El excandidato al ParlaSur por el Frente Popular, Omar Lenher, hizo un racconto de algunos de los proyectos industriales que tuvo el Valle Inferior, como Textiles Viedma, la tomatera y la cebollera INDANVI, que por diversas circunstancias, sobre todo del contexto nacional fracasaron.
Lo hizo motivado por el reciente cierre de la bodega Lapeyrade, con lo cual queda prácticamente Fridevi como la única empresa de envergadura que elabora producción primaria de la zona. Recordó a la agencia APP que las políticas liberales, que están siempre al acecho, como la de Martínez de Hoz, fueron centrales para destruir las economías regionales y la industria nacional, acotando que ahora “estamos un poco con esa misma historia”.
Lenher, quien fue Ministro de Economía durante el gobierno de Mario Franco, época en que surgieron distintos proyectos industriales en el Valle Inferior, señaló que distintos motivos y situaciones nacionales y provinciales motivaron el cierre de varios emprendimientos, como la tomatera y Textiles Viedma, en las últimas décadas, pero el Parque Industrial actual “tiene un conjunto de actividades que se siguen sosteniendo y, de aquella época, se van a cumplir ahora 40 años de la creación de Fridevi, que está y crece”.
Recordó que inicialmente Fridevi nació con el 50% de acciones por parte de IDEVI y con más de 100 personas de la ciudad que suscribieron acciones, aunque éstas se “perdieron” en las distintas sucesiones empresariales. “Fue una contribución al nacimiento de la industria frigorífica en la zona”, ironizó. Mencionó incluso que él fue el primer presidente del directorio.
Sobre Textiles Viedma mencionó a la agencia APP que tuvo una primera crisis durante el gobierno del general Vicente Requeijo, que se superó por la intervención del Estado, y posteriormente, lograda la estabilidad, terminará en manos de la empresa Lahusen.
Rememoró que en los ’90 Lahusen presentó la quiebra y en esa coyuntura él asume como coadministrador y se logra continuar con la producción y unos 200 trabajadores. Finalmente un juez determinó su cierre y posterior desguace, con la intervención “de la mafia de los remates” que hizo que se vendieran las instalaciones “a precio vil”.
Consideró que la empresa tenía viabilidad, pero el Banco de la Provincia, que era el principal acreedor, no tenía “garantías reales” de los créditos otorgados, y por lo tanto no se pudo mantener la empresa funcionando. Recordó que antes que se presentara en quiebra le renovó a Lahusen todos los créditos que tenía, y que tenían garantizados con la hipoteca del inmueble y la prenda de todos los bienes, a sola firma. Explicitó que si no hubiera hecho eso era el dueño de la situación, pero por la renovación pasó a ser un acreedor más, con lo cual el Estado terminó perdiendo potestad sobre esa quiebra.
Dijo a la agencia APP que las denuncias que él mismo hizo junto a la Comisión Interna de la entidad por el manejo que tuvo el banco en este sentido, culminaron con el procesamiento y juzgamiento de varios funcionarios del BPRN.
Sobre la tomatera, recordó que durante la dictadura militar, con Martínez de Hoz, ya empezó a ingresar tomate enlatado de Italia o California, más barato que el que se envasaba acá, en plena zona de producción de tomates. “Ese proceso de destrucción de las economías regionales y de la industria nacional que se llevó adelante en esa época, con el sistema del liberalismo que siempre está al acecho y ahora estamos un poco con esa misma historia, hizo que no se podía plantar tomates si venía del exterior más barato”, consignó.
Mencionó que en ese marco a veces se apunta contra el empresariado viedmense, pero pasan “contingencias que son imposibles de solucionar”.
Recordó además que INDALVI, donde se hacía deshidratado de cebolla, un emprendimiento viedmense del que él formaba parte, que llegó incluso a exportar a Alemania, terminó teniendo problemas técnicos y de costos. Agregó que se intentó venderla a Industrias MATA de Mendoza, pionera en el deshidratado, quien les explicó que estaba llegando cebolla deshidratada ya empaquetada de China a un costo inferior de lo que les costaba acá la materia prima para hacer el proceso, con lo cual no estaban las condiciones para seguir la industrialización, convenía importar. “Ahí terminó la cebollera”, consignó.
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