestra región nos remite, entonces, a dos desafíos insoslayables: la movilización de las conciencias y las políticas tendientes a un verdadero cuidado y protección del medio ambiente; y la recuperación del ferrocarril como uno de los instrumentos más valiosos de los sistemas de transporte y de comunicación creados por las sociedades modernas.
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