La empresa Fricosa esta siendo desmantelada, y los vecinos denuncian que “están destruyendo el patrimonio histórico y cultural" de la localidad
En comunicación con La Prensa Federal, Adriana Ortea, vecina de la localidad aseguró que se llevan los hierros que quedan de la entonces Fricosa (ahora Fortitudo S.A, propiedad de Juan Carlos Vizental). “En el lugar hay tres o cuatro gitanos que tienen la orden de dejar todo vacío dentro de la fábrica, pero de esta forma están destruyendo la esencia del pueblo” dijo Ortea y remarcó que ese fue el motivo, por el cual ayer, desde las 18, realizaron una movilización pasiva frente al portón de acceso a la fábrica “para parar esta destrucción del patrimonio”.
La situación comenzó hace unos dos años, “cuando se vendió hierro por peso y se llevaron las máquinas como si fuera chatarra. Por eso nosotros pedimos que no se desguace la fábrica porque es una forma de destruir la historia”, insistió e informó que se presentaron varias propuestas para que finalice esta situación, pero ninguna se reglamentó.
“Sabemos que los obreros tienen la orden de limpieza total, incluso se están llevando los ladrillos refractarios y pretenden sacar la estructura interna de la chimenea, que terminará cayéndose si eso pasa”, indicó indignada. Del mismo modo, la preocupación está en cada vecino de Liebig que ve reflejarse en los galpones y chimeneas, la historia de sus padres y el esfuerzo y trabajo de sus abuelos.
Marcha y acciones a tomar
El objetivo de la marcha era analizar las situación, “ya que somos muchos los afectados por esto, porque no es sólo el tema de la fábrica, sino que nos están obligando a desalojar las casas que son habitadas desde hace 20 años por unas 120 personas con inconvenientes” explicó Ortea.
En el encuentro se informó a los presentes que la Fiscalia de Estado realizará la presentación de un recurso de amparo para frenar las acciones que se desarrollan en el lugar y hacer un relevamiento. Mientras tanto, desde la Junta de Gobierno se enviará una carta documento a Juan Carlos Vizental, que en el transcurso del encuentro, se comunicó con Pintos y le solicitó una reunión. “Le vamos a mandar la carta documento primero porque no confiamos en que venga a la reunión, ya lo hizo en otras oportunidades y nunca apareció” remarcó la vecina de Liebig.
Además indicó que “el gobernador Sergio Urribarri se comprometió a brindar una solución y dijo que esto era una forma de provocación que estaba teniendo el propietario de la fábrica”.
Finalmente, Adriana Ortea expresó que no tiene sentido tirar la fábrica abajo porque el pueblo se construyó a partir de eso. “Además se trabajaba mucho en turismo con este lugar, pero ahora si no queda nada se va a perder todo, no sólo el patrimonio turístico sino también el histórico y cultural”, señaló.
Chimeneas con historia
Las fábrica tenía tres grandes muelles con guinches a vapor y eléctricos, una flota de cuatro remolcadores y seis chatas de carga, una red ferroviaria para zorras de tracción a sangre, calderas y generadores de energía eléctrica que se renovaban a medida que la tecnología avanzaba; compresores para cámaras de frío, fábricas de hielo, latas y toneles; gasógenos y talleres mecánicos especializados; laboratorios de alimentos, equipos para incendios, dispensario, y todas las maquinarias más modernas de la época para procesar sus productos.
Luego, en la década de 80 muchos obreros se quedaron sin trabajo. Más tarde, en 2008 se vendió lo poco que quedaba de hierro y se llevaron las históricas máquinas como chatarra.
La comunidad local, ante la pérdida del empleo buscó una forma de convertir esa fábrica en un lugar turístico, así Liebig se integró a los circuitos regionales como pueblo histórico siendo su patrimonio industrial, su particular trazado urbano y la historia de la industria de la carne su principal atractivo.
Pero con el pasar del tiempo el patrimonio fue siendo desterrado de a poco, así, en 2008 se hizo el primer “saqueo” de la fábrica. Ahora se enviaron nuevamente obreros para terminar de vaciar la estructura y dejar sin nada el lugar.

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