Cristina dejó ayer al mediodía las puertas abiertas de la gran sala de la Cuarta Brigada Aérea para que la prensa, a las que tantas críticas le ha manifestado últimamente, se hiciera presente.
En la tierra del vino la primera mandataria lucía una sonrisa de punta a punta y una tranquilidad que llamó la atención a los presentes. Saludaba a funcionarios, empresarios y representantes de las cámaras vitivinícolas, quienes no le sacaban un ojo de encima.
Siguió su camino mientras rodeaba la gran y ovalada mesa hasta llegar a la punta donde daría a conocer las “buenas” de esta vendimia. A su lado, los gobernadores de Mendoza, Celso Jaque, y el de San Juan, José Luis Gioja, a quienes la alegría prácticamente los desbordaba mientras Cristina anunciaba lo que había prometido.
Cuando se fue, nadie pudo evitar, ni sus guardaespaldas, que todos quisieran acercarse y nadie de la prensa quiso perderse la oportunidad de hacerle preguntas, a las que sólo respondió “gracias, gracias y gracias”.
Subió al minubús que la esperaba junto a la puerta, con su gabinete en cola y, a pesar de mostrarse satisfecha por lo anunciado en la reunión, no atinó a decir más palabras y tampoco a bajar la ventanilla, mientras periodistas corrían a la par para sacarle alguna respuesta, seguramente referida a Cobos.

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