Los llevan valijas viajeras, vagones o muros de adobe. Las propuestas se multiplican en la villa y alrededores.
"En realidad aunque sumamos opciones para facilitar el acceso de la gente a los libros cada verano espontáneamente se acercan a nuestra biblioteca. De hecho, nuestros socios temporarios, que son los que se asocian por unos meses, durante la temporada superan los cien, y eso nos llena de orgullo. Generalmente narrativa latinoamericana es lo que más piden. Eso sí, son súper cumplidores y siempre devuelven los ejemplares, nunca tuvimos ese tipo de problemas" relató Alejandra Hernández, una de las bibliotecarias.
Alejandra es quien durante el año se traslada con una vieja maleta repleta de cuentos a narrar historias en las escuelas de la zona, y es una de las mentoras de la pintoresca sede que funciona al sur de Las Grutas. Construida con barro y a fuerza de cariño, el lugar durante cada verano pone buenas lecturas a disposición de los veraneantes que llegan a pasar el día a Piedras Coloradas. Al caer la tarde, además, los relatos para chicos y grandes convierten el espacio en un pretexto ideal para el encuentro familiar.
La novedad de esta temporada es un vagón refaccionado y pintado de color lila, que una familia de la villa que lo utilizaba para vender artesanías donó a la entidad. Ahora el vagoncito, ubicado de forma permanente en la plaza Luis Piedra Buena de la segunda bajada, ofrece en su interior un espacio de lectura infantil, uno de literatura patagónica y una muestra de fotografías antiguas que recorren la historia del balneario.
"Este verano el vagón fue el punto de encuentro de una serie de propuestas culturales, aunque por escasez de personal, debido a que somos dos bibliotecarios por turno, no podemos mantenerlo abierto de manera permanente" apuntó la incansable Alejandra.
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