El ministro ultraconservador, sin embargo, remarcó que es inocente.
Lieberman se refirió a las acusaciones en su contra en una rueda de prensa en la que estuvieron presentes sus 14 fieles soldados: los diputados y ministros de su partido, entre ellos el titular de Seguridad Interior, Itzjak Aharonishky. "Estoy satisfecho con lo que hice. Si tuviera que hacerlo, haría exactamente lo mismo", desafió el polémico canciller israelí, quien días atrás visitó la Argentina, en el marco de una gira por la región. Ateniéndose a la reglamentación existente, Lieberman aseguró que dimitiría si el fiscal decidiera enjuiciarlo, pero a la vez defendió su inocencia, acusando nuevamente a los investigadores de la policía de ser instrumentos de una manipulación en su contra que dura ya trece años.
La actual investigación, reforzada ahora por pruebas fehacientes, comenzó en los últimos años, y si duró tanto fue por el éxito de los abogados de Lieberman (un inmigrante de la ex URSS que se convirtió en una pieza clave en la política israelí) en trabar la pesquisa.
El líder del partido de ultraderecha "Israel Patria Nuestra", está acusado de haber recibido millones de dólares del exterior a través de empresas a cuya cabeza estaba formalmente su hija de 19 años, en el momento de los hechos. Esto ocurrió durante períodos en los que era diputado o ministro, lo que está terminantemente prohibido por la ley y los estatutos parlamentarios israelíes, y constituye una base de sospechas de soborno contra su persona.
Lieberman irrumpió en los 90 en la política nacional como director general del Partido Likud, del hoy premier Benjamin Netanyahu. En las últimas elecciones, logró convertir a su partido en el tercero en número de bancas gracias a una dura campaña contra la ciudadanía árabe-israelí, haciéndose de la Cancillería y el ministerio de Seguridad Interior.

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