La Casa del Niño, que funciona en la esquina de Perú y Salta, debió restringir sus comidas. Por demoras administrativas, se han quedado temporalmente sin unas partidas. Confían en que la situación se normalice en los próximos días. Mientras tanto, a más de 70 chicos no les pueden servir su plato. Qué necesitan para seguir adelante.
Dos de las coordinadoras de la institución, Florencia Fernández Olguin -escribana, 40 años, mamá de dos niños- y Paola Valdez -38 años, maestra jardinera, otros dos hijos- explican que el dinero proveniente del Programa de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). con el que cuentan todos los años, se encuentra demorado. Las voluntarias tienen la esperanza de que los escollos administrativos, que retienen la entrega de esa partida, se resuelvan en el transcurso de las próximas semanas. Mientras tanto, han debido servir los guisos, las polentas y las pizzas únicamente a los niños que concurren a la guardería.
Platos vacíos
En la Casa del Niño funciona un jardín de infantes, en doble turno, que recibe pequeños de entre uno y cuatro años, para ayudar a las mujeres de la zona a que puedan salir a trabajar fuera de sus casas. A estos pequeños se les da el desayuno y la merienda. Además, al mediodía, solía haber almuerzos en el que los invitados llegaban a 100, aproximadamente, puesto que no sólo eran los infantes, sino también los chicos más grandes, de entre cinco y 18 años, que viven en el sector conocido como Diagonal Norte. Estos últimos son los que se han quedado sin su plato.
ATAF pertenece a la Federación Argentina de Ayuda a la Familia. Forma parte también de la Red por los Chicos, a través de la cual recibe un subsidio del Gobierno de la provincia, pero este beneficio también se encuentra demorado desde julio. Además de la Casa del Niño, tiene otra sede, llamada Colonia Castillo, localizado entre las calles Saavedra Lamas y Perón. La Municipalidad de Yerba Buena le entrega otro subsidio, que es empleado para pagar los impuestos y para afrontar gastos de funcionamiento.
- Confiamos en que a fin de año se normalice todo -dice Florencia. No obstante, cuando eso ocurra, si bien habrán acabado con las carencias alimenticias, continuarán con otras. Porque a las mujeres que trabajan en la Casa del Niño se les hace difícil cumplir con ciertos anhelos.
- Nuestro objetivo no es sólo darles de comer, sino también apoyar a la familia y brindar actividades -explica Florencia. De hecho, en la Casa del Niño se dicta actualmente un taller de taekondo, pero hay una sala de computación y una ludoteca que debieron ser cerradas porque no cuentan con voluntarios para darles clases a los chicos.
- Antes teníamos más actividades, como apoyo escolar. Pero nos cuesta conseguir personas que se comprometan a venir. En el otro comedor, por ejemplo, tuvimos que suspender la merienda porque no hay quién la sirva -agrega Paola.
Ellas, en cambio, se han encariñado con los chicos y ya no pueden pasar ni un día sin verlos. Dicen que les hace bien traspasar las paredes de ladrillos a la vista de la Casa del Niño, y entregar un poco de su tiempo. Incluso, hasta sus hijos se han criado ahí adentro. Han aprendido que hay más dicha en dar que en recibir.
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