El ensayista Ignacio Echevarría, amigo personal de Roberto Bolaño, escribió esta semana un texto muy fuerte en las páginas de El Cultural , de España, “Roberto Bolaño borrado”, en el que expone su testimonio y su mirada respecto de la situación de la obra del chileno desde su muerte hasta ahora.
POR MAURO LIBERTELLA
Este texto coincide con las primeras publicaciones de libros de Bolaño en Alfaguara, que en España están pautadas para estos días, después de que Anagrama, la editorial que publicó casi todo Bolaño en vida, perdiera los derechos de todos sus libros. A este respecto, Echevarría dice: “Por lo que sé, no han sido razones económicas ni de estrategia editorial las que han determinado que la obra de Bolaño pase a publicarla otro sello. Después de haber pasado una oferta más que considerable, Jorge Herralde fue informado sin más del acuerdo con Alfaguara, es decir que no tuvo oportunidad de –como suele ser lo corriente en estos casos– pujar y mejorar su oferta para conseguir mantener a Bolaño en su catálogo. La decisión es difícil de explicar a la luz de la amistosa relación que Bolaño mantuvo en vida con Jorge Herralde, de su fidelidad a Anagrama, y de la fortuna que su obra –tanto la publicada en vida como la póstuma– ha corrido a su amparo. Todo invita a sospechar que había un designio previo de arrancar a Anagrama la obra de Bolaño. Lo cierto es que hacía ya varios años que las relaciones de Carolina López, la viuda del escritor, con Jorge Herralde y su mujer Eulalia Gubern, otrora cordiales, habían quedado unilateralmente suspendidas”.
Según sostiene Echevarría en su texto, la viuda de Bolaño cortó comunicación con una parte sustancial del círculo privado del autor de Los detectives salvajes , incluido el propio Echevarría, a quien Bolaño asignó como una persona a la que consultar respecto de qué decisiones tomar sobre su obra (no como albacea): “Dado que mi proceder como ‘editor’ de las tres obras póstumas de Bolaño en las que tuve participación me parece muy poco reprochable, hay que buscar la causa de la decisión de Carolina en razones personales, y estas señalan en una sola dirección: mi buen entendimiento con Carmen Pérez de Vega, la mujer con la que Roberto Bolaño mantuvo una larga y estrecha relación sentimental durante los últimos años de su vida (en especial los tres últimos, en que la relación se afianzó y se hizo más o menos pública)”.
A medida que el testimonio del crítico avanza, los datos que ofrece son cada vez más densos: “La lista de proyectos en torno a Bolaño interferidos por los vetos de Carolina López es numerosa. Estos se extienden a algunos intentos de rescatar la memoria de sus años en México. Perros habitados por las voces del desierto (México, Aldus, 2014), la importante antología de la poesía infrarrealista realizada por Rubén Medina, miembro histórico del grupo, lleva dieciséis páginas en blanco, en las que se lee únicamente el título y la fecha de los poemas de Bolaño que no se han podido reproducir. No es el primer ni el único caso (...) Entretanto, los abogados de Carolina López no han dejado de emitir burofaxes intimidantes y de interponer demandas (en nombre del ‘derecho al honor y a la intimidad personal y familiar’ de la misma Carolina López y de sus hijos) a cuantos periodistas, documentalistas, editores, directores de programas universitarios, de canales de televisión, de prensa periódica han osado recordar la existencia de Carmen Pérez de Vega o dado cauce a declaraciones en que se habla de ella en términos que puedan inducir a pensar que nunca fue ‘pareja o compañera’ de Roberto Bolaño. Sobre la misma Carmen Pérez de Vega –mujer discreta, que vive de su trabajo– pesa en la actualidad una demanda millonaria por manifestaciones que supuestamente habría hecho acerca de su relación con Bolaño y por su comparecencia en foros públicos en calidad de ‘pareja o compañera’ de Bolaño, dos términos estos –los de ‘pareja’ y ‘compañera’– que admiten, como parece obvio, una interpretación bastante elástica, por lo que se diría que es poco probable –a mi juicio, al menos– que la demanda prospere”.
Las cenizas de Truman Capote
Es sabido que Truman Capote no se perdía ninguna fiesta. Lo que es raro es que, una vez muerto, en cierto modo siga yendo a esas fiestas, a esas reuniones. Esa es la intención del excéntrico comprador de las cenizas del gran escritor, cuya identidad se desconoce, que dijo que va a llevar las cenizas al “cine” y a fiestas a las que Capote iría, como un modo de que el escritor esté todavía en esos lugares. Por las cenizas pagó 40 mil euros. Darren Julien, el presidente de la casa de subastas que hizo la transacción, declaró: “Estoy seguro de que mucha gente creerá que esto es irrespetuoso. Pero es un hecho: Truman Capote amaba el elemento sorpresa. Le encantaba la publicidad. Y estoy seguro de que está mirando abajo, riendo y diciendo: ‘Esto es algo que habría hecho yo’. Fue un personaje extraordinario”.
Nirvana: la tapa no es la misma
Se cumplen 25 años de unos de los discos más emblemáticos de la historia del rock,Nevermind , de Nirvana, y para festejar el aniversario una publicación norteamericana decidió contactar al bebé de la tapa del disco, que ya no es más un bebé, para que vuelva a posar. Y lo hizo. El ex-bebé en cuestión se llama Spencer Elden y su padre era amigo del fotógrafo que disparó la instantánea. La familia cobró 200 dólares. El disco vendió 30 millones de copias. Pero en esta nueva foto falta lo más importante: la desnudez y el billete de un dólar en un anzuelo.
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