En un radio de 20 cuadras de barrios Las Violetas, San Roque, Parque República y Villa Martínez, tiros y peleas son cosa cotidiana. Vecinos denuncian una guerra por el control de venta de droga.
Al realizar un recorte sobre todas las particularidades de su cotidianidad y concentrar el análisis sólo en lo que respecta a aspectos violentos, surge que en estos barrios de clase media-baja los tiros, puñaladas, riñas y ajustes de cuenta aparecen con una inusitada frecuencia.
En sólo 11 días, este sector de la Capital cordobesa fue escenario de cuatro graves episodios que terminaron con una joven asesinada, dos muchachos baleados y un tercero apuñalado.
En todos estos casos, los vecinos que se animan a hablar (con reserva de su identidad) con este diario, no dudan en señalar que detrás de tanto tiro suelto está el microtráfico de drogas. Guerras focalizadas entre bandas de jóvenes, y un poco más grandes, enfrentadas para dominar una porción del territorio. Quedarse con el monopolio de los “quioscos” de cocaína, marihuana y pastillas (ansiolíticos que se venden de manera ilegal) significa, también, controlar una porción importante de la economía doméstica. Es, también, una forma de poder interna, una manera simbólica de ostentar autoridad en barrios donde la legalidad estatal hace rato que quedó puesta en duda.
El repaso de estos últimos días violentos comienza al filo de la medianoche del viernes 21 de febrero, cuando Romina Valdez Ríos (24), una joven madre de un pequeño de 2 años, murió alcanzada por un balazo en la plaza ubicada en la esquina de Manuel Sola y Aviador Locatelli, corazón de Las Violetas.
Había ido a comprar un sándwich cuando quedó en medio de un tiroteo, en el que sufrió un balazo que le ingresó por el tórax y salió por el cuello. Murió horas después en el Hospital Misericordia.
Tras el crimen, vecinos apuntaron contra quienes pelean por la venta de drogas. Y señalaron a los “Los Ñapatos” y “Los Bulldog”, dos facciones que se disputan el territorio a los tiros.
Esto fue confirmado por la Policía días después del crimen, ya que a las horas siguientes los investigadores de Homicidios pensaban que se trataba de un tirador “aislado” el que la había matado.
Sin embargo, durante la semana posterior al asesinato de Valdez Ríos, el comisario inspector Gabriel Álvarez confirmó que buscaban, hasta ahora sin éxito, a un integrante de “Los Ñapatos” (que también disputa, enfrentada a “La Fiel”, el control interno de la barra brava del Club Talleres) por este homicidio. “Esta barra (por “Los Ñapatos”) tenía problemas con otra, los ‘Bulldog’, por el control de la droga en el barrio y en un enfrentamiento entre ellos durante el fin de semana mataron a una mujer”, dijo el jefe policial.
Saga violenta
Horas después del crimen de Valdez Ríos, a menos de 10 cuadras de la plaza de Las Violetas, Claudio Molina (20) fue baleado por dos sujetos que llegaron en moto y lo encañonaron en la esquina de Pichuin y San Hueque. Tras dispararle en la cintura, huyeron. El herido también fue trasladado al Misericordia, donde logró recuperarse.
El intento de asesinato ocurrió a las 19.30 del sábado 22 de febrero.
En tanto, una semana después, el sábado pasado, Matías Emanuel Barrionuevo (23) fue apuñalado en un pulmón en calle Zuloaga, de barrio San Roque, a menos de 20 cuadras de los anteriores episodios. Debió ser internado ya que fue necesario que le extrajeran líquido del pulmón afectado. Su atacante, que sería un conocido suyo, aún permanece prófugo.
Y el lunes último, a las 21, arribó a la sala de cuidados intensivos del Misericordia Jorge Valdez (22), que presentaba una herida de arma de fuego, con orificios de entrada y salida, a la altura del abdomen. Su padre lo trasladó en un auto particular y hasta anoche no había precisiones sobre cómo fue atacado. Sí se pudo establecer que lo balearon en Valenti y Formosa, Las Violetas, a escasos 100 metros de donde asesinaron a Valdez Ríos.
Espiral
Conviene aclarar, a esta altura, que no se trata de una ola de episodios violentos que comenzaron este verano. Su escalada puede rastrearse desde hace tiempo en un sector de la ciudad que parece que debe convivir, hasta ahora de manera irremediable, con los balazos y las peleas a cualquier hora.
El 31 de diciembre último al mediodía, Marcos Villafañe (35), quedó malherido tras recibir una bala perdida de una guerra entre dos bandas antagónicas en villa La Toma, ubicada en el barrio Las Violetas, en la ciudad de Córdoba. Un caso casi calcado al de Valdez Ríos.
El hombre estaba almorzando junto a su familia, en la casa materna, cuando comenzaron los balazos, a plena luz del día. “La droga está detrás de todo esto”, se quejó su madre, Cristina, días después de este episodio.
Un proyectil se coló por una pared e hirió a Villafañe en la cabeza. Quedó en coma farmacológico, en estado crítico, y hasta hoy no se han conocido detenciones relacionadas con el caso.
En noviembre, La Voz del Interior reveló que en sólo 20 horas, entre la noche del sábado 9 de ese mes y la tarde del domingo 10, cuatro jóvenes terminaron baleados en distintos enfrentamientos ocurridos entre Villa Martínez, Las Pichanas, Villa Aspacia, Los Filtros, todos sectores comprendidos a ambos márgenes de la avenida Fuerza Aérea Argentina y Circunvalación, también en la zona oeste de la ciudad de Córdoba.
Otros dos casos
Policía. El agente de la Policía de Córdoba Alejandro Matías Dipe (34) sufrió graves heridas en la muñeca izquierda (corte de tendones y lesiones en el hueso) al ser atacado con una cuchilla por dos sujetos con los que discutió ayer a la madrugada frente al comercio particular del policía, una pizzería ubicada en Varsovia y Berlín, Estación Flores. El uniformado fue internado.
Remisero. En tanto, en el mismo sector de la ciudad, un remisero de 35 años fue baleado el lunes a la noche en los testículos, cuando fue abordado por delincuentes en calle Antártica. Ya recibió el alta médica.

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