Si la intendencia se caracteriza por la tranquilidad de un lugar en donde rige un absoluto régimen verticalista, donde nadie reprueba o critica una orden emanada de lo más alto de su orden jerárquico, sino que simplemente la cumplen y a otra cosa, la de ayer se podría denominar como una jornada atípica, que seguramente le hará pensar dos veces, a la intendente Alicia Lemme, cuando llegue la hora de padecer sus tristemente célebres “juevitis”.
Lo cierto es que, Despouy, como concejal a cargo del Ejecutivo Municipal, aprovechó la movida, para ordenar que, “en un plazo perentorio” se le hiciera llegar toda la documentación correspondiente a la empresa de transporte urbano de pasajeros, Transpuntano SAPEM. La orden se la impartió al presidente de la empresa y secretario General Municipal, Sebastián Ricco y al director de Transporte, Guillermo Godoy. Ambos se hicieron los distraídos y “minga que se la van a llevar”, nos dio esta vez un colaborador del oficialismo municipal.
Despouy no pudo ingresar al despacho de quien rige los destinos municipales, y en forma irónica dijo que había sido porque estaba bajo llave, “porque como la intendente sabía que se iba a ausentar, aprovechó para hacerlo pintar”.
Esta jugada política de Despouy, legal a todas luces, abrió un camino que va a ser dificultoso de transitar para los funcionarios municipales, porque deja las puertas abiertas para que se presente a la justicia, toda vez que funcionarios municipales no cumplieron una orden directa de quien estaba en pleno y democrático ejercicio de la función de Intendente capitalino.
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