En el partido de Coronel Dorrego, en campos poco profundos y con escasas lluvias, es posible lograr estabilidad y buenos resultados en soja de segunda. Con manejo y tecnología, la empresa Diego Hollender S.A. alcanza rendimientos muy superiores a la media de esa zona. El ingeniero Gustavo Thiessen explica las claves para maximizar el cultivo un ambiente de bajo potencial
Antes de meterse de lleno en el manejo del cultivo, el ingeniero preparó el barbecho:
* "El antecesor a nuestra soja de segunda siempre es cebada, porque nos entrega el lote a fines de noviembre o principios de diciembre".
* "Calculamos los milímetros acumulados en el perfil al momento de la siembra. Esto lo tomamos desde cuando la cebada se empieza a entregar, entre el 10 y el 15 de noviembre en adelante. Vamos sumando la lluvia y la densidad de siembra irá en función de la cantidad de agua acumulada en el lote y de nuestro rinde objetivo".
* "Desde el principio es fundamental el control de malezas para cuidar al máximo cada milímetro de agua, no sólo de lo que puede haber quedado en el lote, sino para combatir el guacho de cebada también".
* "En lo que es fecha de siembra tratamos de no pasarnos del 25 de diciembre, porque a partir de esa fecha empezamos a ver caídas marcadas de rendimiento".
La evolución
La empresa asesorada por Thiessen sembró por primera vez soja de segunda en la campaña 2006/07. En aquella oportunidad implantaron semilla propia de grupo de madurez 3,7. "Al ser la semilla nuestra, por el tema de los partidos tirábamos grandes densidades -650.000 plantas, 95 kg/ha- para tener una estabilidad de 400.000 plantas por hectárea, y fertilizamos con 45 kilos". Las lluvias: diciembre 100 milímetros, enero 50, febrero 140 y marzo 90.
El resultado de aquella experiencia inicial marcó con ganas la diferencia entre los lotes que tenían historia de soja con lo que nunca habían recibido al "yuyo", algo que se repetiría en todos los ciclos posteriores. "Los rindes que tuvimos fueron de 800 kilos en los lotes que no tenían antecedentes de soja y 1750 kilos en los lotes ensojados. El promedio fue de 1180 kilos por hectárea".
En el análisis de esos rindes, también se evidenciaba la caída en función de las siembras más tardías respecto a los lotes implantados temprano.
Tras superar la sequía y la falta total de lluvias en las campañas 2007/08 y 2008/09, Thiessen volvió a sembrar soja de segunda en el ciclo 2009/10. Desde el arranque hubo cambios fundamentales en las herramientas de manejo: el uso de semilla original, ahora de grupo 3,9, una baja en la densidad de siembra que fue de 400.000 plantas por hectárea (65 kg/ha) y 35 kilos de fertilizante. Eso vino acompañado de una gran mano del clima, con lluvias "milagrosas en febrero que sumaron 240 milímetros", describió el ingeniero. El resto de los registros de precipitaciones fueron: diciembre 61 milímetros, enero 23 y marzo 80.
Los rindes terminaron siendo para ponerlos en cuadrito. Con pisos de 1200 kilos y picos de 2400 kilos lograron un promedio de 2000 kilos por hectárea. "Estos resultados ya nos hicieron pensar que había que usar semilla original por el simple beneficio de la uniformidad que presenta y la posibilidad de bajar la densidad. Porque lo que nos estaba empezando a llamar la atención es que a medida que bajábamos la densidad de siembra cada vez nos iba mejor o por lo menos conseguíamos más estabilidad", indicó.
En la campaña 2010/11 se usó semilla original ya de grupos 3,7 y 4,6, y se bajó aún más la densidad, que fue de entre 45 y 60 kilos por hectárea, "unas 30 semillas por metro cuadrado, 300.000 y 400.000 plantas por hectárea", la misma fertilización (35 kilos) y distancia entre surcos (19 de centímetros). Las lluvias: diciembre 32 milímetros, enero 140, febrero 41 y marzo 100.
Los rindes fueron de 700 kilos a 2400 kilos, marcando una media de 1350 kilos por hectárea. "Las mermas en el promedio general se dieron porque incluimos muchos lotes en la rotación que nunca habían tenido soja. Muchos de los campos que veníamos tomando eran de ganadería, entonces primero los estabilizamos haciendo fina, y después nos largamos con la soja de segunda, de a poco y de acuerdo a las precipitaciones", aclaró Thiessen.
Siembra neumática
Para la campaña 2011/12 la intención fue seguir bajando la densidad y eso obligó a un cambio en el sistema de siembra. "Al seguir bajando la densidad no queríamos sembrar con chorrillo porque la distribución de la semilla no es la adecuada, entonces empezamos a trabajar con siembra neumática, de 35 a 38 centímetros". Las densidades que manejaron fueron de 12 a 20 plantas por metro cuadrado, es decir entre 120.000 y 200.000 plantas por hectárea, "unos 18 a 30 kilos por hectárea".
Siempre con semilla original pero esta vez usaron grupos más largos: 4,2 y 4,6, "con inoculante, fungicida e insecticida". En cuanto a las precipitaciones fueron de 93 milímetros en diciembre, 41 en enero, 60 en febrero y 112 en marzo.
La baja densidad de hizo que lograran un buen stand de plantas y alcanzaron rendimientos máximos de 2700 kilos y mínimos de 700 kilos. "Tuvimos un cuarto de la superficie que nunca había tenido soja y eso nos bajó bastante el promedio. Porque en esos lotes los rindes fueron de 700 kilos y en lotes cercanos pero ensojados, treparon a 2600 kilos", comentó Thiessen.
El promedio fue de 1300 kilos, mientras que la media de soja de segunda en el distrito de Coronel Dorrego "para cualquier sistema productivo a chorrillo fue de 600 kilos". "Nosotros logramos duplicar la producción solamente modificando la densidad", destacó el ingeniero. Además de la gran ayuda de haber tenido buenas precipitaciones en marzo, lo que hizo que fuera satisfactorio el llenado del poroto.
En la campaña 2012/13 la apuesta siguió por el lado de la densidad: "Esta vez bajamos a entre 8 y 12 plantas por metro cuadrado, entre 80.000 y 120.000 plantas por hectárea, es decir entre 12 y 18 kilos por hectárea, siempre semilla original y con todos los chiches". Los grupos elegidos fueron 3,8 y 4,6. En lo que respecta a la siembra neumática, utilizaron distanciamientos de 35, 38 y 70 centímetros (ver recuadro: "La distancia..."). Las lluvias fueron muy irregulares: diciembre 150 milímetros, enero 51, febrero 39,6 y marzo 70. Esto hizo que tras lograr una muy buena implantación por la humedad de arranque, luego el cultivo sufrió muchísimo por el seco verano.
Otro aspecto distintivo del último ciclo analizado fue el aumento de superficie, que trepó a 5000 hectáreas, con la salvedad de que no hubo un muchos lotes sin historia de soja. Y el resultado, en semejante volumen de hectáreas, fue satisfactorio: "Tuvimos rindes de entre 750 kilos y 2600 kilos, dando un promedio de 1475 kilos".
Conclusiones
Después de tan interesante catarata de datos, Thiessen realizó la cosecha de la experiencia que han tenido luego de tantas campañas sembrando soja de segunda en ambientes de bajo potencial:
* "Destacamos la gran adaptabilidad y respuesta de la soja a ambientes de bajo potencial en función de la densidad y la fecha de siembra".
* "Es muy importante la elección del grupo de madurez".
* "Hemos logrado una fuerte reducción en el costo de semilla".
* "Logramos mejor implantación del cultivo a partir del uso de las sembradora neumática que tiene barre rastrojo y cuchillas turbo.
* "Sembramos sí o sí semilla original, que viene con todo: fungicida, insecticida e inoculante".
* "El cebo para el bicho bolita lo tenemos como un costo fijo debido a que el umbral nos varía totalmente debido a la poca semilla que estamos tirando. No es lo mismo sembrar 30 semillas que 8 o 10 por metro cuadrado. Ante tan baja densidad no puede fallar nada".
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