Llega otra biografía no autorizada de Alperovich: "El artista de los velorios"

Llega otra biografía no autorizada de Alperovich: "El artista de los velorios"

El periodista Ariel Fernández está recopilando anécdotas imperdibles sobre las andanzas de los integrantes de las familias gobernantes Alperovich-Rojkés, desde sus humildes inicios hasta convertirse en los dueños de Tucumán.

El nombre del libro es mantenido en secreto por Fernández. Solo anticipó a CONTEXTO que la impresión se realizará fuera de la provincia, y la distribución estará a cargo de una compañía nacional, para evitar los inconvenientes sufridos por los editores de "El Zar".

El libro está escrito en primera persona, ya que el periodista aprovecha haber sido testigo directo de muchos de los hechos que narra y conocer desde hace años tanto a Alperovich como a los protagonistas, al punto que en muchos casos los trata por su apodo.

A través de CONTEXTO, iremos publicando en exclusiva algunos fragmentos jugosos del libro de Ariel Fernández. Veamos un anticipo:

José Alperovich: el artista de los velorios

Por Ariel Fernández

José Alperovich tiene a casi toda la provincia en un puño. Será el único ciudadano que entrará en la historia por gobernar Tucumán en tres mandatos consecutivos.

Si tantos tucumanos y por tanto tiempo le encuentran las virtudes suficientes como para "coronarlo" de votos, por algo será. Más allá de la demagogia, las mentiras, bolsones, bingos, raspaditas, océanos de taxis, decenas de acoples, dinero a raudales, etc., sus triunfos electorales son induscutidos.

Alperovich no me gusta para nada, y por razones que no son político-partidarias o ideológicas.

Lo mío es muy particular, más bien vinculado al concepto de mala persona, o mal bicho, como lo es, este individuo.

Le tengo idea como se dice. Por los velorios.

Lo vi actuar (de actuación artística) al señor Alperovich en tres velorios de gente conocida.

El primero fue el de don Luis Rotundo, quien murió siendo presidente de Canal 10, cuando Alperovich tenía el cargo de vicepresidente de la señal. Lo impusieron en ese lugar algunos radicales. Dos se arrepienten. Los otros, casi.

El desconsuelo de José era tremendo. Alternaba esos momentos de congoja con murmullos dirigidos a dos miembros del Consejo Superior de la UNT, orquestando desde esa noche como accedería él a la presidencia de la TV Universitaria.

Me llamó la atención, pero seguramente apreciaba mucho a don Luis, pensé.

Alperovich no estaba dispuesto a que se complicara su llegada al lugar más importante de la emisora. El soñaba con ese cargo y lo consiguió sin mayores problemas. Es más, creo que sentía un verdadero afecto por Rotundo. Quiero pensar eso.

El segundo velorio donde lo ví "actuar" fue en el de Miguel Miranda (hermano de Julio Miranda) que se mató en un trágico accidente, un 30 de diciembre. Miranda era entonces gobernador y José su ministro de Economía.

Alperovich se mostraba sorprendentemente desolado como el mejor de los amigos del infortunado Miguelito, o el "Moto", como le decíamos quienes lo conocimos de verdad.

El actual gobernador no tenía la más peregrina idea de quien fue Miguel Miranda.

Eso no le impidió lagrimear media docena de veces y acercarse todo compungido a dar el pésame a cualquiera que tuviese pinta de ser pariente de Julio Miranda.

Así se pasó toda la noche. Ofrecía café y eventualmente "acompañaba" hasta el féretro a los que iban llegando.

Yo lo miraba y me acordaba del velorio de don Luis Rotundo. Si aquella vez su pesar fue sincero, vale. Pero esto era demasiado. Miguel Miranda era prácticamente un desconocido para Alperovich.

Debe ser por solidaridad con el gobernador Miranda -su jefe y nuevo amigo-, pensé en ese momento. O este hombre se emociona en todos los velorios, que sé yo.

El tercer recuerdo que tengo de este "doliente personaje" fue cuando murió Amado Juri.

Lo velaron en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno.

Yo estaba esperando la salida del tumultuoso cortejo en las escalinatas de la entrada principal del Palacio, por 25 de Mayo.

Se me acercó un fotógrafo (reservo el nombre) y en voz baja me dijo lo siguiente: "Estoy de rebusque. Alperovich va a agarrar como sea la primera manija del cajón y le tengo que disparar una seriada de fotos justo cuando estén saliendo. Me tira unos buenos mangos y tejos extras si sale en la tapa".

Así fue. Increíble. Alperovich salió adelante portando el ataúd de Amado Juri y con lágrimas en los ojos.

Alfredo Alcón es un principiante a la par de este tipo.

Tucumán nunca conoció un político como Alperovich, sin escrúpulo alguno, impulsado por una ilimitada avaricia, con tan escaso nivel de pudor y propietario de comportamientos de tan baja calidad.

Lo único que observa y respeta es su objetivo.

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