El Papa argentino rezó anoche en la basílica de Santa María la Mayor antes de abordar el vuelo a Río de Janeiro. La visita se inicia esta tarde y durará una semana. Encabezará las Jornadas de la Juventud.
Ante un marco imponente de turistas, responsables del montaje escénico del tablado donde este miércoles se realizará la misa de envío, ultimaban los detalles. Desde la instalación de la escenografía hasta los cánticos y los movimientos que deben hacer los jóvenes para hacer flamear las banderas del Vaticano y de Brasil, son controlados con precisión.
La estructura metálica del escenario principal y de los alternativos que están situados sobre la arena de Copacabana, reciben los últimos ajustes. Las blancas sillas plásticas serán ubicadas en diversos perímetros donde se pusieron pisos de mallas de aluminio donde se ubicarán las butacas de plástico.
Una sinfonía de Beethoven se escucha desde la lejanía. Y, a paso lento, casi redoblado, avanza un grupo de jóvenes portando la cruz, unos de los símbolos de las Jornada Mundial de la Juventud. Un sacerdote va indicando los cánticos, los movimientos que se deben hacer ante el avance de los jóvenes portadores de la cruz de Cristo. Un “obrigado” (gracias, en portugués) se escucha desde el escenario y los esquemas cesan para dar paso, inmediatamente, a una serie de cánticos y bailes que se ejecutarán. Cerca de siete pantallas gigantes, desplegadas en la playa, iban reflejando cada paso de los ajustes técnicos y de los ensayos.
En otro sector, los técnicos ajustan las luces robóticas y aplican, en todos los sectores, a esta tecnología de avanzada. En tanto, a metros del escenario, están ubicados, en una carpa, los scaners que serán instalados a partir de hoy. El crepúsculo empieza a asomar y este sector de la playa Copacabana comienza a despoblarse y el escenario ya está listo para recibir a Francisco, “el Papa de los pobres”, como tituló ayer El Jornal Do Brasil.

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